El Mundial podría estar más cerca de Wall Street que de los aficionados

Gianni Infantino impulsa un plan sin precedentes para abrir la FIFA y el Mundial a inversores privados, creando un fondo millonario con la ayuda de JPMorgan. Esta estrategia podría redefinir el fútbol global y plantea interrogantes sobre el equilibrio entre deporte y negocio.
Gianni Infantino ofreciendo una conferencia de prensa, con el logotipo de la FIFA y la Copa del Mundo visibles al fondo.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
El Mundial podría estar más cerca de Wall Street que de los aficionados

La FIFA quiere convertir el Mundial en una compañía valorada en 20.000 millones de dólares y abrir parte de su capital a inversores privados.
El proyecto permitiría captar alrededor de 4.000 millones sin renunciar, formalmente, al control deportivo del torneo.
JPMorgan trabaja en la búsqueda de posibles socios y un vehículo vinculado a la familia Kushner aparece entre los candidatos.
Donald Trump, sin embargo, no figura como comprador confirmado: su papel es político e institucional.
La operación promete más recursos para el fútbol, pero también introduce una pregunta incómoda: quién controlará el espectáculo cuando los accionistas exijan rentabilidad.

No es un fondo de inversión

El proyecto impulsado por Gianni Infantino no consiste exactamente en crear un fondo valorado en 20.000 millones. La fórmula estudiada pasa por constituir una nueva sociedad comercial, denominada FIFA Forward Enterprise, que gestionaría activos vinculados al Mundial, el Mundial de Clubes y otras grandes competiciones.

La FIFA mantendría la mayoría del capital y asegura que conservaría en exclusiva las decisiones sobre reglamentos, formatos, sedes y gobernanza deportiva. Los inversores entrarían, por tanto, en el negocio comercial, no formalmente en el arbitraje institucional. Sin embargo, separar ambas esferas puede resultar más difícil cuando los ingresos dependen del calendario, el número de partidos o las ciudades elegidas.

Una venta cercana a 4.000 millones

La organización estudia colocar hasta un 20% de la nueva compañía. Aplicado a la valoración propuesta, el paquete alcanzaría unos 4.000 millones de dólares, aunque algunas estimaciones elevan la captación potencial hasta los 4.200 millones.

JPMorgan estaría asesorando a la FIFA para estructurar la operación y atraer capital institucional. Entre los posibles participantes aparece Thrive Eternal, estrategia vinculada a Thrive Capital, la firma fundada por Joshua Kushner. El nombre relevante es, por tanto, el del hermano de Jared Kushner, yerno de Trump, no el del presidente estadounidense como inversor directo.

Trump no compra el Mundial

La cercanía entre Infantino y Donald Trump alimenta las sospechas, pero conviene diferenciar los hechos. No existe confirmación de que Trump vaya a adquirir acciones, aportar capital o participar personalmente en la sociedad.

Su relación con la FIFA deriva del Mundial de 2026. El presidente estadounidense dirige el grupo de trabajo de la Casa Blanca encargado de coordinar seguridad, transporte, turismo y cooperación federal durante el campeonato. Infantino ha cultivado públicamente esa alianza y ha elogiado reiteradamente el apoyo de Washington. Esa proximidad política explica que el apellido Trump rodee la operación, aunque el posible vínculo financiero conocido conduzca a Joshua Kushner.

La UEFA declara la guerra

La respuesta europea ha sido inmediata. La UEFA sostiene que el Mundial no pertenece a los dirigentes que administran temporalmente la FIFA y considera que vender participaciones sobre sus competiciones «cruza una línea» que los organismos deportivos no deberían franquear.

«La gobernanza y el alma del fútbol no son activos con los que se pueda comerciar», advirtió la organización europea.

La crítica apunta especialmente a la falta de transparencia sobre la identidad de los inversores, sus derechos económicos y las remuneraciones que podrían recibir los promotores. La rebelión anticipa una batalla jurídica y política entre la FIFA, las federaciones nacionales y el principal bloque continental.

Un negocio de ingresos récord

Infantino defiende que el capital privado permitiría acelerar inversiones, aumentar las ayudas a las federaciones y explotar oportunidades comerciales todavía desaprovechadas. La FIFA prevé superar los 15.000 millones de dólares de ingresos durante el ciclo 2023-2026, impulsada por la expansión del Mundial a 48 selecciones y el crecimiento de patrocinios, entradas y derechos audiovisuales.

El contraste resulta revelador. Una organización capaz de generar ingresos históricos no busca financiación para sobrevivir, sino para monetizar hoy una parte de sus beneficios futuros. Los inversores adelantarían miles de millones y esperarían recuperarlos mediante dividendos, nuevas competiciones y una explotación comercial más intensa.

El precio de la rentabilidad

La entrada de capital privado puede profesionalizar la gestión y proporcionar liquidez inmediata. También introduce una presión desconocida: cada decisión deberá justificar su retorno financiero.

Más partidos, entradas dinámicas, derechos fragmentados, nuevas sedes y torneos más frecuentes pueden elevar los ingresos, pero también sobrecargar el calendario y encarecer el acceso de los aficionados. Aunque las participaciones no concedan control deportivo, ningún accionista aporta 4.000 millones para comportarse como un patrocinador pasivo.

El verdadero debate no consiste en decidir si el fútbol debe generar dinero; ya lo hace. La cuestión es si el Mundial puede tratarse como un activo financiero sin alterar su naturaleza. Infantino promete conservar el mando. La UEFA teme que, una vez abierto el capital, la rentabilidad termine escribiendo las reglas.

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