Alberto Mera: Bitcoin rompe los 60.000 y dinamita el mito del “nunca vender”
Bitcoin ha perdido el suelo psicológico de los 60.000 dólares y, con él, algo más que un soporte técnico.
En una semana de corrección severa —cerca del 18%— el mercado ha interpretado una señal mínima como un terremoto: MicroStrategy vendió 32 BTC por unos 2,5 millones.
La cifra es irrelevante; el gesto no. Rompe el dogma del never sell que Michael Saylor había convertido en religión corporativa.
En paralelo, un dato de empleo en EE. UU. (172.000 nóminas) reabre el miedo a tipos altos y endurece el clima financiero.
La consecuencia es clara: el “activo refugio del futuro” vuelve a comportarse como lo que siempre fue en crisis de liquidez: un termómetro del apetito por riesgo.
Soporte roto, confianza en fuga
La caída por debajo de 60.000 funciona como frontera emocional. No es la cifra; es el significado. En el mercado cripto, los niveles redondos actúan como anclas de relato: mientras aguantan, se habla de “consolidación”; cuando ceden, aparece el lenguaje de “cambio de ciclo”. La corrección, además, llega con memoria reciente: desde finales de 2025, el precio venía mostrando fatiga y un patrón de máximos cada vez más difíciles de sostener.
El contraste con el pico de octubre pasado —por encima de 126.000 dólares— resulta demoledor: Bitcoin ha perdido más de la mitad de su valor en pocos meses. Lo más grave es el componente psicológico: el mercado no ha necesitado un colapso tipo 2022 para entrar en pánico; le ha bastado una grieta en el relato institucional.
MicroStrategy y el tabú del “never sell”
La venta de 32 BTC no cambia balances globales. Cambia expectativas. MicroStrategy se había convertido en el tótem corporativo del “acumular pase lo que pase”, una idea útil para sostener demanda y justificar apalancamiento. Por eso el gesto ha sido interpretado como sacrilegio: si el mayor comprador corporativo vende, aunque sea poco, el mercado se pregunta qué sabe —o qué teme—.
Alberto Mera lo plantea como una estrategia deliberada: desmontar la acumulación ciega y educar al inversor en una gestión de balance más flexible. «No se trata de traicionar el relato, sino de hacerlo viable», sostiene. El problema es que el mercado no premia la pedagogía en mitad de una caída: descuenta riesgo. Y en cripto, el riesgo se contagia con velocidad quirúrgica.
Deuda, preferentes y el fantasma de la liquidación
La verdadera bomba está en la estructura: MicroStrategy custodia más de 843.000 bitcoins financiados, en parte, con deuda. Mientras el precio sube, el apalancamiento parece genialidad; cuando baja, se convierte en interrogatorio. La venta mínima ha activado la sospecha que nadie quería verbalizar: si el precio sigue cayendo, ¿habrá liquidaciones mayores para cumplir compromisos y sostener instrumentos como las preferentes?
Wall Street respondió con su lenguaje más claro: castigo. Las acciones de la compañía retrocedieron más de un 10%, señal de que el mercado no está valorando Bitcoin, sino el riesgo corporativo que lo envuelve. Este hecho revela una asimetría incómoda: el “tesoro” de BTC deja de ser símbolo de fortaleza y pasa a ser una fuente de vulnerabilidad. Y cuando una tesis depende del crédito, la liquidez manda.
El dato de empleo que lo complica todo
El otro golpe viene de la macro. El informe laboral de EE. UU. —172.000 nóminas no agrícolas y desempleo alrededor del 4,3%— alimenta la idea de una economía resistente. Eso, en un mercado sobrecomprado, no se celebra: se teme. Porque una economía “demasiado fuerte” reduce el margen de la Reserva Federal para aflojar y reabre el debate sobre tipos restrictivos durante 2026.
Mera sostiene lo contrario: que el mercado interpreta mal el crecimiento y que una Fed bajo Kevin Warsh, alineada con la administración Trump, priorizará productividad y actividad para licuar deuda sin subir tipos. Es una tesis arriesgada, pero coherente con un punto: si la política monetaria deja de prometer recortes, el dinero se vuelve selectivo. Y lo selectivo, en cripto, suele traducirse en volatilidad.
La rotación hacia la IA y la sequía minorista
Mientras Bitcoin sufría, parte de la liquidez minorista se desplazó hacia la narrativa que aún “vende” futuro: la inteligencia artificial. Ese drenaje es doblemente dañino. Primero, porque resta compras de soporte. Segundo, porque refuerza la sensación de que cripto ha perdido el monopolio del entusiasmo especulativo. El mercado se mueve por modas, sí, pero también por rendimiento ajustado al riesgo. Y hoy el ajuste se está imponiendo.
No ayuda el clima general de Wall Street: sesiones con el Nasdaq cayendo cerca del 4% y el S&P 500 perdiendo más del 2% son el tipo de entorno donde el inversor reduce exposición a todo lo volátil. La consecuencia es clara: sin flujo nuevo, el precio cae y, con el precio cayendo, el flujo nuevo desaparece.
Los datos que nadie quiere ver: cambio de régimen
La pregunta “¿Bitcoin amenazado de muerte?” es un gancho eficaz, pero el diagnóstico real es menos dramático y más incómodo: cambio de régimen. Bitcoin no muere; cambia su relación con el dinero. Si el mercado cree que los tipos seguirán altos, el apalancamiento se encarece y los relatos pierden poder. Si, en cambio, se impone la visión de estímulo implícito y tolerancia a la liquidez, el activo puede estabilizarse en el segundo tramo del año, como defiende Mera.
Lo más grave es que el mito del “nunca vender” ya está roto. Y cuando se rompe un mito, el mercado exige otra cosa: transparencia, gestión y disciplina. La volatilidad seguirá ahí, pero el ciclo que viene se parecerá menos a una religión y más a un balance.