Accidente aéreo con Ajit Pawar, viceministro de India: cinco muertos

El vicejefe de Gobierno de Maharashtra fallece junto a otros cuatro ocupantes al estrellarse un jet privado en Baramati, su bastión electoral
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El mapa político de la India se ha sacudido este miércoles con una noticia inesperada y trágica. Ajit Pawar, vice primer ministro del estado de Maharashtra y una de las figuras más influyentes del país, ha muerto a los 66 años en un accidente de avión en el oeste del país. El aparato, un Learjet 45 privado que cubría la ruta entre Bombay y Baramati, su ciudad natal, se estrelló en un campo abierto a escasos metros de la pista y quedó envuelto en llamas. A bordo viajaban cinco personas: Pawar, dos miembros de su equipo y dos tripulantes. No hubo supervivientes.
Más allá del impacto humano, el siniestro abre interrogantes sobre la seguridad en los aeródromos no controlados de la India y deja un vacío político de primer orden en el estado clave de Maharashtra, pieza central del entramado de poder de la coalición que respalda al primer ministro Narendra Modi.

El vuelo que nunca llegó a Baramati

El aparato despegó de Bombay, capital financiera de la India, con destino al pequeño aeródromo de Baramati, a unos 254 kilómetros al sureste. Se trataba de un Learjet 45, un reactor ejecutivo de tamaño medio muy utilizado para vuelos corporativos y de autoridades. Según la información preliminar de las autoridades de aviación civil, el vuelo se desarrolló con normalidad hasta la aproximación final.

Poco antes de intentar el aterrizaje, la tripulación contactó con un instructor local para recabar datos sobre viento y visibilidad. El informe oficial subraya que los vientos eran prácticamente en calma y la visibilidad rondaba los 3.000 metros, dentro de los márgenes habituales de operación. Sin embargo, los pilotos reportaron que no conseguían tener a la vista la pista.

Segundos después, el jet se precipitó sobre un campo cercano al aeródromo, impactó contra el suelo y se incendió de inmediato. Las imágenes difundidas por las televisiones locales muestran una columna de humo negro elevándose desde los restos del fuselaje, reducidos a un amasijo de metal. Los servicios de emergencia solo pudieron certificar la muerte de los cinco ocupantes.

La Aircraft Accident Investigation Bureau, el organismo nacional encargado de analizar los siniestros aéreos, ha abierto una investigación para determinar las causas. Por ahora, la hipótesis de una pérdida de referencias visuales en la fase final de aproximación, posiblemente agravada por bancos de niebla o contaminación, es una de las que se encuentra sobre la mesa.

Un aeródromo sin torre y un viejo debate de seguridad

Uno de los elementos que más llama la atención del siniestro es la naturaleza del aeródromo de destino. Baramati es un campo no controlado, sin torre de control ni servicio permanente de tráfico aéreo. La gestión del tráfico recae en instructores de escuelas de vuelo cercanas, que facilitan por radio información básica sobre otros tráficos, viento y visibilidad.

En la práctica, esto significa que la separación entre aeronaves y la toma de decisiones en aproximación y aterrizaje depende en mayor medida del criterio de los pilotos. Para operaciones de aviación general o vuelos de entrenamiento, este modelo es habitual; sin embargo, cuando se trata de vuelos oficiales de alto nivel y de jets ejecutivos de altas prestaciones, el debate sobre si estos aeródromos ofrecen garantías suficientes vuelve a primer plano.

El hecho de que la tripulación consultara información a un instructor —y no a un controlador aéreo— ilustra la particularidad de este tipo de instalaciones. La pregunta que ahora planea sobre el Ministerio de Aviación Civil es hasta qué punto el marco regulatorio se ha quedado corto a la hora de adaptar los estándares de seguridad a un país donde el tráfico de jets privados y vuelos VIP se ha multiplicado en la última década.

Ajit Pawar, el barón del azúcar que apuntaló a Modi

Más allá del accidente, la muerte de Ajit Pawar tiene una dimensión política de enorme calado. Con 66 años, el dirigente era vicejefe de Gobierno de Maharashtra, el segundo cargo ejecutivo del estado tras el ministro principal y una de las figuras clave en la coalición que respalda a Narendra Modi en esta región estratégica.

