EEUU prepara su retirada y pasa la factura militar a Europa
Estados Unidos ha iniciado una revisión formal de su presencia militar en Europa con un objetivo declarado: trasladar a los aliados la responsabilidad principal de la defensa convencional del continente.
El proceso fue anunciado el 28 de julio de 2026 por Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política, y podría afectar a unidades, aeronaves, buques y capacidades asignadas a la OTAN. Washington no ha concretado todavía cuántos efectivos retirará ni qué bases resultarán afectadas.
Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: Europa deberá gastar más, fabricar más armamento y depender menos del poder militar estadounidense.
Una revisión de alcance real
El Pentágono insiste en que no se trata de un ejercicio administrativo. La revisión pretende alinear el despliegue europeo con la Estrategia de Defensa Nacional de 2026, que sitúa la protección del territorio estadounidense y la disuasión de China por delante de otros escenarios.
«Europa debe asumir la responsabilidad principal de su defensa convencional», señaló Colby al presentar el proceso.
Por ahora, no existe una orden pública de retirada masiva. Lo que sí ha comenzado es una reducción de determinados medios estadounidenses asignados habitualmente al modelo de fuerzas de la OTAN, especialmente aeronaves tripuladas, drones y unidades navales.
Menos tropas no significa abandono
El cambio no supone necesariamente que Estados Unidos abandone Europa o renuncie al artículo 5. Washington seguiría proporcionando capacidades críticas, aunque de manera más limitada: inteligencia, disuasión nuclear, logística, comunicaciones por satélite y apoyo industrial.
La diferencia es sustancial. Durante décadas, los ejércitos europeos se diseñaron bajo la presunción de que Estados Unidos aportaría el mando, el transporte estratégico y buena parte de la potencia aérea. Ahora deberán prepararse para operar con menos respaldo directo.
La retirada puede ser gradual, pero la transferencia de responsabilidad ya ha comenzado. La propia declaración de la cumbre de Ankara reconoce que los aliados europeos y Canadá están asumiendo una parte creciente de la defensa colectiva.
La factura alcanza 454.000 millones
Los Veintisiete destinaron 418.000 millones de euros a defensa en 2025, un 20% más que el año anterior. La Agencia Europea de Defensa calcula que el gasto alcanzará los 454.000 millones en 2026, equivalentes al 2,4% del PIB comunitario.
La cifra parece elevada, pero todavía queda lejos del compromiso de la OTAN: invertir hasta un 5% del PIB en 2035, dividido entre un 3,5% para capacidades militares básicas y otro 1,5% para seguridad, infraestructuras y resiliencia.
En 2025, 23 Estados miembros ya superaron el anterior umbral del 2%. El problema deja de ser cuánto se anuncia y pasa a ser qué capacidades se compran.
El coste para los presupuestos
El aumento del gasto obligará a los gobiernos a elegir entre más deuda, nuevos impuestos o ajustes en otras partidas. Defensa competirá directamente con pensiones, sanidad, transición energética e infraestructuras.
Bruselas ha habilitado hasta 150.000 millones de euros en préstamos mediante el instrumento SAFE para financiar compras conjuntas. Sin embargo, esos fondos no eliminan el coste: trasladan parte del esfuerzo hacia el endeudamiento futuro. Los países con menor margen fiscal tendrán más dificultades para acercarse al 5%, mientras Alemania, Francia, Polonia o los países nórdicos podrán acelerar sus programas con mayor rapidez.
Una industria todavía fragmentada
Europa no solo gasta menos que Estados Unidos; también compra de manera dispersa. La coexistencia de numerosos modelos de carros, fragatas, aviones y sistemas antiaéreos encarece el mantenimiento y reduce la capacidad de producción en serie.
La cumbre de Ankara anunció más de 50.000 millones de euros en nuevas adquisiciones, además de inversiones en defensa aérea, ataques de precisión, drones e inteligencia. Aun así, fabricar munición, radares o misiles exige años, contratos estables y cadenas de suministro protegidas.
El dinero puede aprobarse en un presupuesto; una capacidad militar creíble no se improvisa.
El giro hacia el Pacífico
La estrategia estadounidense responde también a una limitación material. Washington necesita fuerzas navales, misiles, defensa aérea y medios de vigilancia para contener a China en el Indo-Pacífico, mientras mantiene compromisos en Europa, Oriente Medio y la península de Corea.
Reducir recursos en el continente permite concentrarlos frente al adversario considerado prioritario. Para Europa, sin embargo, el calendario resulta incómodo: Rusia continúa siendo definida por la OTAN como una amenaza duradera y la guerra de Ucrania absorbe enormes cantidades de munición y financiación.
Los aliados prometieron 70.000 millones de euros en apoyo militar a Kiev durante 2026 y una cantidad equivalente para 2027.
La OTAN cambia de naturaleza
La revisión estadounidense no destruye la Alianza, pero modifica el reparto de poder dentro de ella. Europa deberá aportar más fuerzas, asumir mandos operativos y garantizar que puede sostener una guerra convencional sin esperar una intervención inmediata de Washington.
El contraste con el pasado resulta demoledor. Durante más de siete décadas, la seguridad europea descansó sobre una presencia estadounidense permanente. Ahora, esa garantía seguirá existiendo, pero será más selectiva, condicionada y costosa.
La madurez defensiva que reclama el Pentágono no se medirá en comunicados. Se medirá en brigadas disponibles, fábricas activas, munición almacenada y presupuestos capaces de mantenerse durante una década.