Banco Mundial: la reconstrucción de Venezuela podría superar los 39.000 millones de dólares
La tragedia sísmica golpea a una Venezuela con un 76% de pobreza.
Los dos terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio han causado daños directos por 19.600 millones de dólares, según la primera evaluación del Banco Mundial. La cifra equivale aproximadamente al 18% del producto interior bruto del país y refleja únicamente la destrucción física de edificios, carreteras, hospitales y otras infraestructuras.
El balance humano resulta todavía más devastador: 5.398 muertos, más de 16.700 heridos y miles de personas cuyo paradero continúa sin esclarecerse. La tragedia golpea, además, a una economía debilitada por años de contracción, deterioro institucional y una tasa de pobreza superior al 76%.
Una factura que podría duplicarse
La estimación de 19.600 millones de dólares elaborada por el Banco Mundial no representa el coste final de la catástrofe. El cálculo se limita a los daños físicos directos, sin incorporar la pérdida de actividad empresarial, los empleos destruidos, la interrupción de los servicios públicos o el coste social del desplazamiento.
El coste real de la reconstrucción podría ser muy superior. Si la factura final duplicara la valoración inicial, Venezuela tendría que movilizar más de 39.000 millones de dólares, una cantidad capaz de condicionar durante años cualquier programa de estabilización económica.
Dos seísmos en apenas minutos
Los terremotos golpearon distintas zonas del país con escasos minutos de diferencia. La violencia de los movimientos sísmicos provocó el derrumbe de edificios, graves daños en las redes de transporte y la interrupción de servicios esenciales.
Desde entonces, las autoridades han registrado numerosas réplicas, mientras miles de ciudadanos permanecen alojados en refugios improvisados y campamentos temporales. La falta de viviendas seguras y el deterioro de hospitales y carreteras complican la respuesta de emergencia.
El coste humano sigue creciendo
El último balance disponible eleva el número de fallecidos a 5.398 y sitúa los heridos por encima de 16.700. Las tareas de búsqueda, retirada de escombros y recuperación de cadáveres continúan en las áreas más afectadas.
El Gobierno todavía no ha publicado una cifra definitiva de desaparecidos. Esta ausencia de datos impide dimensionar por completo una tragedia que podría agravarse a medida que los equipos de rescate accedan a edificios y localidades hasta ahora incomunicadas.
Un país sin margen fiscal
La consecuencia económica es clara. Venezuela debe afrontar la mayor operación de reconstrucción de su historia reciente sin disponer de un sistema financiero plenamente operativo ni de suficiente margen presupuestario.
Antes del desastre, más de tres cuartas partes de la población ya vivían bajo el umbral de pobreza. La destrucción de viviendas, centros sanitarios y redes de transporte amenaza ahora con profundizar la precariedad, elevar los precios y reducir todavía más la capacidad productiva de las regiones afectadas.
La reconstrucción no será solo una cuestión de cemento y maquinaria. También exigirá recuperar empleos, suministros básicos, colegios, hospitales y la confianza de una población castigada por años de crisis.
Dos estimaciones difíciles de conciliar
La valoración del Banco Mundial contrasta con un informe anterior de Naciones Unidas, que elevó los daños hasta 37.000 millones de dólares. La diferencia no implica necesariamente que una de las estimaciones sea errónea, ya que ambos organismos pueden emplear metodologías, precios de reposición y perímetros geográficos distintos.
Sin embargo, el contraste resulta significativo. Incluso tomando como referencia el cálculo más conservador, el impacto equivale a casi una quinta parte de la economía venezolana. Con la estimación de Naciones Unidas, la destrucción alcanzaría una proporción todavía mayor.
La reconstrucción marcará la próxima década
El diagnóstico es inequívoco: Venezuela necesitará asistencia exterior, transparencia institucional y una planificación rigurosa para evitar que la emergencia derive en una crisis humanitaria prolongada.
La vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Susana Cordeiro Guerra, señaló que los seísmos han «dañado infraestructuras críticas y creado nuevos desafíos para la recuperación».
La prioridad inmediata seguirá siendo atender a los damnificados. Después llegará una tarea todavía más compleja: reconstruir ciudades enteras sin reproducir las deficiencias estructurales que agravaron el impacto del desastre.