Adrián Zelaia alerta: el fin de la guerra en Ucrania pone en jaque a la OTAN ¿Qué pasará?

Adrián Zelaia analiza en Negocios TV el impacto geopolítico del fin de la guerra en Ucrania y cómo esto podría significar la transformación o incluso el fin de la OTAN. Relación EEUU-OTAN, tensiones con Irán, y el papel de China y Rusia en el nuevo tablero mundial.
Adrián Zelaia en entrevista exclusiva con Negocios TV, discutiendo las recientes tensiones geopolíticas en la cumbre de la OTAN.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Adrián Zelaia alerta: el fin de la guerra en Ucrania pone en jaque a la OTAN ¿Qué pasará?

La OTAN ha salido de su cumbre de Ankara con una declaración de unidad, pero también con dudas existenciales que ningún comunicado puede ocultar. Adrián Zelaia, presidente de EKAI Group, sostiene que el final de la guerra de Ucrania podría convertirse en «el clavo en el ataúd» de una Alianza cuya cohesión depende cada vez más de la amenaza rusa.

La organización conserva 32 miembros, ha ratificado el artículo 5 y pretende elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB en 2035. Sin embargo, las amenazas de Donald Trump contra sus propios aliados muestran una realidad incómoda: la OTAN sigue creciendo militarmente mientras se debilita políticamente.

 

La reunión de Ankara debía mostrar que Europa y Estados Unidos permanecen alineados. Terminó, en cambio, marcada por el comportamiento imprevisible de Trump, que alternó reproches, amenazas y elogios a sus socios.

El presidente estadounidense llegó molesto por la falta de apoyo europeo a su campaña contra Irán. Exigió «lealtad», cuestionó el compromiso de varias capitales y volvió a presentar la protección estadounidense como un servicio condicionado al comportamiento político de cada Gobierno.

La puesta en escena consiguió evitar una ruptura formal. Los líderes reafirmaron la defensa colectiva y recordaron que los aliados europeos y Canadá han incrementado sus inversiones militares en más de 139.000 millones de dólares desde la cumbre de 2025. Pero el diagnóstico de Zelaia va más allá del dinero: una alianza basada en amenazas internas pierde credibilidad frente a sus adversarios.

Trump convierte a España en objetivo

España recibió uno de los ataques más severos. Trump la calificó de «socio terrible» y amenazó con interrumpir las relaciones comerciales por sus discrepancias sobre defensa e Irán.

La advertencia tiene límites jurídicos evidentes: la política comercial corresponde a la Unión Europea y Washington no puede aislar fácilmente a un Estado miembro sin afectar al conjunto del mercado comunitario. No obstante, el mensaje político resulta contundente.

La presión introduce una lógica transaccional en la seguridad atlántica. Los países dejan de ser aliados permanentes para convertirse en clientes cuya protección depende del gasto, la obediencia diplomática o el respaldo a operaciones estadounidenses. España no es solo el destinatario de una represalia; es el aviso dirigido al resto de Europa.

Irán desordena la agenda atlántica

La ruptura de la tregua con Irán desplazó parcialmente a Ucrania del centro de la cumbre. Estados Unidos volvió a bombardear posiciones iraníes después de varios ataques contra embarcaciones, mientras Teherán respondió contra instalaciones norteamericanas en el Golfo.

Europa evitó implicarse directamente. Esta distancia explica parte de la irritación de Trump, pero también revela que la OTAN carece de una posición compartida sobre Oriente Próximo.

Zelaia interpreta esta fractura como un síntoma del nuevo equilibrio mundial. Rusia y China no necesitan intervenir abiertamente para beneficiarse del desgaste occidental. Les basta con observar cómo Washington reparte recursos entre Europa, Oriente Próximo y el Indo-Pacífico. Cada nuevo frente reduce la capacidad estadounidense para garantizar simultáneamente todos sus compromisos.

Ucrania pierde centralidad

La cumbre aprobó nuevos compromisos con Kiev, incluido un paquete de ayuda y equipamiento valorado en torno a 70.000 millones de euros. Pese a ello, el conflicto ucraniano ya no ordena por sí solo la estrategia occidental.

La situación de Kostiantynivka refleja además la batalla informativa. Fuentes rusas anunciaron la captura de esta ciudad estratégica, mientras Volodímir Zelenski y el Estado Mayor ucraniano negaron que Moscú hubiera tomado el control completo. Presentar su caída como un hecho indiscutible sería prematuro.

Lo relevante es que Rusia mantiene la presión sobre el Donbás y utiliza cada avance para reforzar la percepción de que el tiempo juega a su favor. Si la guerra termina en condiciones favorables al Kremlin, Zelaia considera que desaparecerá el principal argumento utilizado para cohesionar y rearmar a la Alianza.

El factor nuclear reaparece

La escalada tampoco supone que Rusia haya empleado armas nucleares. Lo que existe es una intensificación de la señalización estratégica: ejercicios, advertencias y movimientos destinados a recordar que una confrontación directa con la OTAN podría superar rápidamente el nivel convencional.

Los países bálticos representan el punto más sensible. Su proximidad a Rusia, su pertenencia a la Alianza y la presencia de fuerzas multinacionales convierten cualquier incidente en una prueba inmediata del artículo 5.

El contraste resulta inquietante. La OTAN invierte más, moderniza arsenales y eleva sus objetivos presupuestarios, pero debe gestionar simultáneamente la incertidumbre sobre la disposición real de Washington a asumir riesgos extremos por cada aliado.

La tesis de Zelaia no implica que la OTAN vaya a desaparecer automáticamente. La Alianza ha superado crisis internas, la caída de la Unión Soviética y profundas disputas entre Estados Unidos y Europa. Además, Ankara concluyó con una reafirmación explícita de la defensa colectiva.

Sin embargo, su transformación parece inevitable. Europa tendrá que asumir más costes, desarrollar capacidades propias y prepararse para una presencia estadounidense menos previsible. El final de la guerra de Ucrania no disolvería necesariamente la organización, pero sí podría eliminar el pegamento político que ha justificado su expansión reciente.

La OTAN no está muerta. Lo que está desapareciendo es la certeza de que Estados Unidos seguirá dirigiéndola y protegiéndola en las mismas condiciones.

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