El Ibex recupera los 18.000 puntos impulsado por Asia y los chips
El Ibex 35 arrancó la semana con una subida de en torno al 0,7%, hasta los 18.063 puntos, recuperando el nivel psicológico de los 18.000 que había perdido en la oleada de ventas de los últimos días. El giro se produce en un contexto global mucho más benigno: el Nikkei japonés ha entrado en territorio de máximos históricos por encima de los 56.000 puntos tras la victoria electoral de la primera ministra Sanae Takaichi, lo que ha desatado un nuevo “trade Japón” en los mercados. También ayuda el rebote de última hora de los valores de semiconductores en Estados Unidos, que han frenado la corrección más violenta ligada a la inteligencia artificial en lo que va de año. En la Bolsa española, la banca vuelve a tirar del índice con alzas superiores al 2% en BBVA y por encima del 1,5% en Banco Santander, mientras que Talgo se dispara tras adjudicarse un macrocontrato en Arabia Saudí.
Un rebote tras la peor sacudida del año
El movimiento de este lunes tiene una lectura evidente: el mercado intenta recomponerse tras la peor sacudida del año para la Bolsa española. En apenas cuatro sesiones, el Ibex llegó a dejarse algo más de un 3% desde sus máximos históricos, lastrado por el desplome de BBVA, que llegó a caer casi un 9% tras unos resultados que decepcionaron al mercado y reavivaron las dudas sobre la calidad de los beneficios bancarios.
A ese golpe doméstico se sumó un cambio brusco de narrativa global: la inteligencia artificial, convertida durante meses en el único motor de Wall Street, pasó de ser la gran promesa a convertirse en foco de dudas. Los inversores empezaron a cuestionar planes de inversión superiores a los 600.000 millones de dólares anunciados por los gigantes tecnológicos, sin una visibilidad clara sobre cuándo se traducirán en flujos de caja reales.
El resultado fue una combinación explosiva: corrección de tecnológicas, desplome de activos percibidos como más especulativos —desde la plata hasta el bitcoin— y un repunte fugaz de la aversión al riesgo que se llevó por delante a índices que venían en zona de máximos, como el Ibex. Lo que vemos hoy no es una euforia desatada, sino un intento de normalización tras esa mini-crisis, con los inversores volviendo de forma selectiva a la renta variable pero aún muy pendientes de cualquier sobresalto adicional en el universo de la IA.
Tokio marca el paso: el efecto Takaichi
Si hay un mercado que explica el cambio de tono este lunes es Japón. La contundente victoria electoral de Sanae Takaichi ha dado al Nikkei 225 un empujón histórico: el índice superó por primera vez los 56.000 puntos tras subir alrededor de un 3,4% en la sesión posterior a los comicios.
La coalición liderada por Takaichi ha logrado una supermayoría en la Cámara Baja, lo que allana el camino para un programa económico marcadamente expansivo: un paquete de estímulo cercano a los 21 billones de yenes y la suspensión temporal del impuesto sobre la alimentación. Este diseño recuerda a una nueva versión de las viejas “Abenomics”, pero con más énfasis en gasto público directo que en reformas estructurales. Los mercados de renta variable lo celebran; los de deuda, no tanto.
Para Europa y, por extensión, para España, el mensaje es doble. Por un lado, el rally japonés funciona como señal de que el apetito por el riesgo no ha desaparecido, simplemente se ha reordenado tras los excesos de la IA. Por otro, pone el foco en un modelo —estimular a golpe de déficit y compras públicas— que en la zona euro está mucho más acotado por las reglas fiscales. El contraste es incómodo: mientras Tokio abre la mano, Bruselas vuelve a apretar el corsé presupuestario. El resultado es que el Ibex se beneficia del viento de cola asiático, pero no puede replicar en casa la misma receta.
Los chips de Wall Street dan aire al riesgo
El otro gran catalizador de la sesión está a miles de kilómetros de Madrid, en el corazón tecnológico de Estados Unidos. Tras varios días de ventas masivas, los valores de semiconductores protagonizaron el viernes un rebote de última hora que ha devuelto algo de calma a los índices americanos y ha dado oxígeno a los activos de riesgo a escala global.
La corrección previa había sido severa. Gigantes como Nvidia, AMD o Qualcomm encadenaban caídas de dos dígitos en cuestión de jornadas, con el mercado replanteándose si el gasto en centros de datos, chips especializados y capacidad de cómputo no se ha ido demasiado lejos, demasiado rápido. Según cálculos de firmas internacionales, los compromisos de inversión conjunta de las grandes tecnológicas en infraestructuras de IA superan ya los 650.000 millones de dólares para los próximos años. La pregunta es evidente: ¿hay demanda final suficiente para absorber esa capacidad?
El rebote de los chips no significa que el debate esté resuelto, pero sí alivia, al menos temporalmente, el temor a que una corrección desordenada de la “burbuja IA” arrastre por contagio a toda la renta variable. Para el Ibex, que no tiene grandes campeones propios en este segmento, la paradoja es clara: apenas se beneficia de las subidas en los tramos alcistas, pero sufre la ampliación de primas de riesgo cuando llega el pánico global.
La banca española vuelve a tirar del carro
En este contexto, la vieja guardia del Ibex ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: sostener el índice cuando arrecian las dudas sobre el crecimiento. El sector financiero lidera las subidas: Santander avanza en torno al 1,5%, BBVA se anota algo más de un 2%, mientras Caixabank, Sabadell, Bankinter y Unicaja Banco acompañan con repuntes de entre el 0,9% y el 1,5%.
