El índice español mantiene las ganancias recientes apoyado en el tirón asiático, la tregua en la tecnología y la expectativa de datos clave de empleo e inflación en Estados Unidos

El Ibex 35 consolida rebote con Asia y IA en calma

La renta variable española afronta la semana con un tono de consolidación tras dos sesiones de rebote y un arranque de jornada prácticamente plano. A primera hora del martes, el Ibex 35 se movía en torno a los 18.185,8 puntos, con un ligero retroceso del 0,05%, en línea con la tímida corrección de las bolsas europeas. El apoyo llegaba desde Asia, donde la Bolsa de Tokio prolongaba las subidas tras la victoria electoral de Sanae Takaichi, y desde la relativa calma del sector tecnológico después de las turbulencias provocadas por las dudas sobre la inteligencia artificial (IA) la semana pasada. Sin embargo, el mercado se mueve ya en modo espera: resultados empresariales de peso en Estados Unidos y Europa, y una batería de datos macro —ventas minoristas, empleo e inflación norteamericana— que pueden redefinir el guion de los bancos centrales en cuestión de días. 

IBEX 35
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Asia da oxígeno al rebote europeo

El primer soporte del ánimo inversor llega desde Asia. La Bolsa de Tokio prolonga un movimiento alcista que se ha intensificado tras la victoria de Sanae Takaichi como primera ministra, interpretada por el mercado como una garantía de continuidad en las políticas de estímulo monetario y fiscal. Los índices japoneses avanzan en torno al 1%, mientras otros parqués asiáticos se mueven en positivo, dibujando un escenario de menor aversión al riesgo que se traslada a Europa.

Este contexto contrasta con las dudas de comienzos de año, cuando el temor a una desaceleración más brusca en China y a un giro más duro de la Reserva Federal imponía ventas generalizadas. Ahora, aunque el FTSE Eurofirst 300 retrocede un moderado 0,07%, el tono es claramente de consolidación, no de salida masiva. Este hecho revela que los inversores están más dispuestos a discriminar por regiones y sectores, premiando aquellos mercados donde perciben reformas estructurales y estabilidad política. Japón se coloca, de nuevo, en el radar de los grandes fondos y actúa como referencia positiva para un Viejo Continente donde las dudas sobre el crecimiento siguen muy presentes.

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La tecnología se toma un respiro tras el susto de la IA

El segundo pilar del ambiente algo más constructivo es la tregua en la tecnología. Tras una semana marcada por fuertes oscilaciones en los gigantes de la IA —con caídas de hasta un 8%-10% en algunos nombres líderes—, el sector ha entrado en fase de digestión. Las dudas sobre la velocidad de monetización de los modelos de IA generativa y la posible aparición de nuevas regulaciones en Estados Unidos y Europa llevaron a los inversores a cuestionarse las valoraciones extremas alcanzadas en 2025.

Ahora, la volatilidad se modera y los grandes índices tecnológicos estadounidenses presentan movimientos mucho más contenidos en torno al 0,5%, lo que reduce el riesgo de contagio al resto de activos de riesgo. La consecuencia inmediata es una estabilización del sentimiento: el mercado comienza a distinguir entre compañías con beneficios tangibles ligados a la IA y proyectos más especulativos, lo que podría derivar en una rotación interna dentro del propio sector. Para la bolsa española, con un peso mucho menor de la gran tecnología, esta calma se traduce en un entorno externo menos hostil, después de varios días en los que cualquier corrección en la IA arrastraba al conjunto de los índices globales.

El foco vuelve a los resultados: de Ford a Coca-Cola

Con el ruido de la IA algo amortiguado, el foco vuelve a los fundamentales. Este martes presentan cuentas compañías de referencia como Ford y Coca-Cola, cuyos resultados servirán para medir la capacidad de la economía estadounidense de sostener márgenes en un entorno de tipos aún elevados. El mercado descuenta crecimientos de beneficio de entre el 5% y el 8% interanual, pero lo decisivo será el tono de las guías para 2026.

Los inversores miran con especial atención al sector del automóvil, presionado por la transición al vehículo eléctrico, la competencia asiática y la necesidad de mantener inversiones elevadas en I+D. Ford se ha convertido en un termómetro de hasta qué punto las subidas de costes y la ralentización de la demanda afectan a la industria tradicional. En el caso de Coca-Cola, el foco estará en la capacidad de trasladar la inflación de costes a precios sin dañar volúmenes, tras varios trimestres en los que el incremento medio de precios superó el 7%.

Si las grandes corporaciones estadounidenses confirman que pueden sostener márgenes y capex sin deteriorar el balance, el mercado tendrá un argumento adicional para mantener la apuesta por la renta variable, incluso en un escenario de crecimiento moderado.

Barclays y BP marcan el tono en Europa

En Europa, la temporada de resultados también gana tracción. El banco británico Barclays ha anunciado un incremento de su beneficio del 12%, reflejo de un entorno aún favorable para el margen de intereses, aunque con señales de mayor presión en el coste del riesgo. La lectura de los inversores es ambivalente: por un lado, las cifras confirman que la banca ha aprovechado el ciclo de subidas de tipos; por otro, crece la preocupación por la normalización de esos márgenes a medida que se acercan los recortes de los bancos centrales.

