Los ingresos de Barclays suben un 2% hasta 7.100 millones de libras en el cuarto trimestre
Barclays cumplió sus objetivos financieros de 2025, elevó beneficios y aceleró la retribución al accionista, pero el mercado sigue cuestionando la sostenibilidad de su rentabilidad. Con un RoTE del 11,3%, el banco aún no alcanza el umbral exigido para crear valor de forma estructural en un entorno de tipos a la baja y mayor presión competitiva.
Barclays cumple la guía de 2025, pero el mercado sigue dudando de su rentabilidad
El banco británico eleva beneficios y acelera la retribución al accionista, pero su RoTE del 11,3% aún no convence en un ciclo de tipos a la baja
El mercado ha recibido los resultados de Barclays con una lectura clara y matizada a la vez. El banco ha cumplido su hoja de ruta financiera de 2025, ha incrementado beneficios y ha reforzado la remuneración al accionista. Pero no ha disipado la duda central que pesa sobre el valor: si su modelo es capaz de generar una rentabilidad estructuralmente superior a su coste de capital cuando el viento de los tipos deje de soplar a favor.
Barclays cerró 2025 con unos ingresos de 29.100 millones de libras y un beneficio atribuible de 6.200 millones, cifras suficientes para cumplir la guía comprometida con el mercado. El retorno sobre el capital tangible alcanzó el 11,3%, ligeramente por encima de su objetivo interno para el ejercicio, con todas las divisiones aportando rentabilidades de dos dígitos. Sin embargo, el último trimestre introduce una señal menos cómoda: un RoTE del 8,5% que anticipa presión sobre márgenes e ingresos en el arranque de 2026.
La consecuencia es inmediata. Barclays ha comprado tiempo con dividendos y recompras, pero el mercado sigue exigiendo pruebas de que ese retorno puede sostenerse sin el apoyo extraordinario del ciclo monetario.
Beneficios al alza, pero sin prima de calidad
Sobre el papel, las cifras de 2025 son sólidas. El beneficio creció a doble dígito y el banco ha demostrado una capacidad razonable para extraer rentabilidad de un entorno todavía favorable para el margen de intereses y para el negocio de mercados. Sin embargo, el contexto ha cambiado.
El coste de capital de la gran banca europea se mueve ya en el entorno del 12%-13%. En ese marco, un RoTE del 11,3% implica que Barclays apenas cubre lo que el mercado exige a una entidad global de su tamaño y complejidad. Cumple, pero no genera una prima clara frente a sus comparables. El diagnóstico es inequívoco: el banco sigue atrapado entre una banca de inversión volátil y una franquicia minorista que aún no exprime todo su potencial ni en Reino Unido ni en Estados Unidos.
El cuarto trimestre pone límites al optimismo
El detalle del último trimestre refuerza esa lectura prudente. Los ingresos crecieron apenas un 2%, hasta 7.100 millones de libras, mientras que el beneficio antes de impuestos avanzó un 12% y el atribuible un 24%, impulsado por menores provisiones y por el efecto de las recompras sobre el capital.
El mercado interpreta este desajuste con cautela. Por un lado, confirma una mayor disciplina de costes y una ejecución más estricta, coherente con el plan de recortar hasta 2.000 millones de libras en gastos mediante simplificación y automatización. Por otro, evidencia que el crecimiento de ingresos empieza a agotarse justo cuando se aproxima un ciclo de recortes de tipos y cuando el negocio de banca de inversión sigue por detrás de sus grandes rivales estadounidenses.
La mejora del beneficio es real, pero cada vez más dependiente de palancas defensivas.
Dividendos y recompras como ancla bursátil
Donde Barclays sí ha sido contundente es en el mensaje al accionista. En 2025 distribuyó 3.700 millones de libras entre dividendos y recompras, frente a los 3.000 millones del año anterior. El nuevo programa de recompra, por 1.000 millones, eleva el pay-out a cerca del 60% del beneficio atribuible, un nivel agresivo para los estándares europeos.
La dirección insiste en que esta política es sostenible y ha reiterado sus objetivos: RoTE superior al 12% en 2026 y por encima del 14% en 2028, junto con al menos 15.000 millones de libras en retornos de capital en el periodo 2026–2028. El contraste con otros bancos europeos es evidente. Mientras algunos optan por crecer vía adquisiciones y asumir riesgo de integración, Barclays apuesta por un balance más ligero y por devolver capital.
El mercado, sin embargo, sigue viendo estas recompras como un amortiguador más que como una prueba definitiva de creación de valor.
Capital sólido, pero cada vez más exigido
El colchón de capital sigue siendo una de las fortalezas del banco. El ratio CET1 cerró el año en el 14,3%, por encima de los umbrales regulatorios y del nivel que los analistas consideran confortable. Esto da margen para seguir retribuyendo al accionista sin tensar el balance.
Pero esa fortaleza tiene una cara menos complaciente. Parte del exceso de capital responde a un crecimiento del crédito todavía contenido, en un entorno de demanda débil e incertidumbre política en Reino Unido. Además, Barclays ha tenido que destinar recursos a contingencias legales y tecnológicas, desde provisiones por financiación de automóviles hasta compensaciones por fallos en sistemas de pago.
Cada libra devuelta al accionista compite, de forma directa, con inversión futura, provisiones adicionales y posibles exigencias regulatorias.
Regulación, litigios y riesgo reputacional
El frente regulatorio sigue siendo un lastre silencioso. La banca británica afronta un escrutinio creciente sobre conducta con el cliente y resiliencia tecnológica, y Barclays no es una excepción. Los problemas en banca digital y los litigios ligados a la financiación de vehículos erosionan la narrativa de eficiencia y añaden incertidumbre sobre la rentabilidad futura.
Desde la óptica del mercado, estas contingencias pesan especialmente en un momento en el que la entidad necesita demostrar que puede sostener un RoTE superior al 12% de forma estructural, no coyuntural.
Una comparación que no favorece al valor
En el contexto europeo, Barclays queda en una posición intermedia. Otros grandes bancos han aprovechado el ciclo de tipos altos para alcanzar retornos del 13%-14% con modelos más concentrados y menos volátiles. Incluso algunos rivales británicos, más centrados en banca minorista, muestran ratios similares con menor exposición al riesgo de mercado.
El resultado es un múltiplo de valoración más bajo y una prima de riesgo persistente. El mercado sigue penalizando la complejidad del modelo y las dudas sobre la capacidad de alcanzar los ambiciosos objetivos fijados para 2026 y 2028.
Qué puede romper —o validar— la narrativa en 2026
A partir de ahora, el foco se desplaza con rapidez. Los inversores vigilarán la evolución del margen de intereses en un entorno de recortes de tipos, la calidad del crédito en segmentos sensibles y la ejecución real de los recortes de costes prometidos. También será clave el ritmo y el precio de las recompras, para evaluar si crean valor o solo sostienen el beneficio por acción a corto plazo.
El escenario central asume un crecimiento moderado de ingresos y una mejora gradual de la rentabilidad. El riesgo es claro: una desaceleración más intensa, nuevas presiones regulatorias o una banca digital más agresiva podrían dejar a Barclays atrapado en una rentabilidad insuficiente.
La conclusión del mercado es nítida. Barclays ha cumplido en 2025 y ha ganado credibilidad táctica. Pero la batalla decisiva no es la guía cumplida, sino la capacidad de transformar este rebote apoyado en los tipos en una historia de rentabilidad estructural. 2026 será el año en el que el banco deje de ser juzgado por lo que devuelve al accionista y empiece a ser valorado por lo que realmente es capaz de generar.