La lectura inmediata es que el mercado usa la banca como palanca táctica para jugar la narrativa de “aterrizaje suave”: recortes de tipos algo más cercanos en el tiempo, pero con una actividad económica que aguanta lo suficiente como para que no se deteriore la morosidad. La curva de tipos sigue siendo razonablemente atractiva para los márgenes de intermediación, y las grandes entidades españolas mantienen una elevada exposición a economías emergentes con crecimientos por encima de la media europea.
Sin embargo, lo más preocupante para el inversor a medio plazo es que el Ibex continúa siendo un índice extraordinariamente bancarizado. Cuando el viento sopla a favor, como hoy, el efecto arrastre es evidente. Pero en episodios como el vivido la semana pasada —con desplomes de casi el 9% en un solo día en BBVA— la dependencia de unos pocos valores multiplica la volatilidad del conjunto. El diagnóstico es inequívoco: mientras no haya más economía real cotizando en el índice, España seguirá con una Bolsa muy sensible a cualquier sobresalto financiero.
Criptomonedas y metales: del desplome al alivio parcial
El rebote de hoy en la renta variable llega después de que los activos más especulativos hayan sufrido un ajuste severo. El bitcoin cayó por debajo de los 70.000 dólares hace apenas unos días, acumulando una pérdida superior al 44% desde su máximo de octubre de 2025, cuando superaba los 126.000 dólares. La venta masiva se extendió al resto de criptomonedas, en lo que muchos analistas describen como el “invierno cripto más frío” de los últimos años.
Algo parecido ocurrió con los metales preciosos. La plata llegó a registrar desplomes diarios de hasta un 17%, borrando en cuestión de sesiones la subida acumulada en el año y recordando que, en momentos de estrés, la búsqueda de liquidez se impone a cualquier relato sobre refugios alternativos. En las últimas horas, tanto el oro como la plata han recuperado parte del terreno perdido, con repuntes superiores al 3%-4%, pero lejos aún de los niveles previos a la corrección.
Este vaivén tiene una consecuencia clara para el Ibex y para el resto de bolsas europeas: el apetito por el riesgo se ha vuelto mucho más selectivo. Los inversores empiezan a distinguir con más rigor entre activos que dependen casi exclusivamente de flujos especulativos y aquellos respaldados por beneficios recurrentes. Es en este segundo grupo donde encajan buena parte de los valores que hoy sostienen al índice español.
Talgo y el dividendo industrial saudí
En el terreno corporativo, el foco del día se lo lleva Talgo, impulsada por un contrato que encaja como un guante en el relato de reindustrialización que España intenta proyectar hacia el exterior. Arabia Saudí ha encargado 20 nuevos trenes de alta velocidad a la compañía española, en una operación valorada en torno a 1.330-1.332 millones de euros, que eleva su cartera de pedidos hasta casi 6.000 millones, un máximo histórico.
El acuerdo no llega solo. El Ministerio de Transportes ha anunciado, además, la continuidad de Renfe como operadora del AVE a La Meca hasta 2038, en un paquete que moviliza más de 2.800 millones de euros para empresas españolas implicadas en el consorcio del corredor Haramain. Es, en la práctica, una extensión del “dividendo del AVE saudí” que el sector ferroviario nacional viene cobrando desde hace una década.
En Bolsa, Talgo responde con subidas superiores al 4%, claramente por encima del resto del mercado, y se convierte en una de las pocas historias de crecimiento industrial genuino dentro del universo de cotizadas españolas. Más allá del ruido de corto plazo, el mensaje de fondo es significativo: España sigue siendo competitiva en nichos industriales de alto valor añadido, pero la traslación de esas historias al Ibex continúa siendo limitada. Mientras tanto, el índice sigue dominado por banca, energía y consumo regulado.
Los datos que miran los bancos centrales
En paralelo a los movimientos de mercado, la semana llega cargada de referencias macro y empresariales decisivas. En Estados Unidos se publicarán, con retraso, el informe oficial de empleo (NFP) y el dato de inflación (IPC), dos piezas clave para confirmar si la Reserva Federal puede mantener vivo el guion de recortes de tipos a partir de junio sin poner en riesgo su credibilidad antiinflacionista.
Europa tampoco se queda atrás: el mercado espera el dato de PIB del Reino Unido, indicadores adelantados de Alemania y Francia y una nueva tanda de resultados de pesos pesados a ambos lados del Atlántico, desde Coca-Cola y Ford hasta McDonald's y Coinbase. Cada uno de estos datos será leído en clave binaria: lo bastante suave como para justificar recortes de tipos, pero no tan débil como para alimentar el fantasma de una recesión.
Como resume Sergio Ávila, analista de mercados de IG, “la semana viene cargada: empleo e inflación en EEUU, PIB británico, datos de Alemania y Francia y resultados de pesos pesados en Europa y Wall Street”. Esa batería de referencias explicará si el rebote de hoy se consolida o se agota en un simple alivio técnico. El margen de error es pequeño: cualquier combinación de datos que sugiera inflación demasiado persistente o enfriamiento brusco de la demanda puede devolver la aversión al riesgo a niveles similares —o superiores— a los vividos la semana pasada.