Más controvertido es el caso de BP. La petrolera, también cotizada en Londres, ha incrementado sus ganancias un 32%, apoyada en una combinación de disciplina de inversión, optimización de costes y precios de la energía aún elevados en términos históricos. Sin embargo, la compañía ha decidido suspender las recompras de acciones, una herramienta que el mercado considera clave para sostener la cotización. La consecuencia inmediata ha sido un tono más frío en el valor, que sirve de recordatorio de hasta qué punto los accionistas exigen una retribución directa —vía dividendo o buybacks— en un contexto de elevada incertidumbre regulatoria y energética.

Un Ibex 35 que corrige pero mantiene niveles clave

En este contexto, el Ibex 35 se toma un respiro. A las 08:02 GMT del martes, el índice cedía 9,3 puntos, un 0,05%, hasta los 18.185,8 puntos, tras dos jornadas de rebote. La caída es testimonial, y lo relevante es que el selectivo mantiene zonas de soporte consideradas clave por los analistas, en torno a los 18.000 puntos, nivel que separa un simple ajuste técnico de una corrección de mayor calado.

Los grandes valores no financieros ofrecen un comportamiento mixto. Telefónica se anotaba un 0,14%, Inditex avanzaba un 0,45% e Iberdrola se revalorizaba un 0,23%, reflejando el interés de los inversores por compañías defensivas, con flujos de caja previsibles y política de dividendos estable. En cambio, Cellnex cedía un ligero 0,04% y Repsol perdía un 0,62%, penalizada por la recogida de beneficios en energía tras las fuertes subidas de los últimos meses. El diagnóstico es inequívoco: el mercado no abandona renta variable, pero rota hacia perfiles de riesgo algo más contenidos mientras se aclara el panorama macro y de tipos.

La banca española, termómetro de la confianza doméstica

La fotografía es algo más exigente en el sector bancario, auténtico termómetro de la confianza inversora en España. Santander cedía un 0,17%, BBVA retrocedía un 0,24%, Sabadell caía un 0,52%, Bankinter se dejaba un 0,27% y Unicaja Banco perdía un 0,43%; únicamente Caixabank escapaba de la tónica con un avance del 0,14%. No se trata de un castigo severo, pero sí de una toma de beneficios en un sector que acumula revalorizaciones de doble dígito desde que empezó el ciclo de subidas de tipos.

El contraste con la banca europea resulta llamativo: mientras algunos grandes bancos del norte del continente cotizan a múltiplos superiores a 1,1 veces valor en libros, buena parte de las entidades españolas se mantienen por debajo de 0,9 veces, pese a presentar niveles de capital y morosidad razonables. Este hecho revela que el mercado sigue descontando un riesgo estructural asociado a la economía española —menor crecimiento potencial, mayor deuda pública— y a un entorno regulatorio percibido como menos favorable. La próxima ronda de resultados, con detalles sobre el coste de los depósitos y la calidad del crédito, será clave para confirmar si la banca puede seguir siendo uno de los pilares del Ibex en 2026.

Los datos de EEUU que pueden cambiar el guion

Más allá de los resultados, el gran catalizador de la semana será la macroeconomía estadounidense. En el corto plazo, el mercado espera que el Departamento de Comercio publique un avance del 0,4% en las ventas minoristas de diciembre, tras el 0,6% de noviembre. Cualquier desviación relevante respecto a estas cifras puede alterar las expectativas sobre la fortaleza del consumo, que representa cerca del 70% del PIB de Estados Unidos.

Sin embargo, los platos fuertes llegarán el miércoles y el viernes, con el informe mensual de empleo y el IPC de enero. El exasesor económico de la Casa Blanca Kevin Hassett advertía el lunes de que «las ganancias de empleo podrían moderarse en los próximos meses» como consecuencia de dos factores: las políticas migratorias restrictivas del Gobierno de Donald Trump, que frenan el crecimiento de la fuerza laboral, y el aumento de la productividad derivado de las nuevas herramientas de IA. Desde Bankinter apuntan en su canal de Telegram que «el tono bursátil en Estados Unidos podría ser algo más constructivo ante la expectativa de que un empleo débil implique mayores bajadas de tipos por la Fed y si los resultados empresariales acompañan». Si las cifras de empleo e inflación sorprenden a la baja, el mercado podría intensificar las apuestas por recortes de tipos adicionales —hasta 100 puntos básicos en 2026—, lo que daría un balón de oxígeno adicional a la renta variable.

Escenarios para el mercado: tipos, IA y riesgo político

Con todos estos elementos sobre la mesa, los inversores dibujan varios escenarios. En el más benigno, los datos de Estados Unidos muestran una desaceleración suave, suficiente para justificar recortes de tipos por parte de la Fed sin entrar en recesión, mientras la expansión de la IA se integra de forma ordenada en los modelos de negocio, evitando burbujas excesivas. En ese marco, la renta variable europea, y el Ibex en particular, podrían seguir apoyándose en sectores defensivos y bancos saneados, con potencial de revalorización adicional del 6%-8% en los próximos doce meses.

El escenario menos favorable combina una inflación más pegajosa con un deterioro rápido del empleo, obligando a la Fed a elegir entre preservar el crecimiento o controlar los precios. A ello se suma un riesgo político elevado, tanto por las tensiones comerciales con Asia como por posibles cambios regulatorios en energía y tecnología. El contraste entre regiones sería demoledor: aquellos países con cuentas públicas más saneadas y marcos regulatorios estables atraerían mayor flujo inversor, dejando rezagados a los más endeudados.

Por ahora, el Ibex se limita a consolidar el rebote, apoyado en Asia y en la calma relativa de la tecnología, mientras mira de reojo a Washington. Las próximas sesiones dirán si este movimiento es el preludio de un tramo alcista más sólido o solo una pausa antes de nuevas turbulencias.

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