Paco Arnau advierte: EEUU empieza a sentir el desgaste de su arsenal militar

Análisis del rearme secreto de Irán con respaldo de Rusia y China que pone en evidencia el posible agotamiento del arsenal estadounidense. Explora las tensiones en Oriente Medio y Ucrania, y el impacto en la política de Donald Trump.
Miniatura del vídeo '¿Se queda EEUU sin misiles?' presentado en Negocios TV con análisis geopolítico de Paco Arnau.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Paco Arnau advierte: EEUU empieza a sentir el desgaste de su arsenal militar

Estados Unidos no se ha quedado sin misiles, pero su margen de seguridad se ha estrechado.
La guerra de Ucrania, la defensa de aliados en Oriente Medio y las operaciones contra Irán han obligado a Washington a utilizar interceptores concebidos para escenarios excepcionales.
El Ejército responde con contratos de hasta 58.620 millones de dólares para ampliar la producción de Patriot.
Al mismo tiempo, Teherán intenta reconstruir sus redes de adquisición mediante intermediarios extranjeros, imágenes satelitales y componentes para drones y misiles.
La supremacía estadounidense continúa, pero sostenerla resulta cada vez más caro, lento y exigente.

Un arsenal sometido a varios frentes

La tesis de un agotamiento total resulta excesiva. Sin embargo, existen señales claras de presión sobre las reservas occidentales. La OTAN ha reconocido la necesidad de reponer inventarios mientras mantiene el suministro a Ucrania, especialmente de munición antiaérea estadounidense financiada por los aliados.

Desde febrero de 2022, el Congreso estadounidense había aprobado 195.030 millones de dólares para la respuesta vinculada a Ucrania. Solo entre enero y marzo de 2026 se entregaron más de 1.200 sistemas principales y 1.869 toneladas cortas de munición.

El problema no es únicamente presupuestario. Un misil puede gastarse en segundos, pero su fabricación exige meses de componentes, pruebas y personal especializado.

El Patriot revela la tensión industrial

Washington ha reaccionado proporcionando una señal de demanda extraordinaria a la industria. En julio, el Ejército elevó hasta 58.620 millones de dólares el techo de un acuerdo plurianual para interceptores PAC-3 MSE entre 2026 y 2032. La modificación no implicó un desembolso inmediato, pero busca asegurar proveedores, materias primas y capacidad de producción durante siete años.

La medida se suma al contrato de 9.800 millones firmado en 2025 para fabricar 1.970 interceptores y a otra actuación de 4.700 millones destinada a acelerar las entregas.

Este hecho revela el verdadero cuello de botella: Estados Unidos conserva dinero y tecnología, pero necesita tiempo para transformar ambos recursos en misiles disponibles.

Irán reconstruye sus redes

Paco Arnau señala un rearme iraní apoyado desde el exterior. La documentación pública permite confirmar una parte de esa advertencia. Estados Unidos sancionó en mayo a empresas chinas acusadas de proporcionar imágenes satelitales para facilitar ataques iraníes contra instalaciones militares estadounidenses.

En junio, Washington identificó además redes que buscaban conseguir sistemas portátiles de defensa aérea, materias primas y tecnología aplicable a drones y misiles balísticos. Posteriores sanciones incluyeron intermediarios y operadores establecidos en Rusia, China, Bielorrusia y otros países.

No obstante, las pruebas publicadas señalan principalmente a compañías, facilitadores y ciudadanos concretos. No acreditan por sí solas una dirección conjunta y formal de los gobiernos ruso y chino.

Los satélites cambian la guerra

Las imágenes comerciales de alta resolución han reducido la distancia entre una potencia militar y un actor regional. Localizar movimientos de buques, bases, radares o defensas ya no exige necesariamente una constelación estatal propia.

Esa información puede combinarse con drones, misiles y redes de inteligencia para mejorar la selección de objetivos. El coste es muy inferior al de construir todo el sistema desde cero.

La ventaja ya no depende exclusivamente de quién fabrica el arma, sino de quién proporciona los datos necesarios para dirigirla.

Para Washington, el desafío consiste en vigilar una cadena dispersa entre empresas geoespaciales, transportistas, proveedores electrónicos y sociedades financieras.

Ormuz concentra el riesgo económico

La capacidad iraní para amenazar el estrecho de Ormuz sigue siendo decisiva. Por esa ruta circularon aproximadamente 20,9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados durante la primera mitad de 2025, más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de crudo.

Bab el-Mandeb canalizó otros 4,2 millones de barriles diarios. Aunque su tráfico se ha reducido por la inseguridad regional, continúa siendo esencial para conectar el golfo Pérsico con Europa.

Un bloqueo prolongado dispararía los seguros marítimos, obligaría a rodear África y elevaría los costes de energía y transporte. Irán no necesita derrotar militarmente a Estados Unidos para causar un daño económico global.

Ucrania compite por los mismos recursos

La presión en Oriente Medio afecta directamente a Kiev. Ucrania necesita interceptores Patriot frente a los ataques rusos, pero comparte proveedores y líneas de producción con Estados Unidos, Europa y los aliados del Golfo.

La propia supervisión estadounidense reconoce que el suministro ucraniano de munición antiaérea sigue siendo incierto ante las prioridades concurrentes de los socios occidentales. Washington puede sostener varios frentes, pero ya no puede hacerlo sin ampliar drásticamente su industria militar. Irán reconstruye redes; Rusia mantiene la presión sobre Ucrania; China aporta capacidad tecnológica indirecta. La nueva batalla no se decide solo en el campo de combate, sino en las fábricas capaces de reponer lo que cada guerra consume.

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