La inteligencia artificial como motor de productividad

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A lo largo de la historia, ciertas tecnologías han transformado industrias y aumentado la productividad en todo el mundo. Las máquinas de vapor revolucionaron el transporte y las manufacturas; la electricidad transformó la industria y los hogares; la combustión interna revolucionó la movilidad; los semiconductores crearon las computadoras; e Internet cambió todos los aspectos de la vida.

Estos avances compartían dos características comunes: en un principio, los beneficios recayeron en los inventores y en los países con la infraestructura necesaria, pero su difusión acabó generando ganancias a nivel mundial, aunque a ritmos diferentes. A menudo se subestimó su impacto final, como se vio en la revolución de la informática, cuyos pronósticos iniciales de productividad resultaron ser demasiado cautelosos. ¿Estamos cometiendo el mismo error con la IA? Si las estimaciones actuales son igualmente conservadoras, las ventajas podrían ser muy importantes para el crecimiento mundial e incluso para la trayectoria de la deuda en las principales economías.

¿La IA generará ganancias de productividad generalizadas o seguirá concentrada en unos pocos países? Vemos tres escenarios posibles:

Tecnología de uso general ampliamente difundida (GPT): la adopción de la IA en todos los sectores y países podría desencadenar una ola de productividad mundial, ayudando a las sociedades envejecidas a compensar la escasez de mano de obra y permitiendo a las economías en desarrollo saltarse etapas de crecimiento.

Beneficio concentrado: las ganancias se acumulan principalmente en Estados Unidos y China, que dominan la investigación, el talento y la financiación en materia de IA. Tratar la IA como un activo estratégico podría ampliar la brecha entre estos líderes y el resto del mundo.

Disrupción estratégica: el primer país en alcanzar la inteligencia general avanzada (AGI) podría tratarla como un recurso geopolítico y compartirla solo con sus aliados.

Lo más probable es que la IA se convierta en una GPT con una implantación desigual. Por ejemplo, podría producirse una adopción temprana en Estados Unidos y China, con beneficios que llegarían más tarde a otros lugares, como Europa; y/o un liderazgo específico por sectores, como Japón a la cabeza en robótica o India en tecnología.

Por qué variará la adopción

Las encuestas muestran marcadas diferencias en la adopción de la IA por parte de las empresas. Las empresas tecnológicas, financieras y minoristas de Estados Unidos y China informan un alto nivel de adopción, mientras que otras regiones se mantienen cautelosas. Los factores culturales y estructurales son importantes:

•    Cultura corporativa: las empresas estadounidenses aceptan el riesgo y la rápida iteración; la aversión al riesgo y las estrictas leyes de privacidad de Europa ralentizan la adopción; Japón da prioridad a la precisión, lo que retrasa la implantación hasta que se demuestre su seguridad.

•    Flexibilidad laboral: los países con mercados laborales adaptables (Estados Unidos, Reino Unido) se automatizan más rápidamente. Las protecciones rígidas (Francia, España) dificultan la automatización, aunque la fuerte escasez (Japón) puede prevalecer sobre el conservadurismo.

•    Infraestructura digital: la IA prospera donde la transformación digital está avanzada, actualmente en Estados Unidos y algunas partes de Asia.

Estrategia gubernamental: China impulsa la adopción a través de iniciativas de arriba abajo, como la Directiva AI+, incluyendo sectores tradicionales. Europa se centra en la regulación y la privacidad, lo que ralentiza la implementación. EE. UU. toma un camino intermedio, fomentando la innovación con una supervisión ligera.

Impacto en el empleo

Entonces, ¿reemplazará la IA a los trabajadores o los complementará? Históricamente, la tecnología ha creado nuevos puestos de trabajo al mismo tiempo que ha desplazado a los antiguos. Los cajeros automáticos (ATM) redujeron las tareas de los cajeros, pero llevaron a los bancos a abrir más sucursales con equipos más pequeños y productivos. La IA podría seguir el mismo camino, creando puestos de trabajo en el entrenamiento de modelos, el mantenimiento y los nuevos productos, al tiempo que aumenta la eficiencia en campos como la medicina y el derecho.

Sin embargo, los primeros indicios sugieren que estamos asistiendo a cierto desplazamiento. El empleo en puestos relacionados con las tecnologías de la información (IT) en Estados Unidos está divergiendo por debajo de la tendencia, aunque pocos despidos citan explícitamente a la IA. En general, es más probable que la IA sustituya a los puestos con menos experiencia, al tiempo que potencia los de mayor antigüedad.

El factor decisivo para el empleo es si la tecnología y la inversión avanzan juntas.

Si los avances tecnológicos superan el nivel de inversión, los mercados laborales se enfrentan a perturbaciones: la productividad aumenta en los sectores tecnológicos, pero el desempleo también. Esto desplaza las ganancias del trabajo al capital. La demanda de los consumidores y los ingresos fiscales se resienten, lo que supone una carga para los servicios públicos. Por el contrario, si la inversión va por delante, las economías pueden absorber la innovación. Se crean nuevas aplicaciones y se mantiene el empleo, lo que devuelve las ganancias al trabajo.

El escenario ideal es aquel en el que la tecnología y la inversión avanzan juntas. Con más de 2 billones de dólares estadounidenses destinados al desarrollo de la IA, este resultado parece plausible.

Ciclos de inversión y paralelismos históricos.

La economista Carlota Pérez sostiene que toda revolución tecnológica tiene dos fases:

1.Instalación: construcción de infraestructuras (vías férreas para los trenes, servidores para Internet).

2.Despliegue: aplicación de la tecnología (los trenes permiten la expansión hacia el oeste; los teléfonos inteligentes impulsan las redes sociales y el uso compartido del automóvil).

Los puntos de inflexión suelen estar marcados por una crisis financiera seguida de una recuperación, ya que las «expansiones» tienden a sobrepasar las necesidades de infraestructura, mientras que las «recesiones» proporcionan un reinicio para un despliegue productivo.

La IA puede ser diferente. Dado que se basa en el aprovechamiento del conocimiento humano existente, podría generar ganancias de productividad incluso durante la fase de instalación.

La trayectoria de la IA determinará el crecimiento mundial, los mercados laborales y la equidad económica. Que se convierta en una GPT ampliamente difundida o en una ventaja concentrada depende de la velocidad de adopción, los factores culturales y las decisiones estratégicas. Para las empresas y los responsables políticos, el reto es claro: invertir con prudencia, adoptar la innovación y prepararse para la disrupción, porque la era de la IA no solo está llegando, sino que ya está aquí.

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