Pawar había construido su poder a lo largo de décadas en el llamado “cinturón azucarero” de Maharashtra, un área dominada por cooperativas agrícolas y fábricas de azúcar donde el control de las redes locales decide elecciones. Su capacidad para movilizar voto rural, tejer alianzas de conveniencia y distribuir recursos le había convertido en un auténtico barón regional, escuchado tanto en Bombay como en Nueva Delhi.

En los últimos años, su salto al gobierno estatal como número dos consolidó la relación con el partido de Modi, al que proporcionaba apoyo parlamentario y músculo territorial. La visita que le llevaba a Baramati en el momento del accidente tenía precisamente un objetivo electoral: participar en un mitin de campaña en su feudo político.

Su muerte deja descabezada una estructura de poder tejida durante décadas y abre la pugna por su herencia política dentro de su formación y de la propia coalición estatal.

Un golpe político para Maharashtra y la coalición de Modi

La desaparición de Pawar no solo deja un vacío personal, sino que altera el equilibrio interno de la política de Maharashtra, uno de los estados más poblados y económicamente relevantes de la India. Con una población superior a los 120 millones de habitantes y un peso determinante en el PIB nacional, el territorio es clave en cualquier estrategia de poder federal.

Para la coalición que gobierna el estado —alineada con el partido de Modi—, la pérdida de su vice chief minister supone un doble problema. Por un lado, obliga a recomponer el liderazgo en el gobierno regional, redistribuyendo carteras y cuotas de poder entre socios que hasta hoy se mantenían cohesionados, en parte, por la figura de Pawar. Por otro, introduce incertidumbre en el control del voto rural en el cinturón azucarero, donde su apellido arrastraba apoyo prácticamente automático.

En términos de narrativa, la tragedia puede generar un efecto de cierre de filas en el corto plazo, pero a medio plazo abre interrogantes sobre quién ocupará el espacio que deja una figura con tanta capacidad de mediación. No es un detalle menor de cara a las elecciones estatales y federales previstas para los próximos años.

Un Learjet 45 bajo la lupa de los investigadores

En el plano técnico, el accidente vuelve a situar en el foco al Learjet 45, un modelo de reactor corporativo con capacidad para ocho pasajeros que acumula miles de horas de vuelo en el mercado global. Aunque su historial de seguridad es razonable, su elevada velocidad de aproximación y su exigencia en maniobras de aterrizaje hacen que requiera tripulaciones muy entrenadas, especialmente en pistas secundarias o no controladas.

Los investigadores deberán determinar si hubo fallos mecánicos, errores humanos o una combinación de ambos. El hecho de que se tratara de un vuelo de alto perfil implica que tanto la Dirección General de Aviación Civil como el Aircraft Accident Investigation Bureau trabajarán con un escrutinio público máximo.

También se analizará con lupa la gestión de la aproximación a un aeródromo sin torre, la calidad de la información meteorológica y la existencia —o no— de ayudas a la navegación precisas en Baramati. Una conclusión de “error de piloto” sin una revisión de los procedimientos en este tipo de campos correría el riesgo de dejar sin abordar las causas sistémicas que pueden estar detrás de accidentes de este tipo.

Reacción nacional: conmoción, luto y preocupación por la seguridad

La noticia del siniestro generó una rápida ola de reacciones. En Bombay, las oficinas del partido de Pawar se llenaron de simpatizantes que encendían velas y colocaban flores frente a su fotografía. Los canales de televisión interrumpieron su programación para emitir imágenes del lugar del accidente y repasar la trayectoria del dirigente.

Desde Nueva Delhi, el primer ministro Narendra Modi expresó sus condolencias y definió a Pawar como “un servidor público comprometido”, destacando su “pasión por mejorar la vida de los más pobres y desfavorecidos”. El mensaje, difundido en la red social X, subrayaba que su fallecimiento era “impactante y profundamente triste” para el país.

Sin embargo, junto al luto crece también la preocupación por la seguridad de la aviación ejecutiva en la India. El accidente llega en un momento en el que el número de vuelos privados y corporativos se ha disparado, impulsado por el auge económico y la creciente movilidad de la élite política y empresarial. Cada nuevo siniestro reabre el debate sobre si la regulación, las infraestructuras y los estándares de formación han evolucionado al mismo ritmo que el tráfico.

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