¿Trump quiere llevar a Infantino de la FIFA a la ONU?

La Casa Blanca estaría estudiando respaldar al dirigente suizo como sucesor de António Guterres, según una exclusiva de The New York Post, una operación que rompería la apuesta latinoamericana y obligaría al presidente de la FIFA a renunciar al 93% de sus ingresos.
FIFA.com
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Donald Trump quiere trasladar al presidente de la FIFA desde los grandes estadios hasta el principal despacho de Naciones Unidas.
Según ha adelantado The New York Post y ha destacado José Vizner, el mandatario estadounidense considera a Gianni Infantino un posible candidato para sustituir a António Guterres.
La idea es políticamente explosiva, pero todavía no constituye una candidatura oficial.
Infantino necesitaría sobrevivir al veto de las cinco grandes potencias y convencer a una Asamblea General de 193 países.
Del éxito comercial del Mundial a la diplomacia mundial hay una distancia mucho mayor que once kilómetros.

La candidatura que aún no existe

Trump puede respaldar a Infantino, pero no puede nombrarlo directamente. El procedimiento exige que uno o varios Estados miembros presenten formalmente la candidatura, acompañada de currículum, declaración de objetivos e información sobre su financiación.

La propuesta llega, además, cuando el proceso ya está avanzado. Naciones Unidas celebró diálogos con los aspirantes durante abril y junio y tiene previsto reunirlos de nuevo el 23 de julio. El Consejo de Seguridad comenzará sus deliberaciones decisivas a finales de mes.

Sin embargo, la puerta no está completamente cerrada: la ONU permite presentar nuevos nombres después de la fecha orientativa del 1 de abril. La operación es jurídicamente posible, aunque diplomáticamente tardía.

El veto decide

El futuro secretario general debe obtener el respaldo mayoritario del Consejo de Seguridad, compuesto por 15 miembros, y evitar el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido. Después, la Asamblea General formaliza el nombramiento.

Esta arquitectura convierte cualquier candidatura en una negociación geopolítica. El apoyo de Washington constituye una ventaja considerable, pero también puede transformarse en un lastre si Moscú o Pekín interpretan a Infantino como una prolongación política de la Casa Blanca.

El presidente de la FIFA tendría que presentarse como figura independiente mientras su nombre aparece impulsado por Trump. Ese equilibrio es mucho más complejo que obtener el respaldo de las federaciones de fútbol.

Latinoamérica pierde la pole

La candidatura de Infantino rompería una expectativa cultivada durante años: que el próximo responsable de Naciones Unidas proceda de América Latina o el Caribe. No existe una norma oficial de rotación regional, pero la zona no ocupa el cargo desde el peruano Javier Pérez de Cuéllar, secretario general entre 1982 y 1991.

Tres de los cuatro primeros candidatos declarados procedían de la región: Michelle Bachelet, Rafael Grossi y Rebeca Grynspan. El cuarto era el expresidente senegalés Macky Sall.

Trump alteraría así una competición diplomática ya orientada hacia América Latina. El contraste resulta demoledor: frente a perfiles gubernamentales y multilaterales, Washington colocaría a un gestor procedente del negocio deportivo.

Un recorte salarial del 93%

El obstáculo más tangible no está en Nueva York, sino en la nómina. Infantino recibió alrededor de seis millones de dólares en remuneración durante 2025, incluyendo salario y bonus. El puesto de secretario general de Naciones Unidas ofrece aproximadamente 418.000 dólares anuales.

Aceptar supondría perder cerca del 93% de sus ingresos actuales. Es una diferencia de más de 5,5 millones al año, sin contar las ventajas asociadas al control de una organización que gestiona los principales torneos de fútbol del planeta.

El dinero no sería necesariamente decisivo, pero revela la naturaleza de la elección: Infantino cambiaría una posición extraordinariamente rentable por otra de enorme influencia política, exposición pública y desgaste permanente.

El poder de 211 federaciones

Trump ve en Infantino algo que muchos candidatos diplomáticos no poseen: una red global ya construida. La FIFA agrupa a 211 asociaciones nacionales, 18 más que los Estados miembros de Naciones Unidas.

Durante una década, el dirigente suizo ha aprendido a negociar entre gobiernos enfrentados, federaciones dependientes de financiación y bloques regionales con intereses contrapuestos. La propia FIFA asegura haber invertido 5.000 millones de dólares en programas de desarrollo desde 2016.

Ese capital relacional explica el interés estadounidense. No obstante, administrar el fútbol no equivale a mediar en guerras, coordinar operaciones humanitarias o dirigir una burocracia internacional sometida a las grandes potencias.

La jugada de Trump

La elección permitiría a Trump situar a un aliado próximo al frente de una institución que mantiene una relación difícil con Washington. Infantino, por su parte, aportaría imagen internacional, capacidad de comunicación y una narrativa basada en la supuesta fuerza unificadora del deporte.

Pero la proximidad entre ambos también alimentaría las sospechas. La candidatura podría ser interpretada como un intento de convertir la secretaría general en un instrumento más receptivo a las prioridades estadounidenses.

Lo que la Casa Blanca presenta como liderazgo independiente podría ser leído por sus rivales como una toma de control política. Ese recelo bastaría para activar un veto.

Infantino tiene otro plan

El presidente de la FIFA ya ha anunciado que concurrirá a la reelección en 2027. Lo hizo ante las 211 federaciones y después de diez años al frente de la organización. Su posición interna parece sólida y el éxito económico del Mundial refuerza su continuidad.

Para aceptar una candidatura en Naciones Unidas tendría que abandonar ese proyecto, asumir una reducción salarial histórica y entrar en una batalla cuyo resultado depende de cinco gobiernos.

La maniobra de Trump es audaz. También extraordinariamente improbable. Antes de conquistar la ONU, Infantino tendría que decidir si realmente quiere abandonar el imperio que ya controla.

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