Dimite el asesor de Infantino por la venta del 20% del Mundial

Carlos Cordeiro, asesor cercano a Infantino en la FIFA, dimite tras oponerse a la venta de una participación estratégica del negocio comercial de la Copa del Mundo. Analizamos las implicaciones económicas, comerciales y deportivas de esta controvertida decisión.
Fotografía oficial de la FIFA con Gianni Infantino, en contexto del anuncio sobre la polémica venta de activos estratégicos del Mundial de fútbol.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Dimite el asesor de Infantino por la venta del 20% del Mundial

La FIFA afronta una de sus mayores fracturas internas bajo la presidencia de Gianni Infantino.
Carlos Cordeiro, asesor principal del dirigente suizo, ha dimitido con efecto inmediato por el proyecto de vender a inversores privados hasta el 20% del negocio comercial de los Mundiales.
La operación valora la nueva filial en 20.000 millones de dólares y permitiría captar unos 4.200 millones.
Sin embargo, la salida del antiguo banquero de Goldman Sachs revela que el conflicto ya no procede únicamente de los adversarios externos de Infantino. También alcanza a su círculo de máxima confianza.

Una ruptura desde dentro

Cordeiro no era un funcionario secundario. Expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y asesor de Infantino desde 2021, participaba en la estrategia global y en la relación institucional de la FIFA con la Casa Blanca.

Su renuncia adquiere, por tanto, una dimensión política y financiera. El directivo describió la propuesta como «un mal negocio para el fútbol» y sostuvo que no podía respaldar una decisión que compromete ingresos futuros a cambio de liquidez inmediata.

«No puedo permanecer al margen mientras la FIFA considera vender una participación en la Copa del Mundo», afirmó al anunciar su salida.

Lo más grave para Infantino es el precedente: cuando un especialista con más de 35 años de experiencia financiera cuestiona la lógica económica de una operación, la controversia deja de ser ideológica y se convierte en un problema de valoración, gobernanza y control.

El activo más valioso

La operación se articularía mediante FIFA Forward Enterprise, una filial encargada de concentrar la explotación comercial y operativa del Mundial, el Mundial de Clubes y otros torneos internacionales.

La FIFA conservaría la mayoría accionarial, pero vendería aproximadamente una quinta parte a inversores externos. Entre los potenciales participantes figura Thrive Eternal, el vehículo vinculado al empresario estadounidense Joshua Kushner, mientras JPMorgan asesora el diseño financiero.

No se trata de un patrocinio convencional. El inversor participaría indirectamente en ingresos procedentes de televisión, entradas, licencias, publicidad y derechos digitales. La consecuencia es clara: una parte de los beneficios generados durante décadas dejaría de distribuirse íntegramente dentro de la estructura del fútbol.

Liquidez sin necesidad urgente

La FIFA defiende que la entrada de capital permitiría acelerar el desarrollo del fútbol y elevar por encima de 10.000 millones de dólares las transferencias futuras a sus asociaciones nacionales. El esquema contempla, además, pagos iniciales de hasta 20 millones para cada una de las 211 federaciones.

El argumento, sin embargo, presenta una debilidad evidente. La organización dispone de alrededor de 4.000 millones en reservas, carece de deuda relevante y ha cerrado un ciclo extraordinario de ingresos tras el Mundial de 2026.

Cordeiro considera que vender ahora una porción del activo equivale a anticipar beneficios futuros sin una necesidad financiera demostrada. Es decir, obtener caja hoy a cambio de renunciar durante años a una parte de un negocio difícilmente replicable.

Más presión sobre televisión y entradas

La incorporación de fondos privados también transformaría los incentivos comerciales. Un inversor institucional no entra en una sociedad para proteger el equilibrio territorial del fútbol, sino para elevar la rentabilidad del capital aportado.

Ese objetivo puede traducirse en derechos audiovisuales más caros, nuevas plataformas de pago, mayores precios de las entradas y un calendario con más competiciones. Una presentación interna de la FIFA plantea elevar de 200 a 450 el número anual de torneos y eventos asociados.

El riesgo es un efecto dominó: las televisiones pagan más, trasladan el coste al abonado y concentran contenidos en los mercados con mayor capacidad económica. El fútbol ampliaría sus ingresos, pero podría reducir su accesibilidad.

El frente contra Infantino

La oposición ya supera las fronteras europeas. La UEFA, que representa a 55 federaciones, ha rechazado el proyecto, mientras la Confederación Asiática ha denunciado que no fue consultada antes de hacerse pública una transformación de semejante alcance. La Concacaf también ha expresado sus reservas.

Incluso se ha planteado la posibilidad de un boicot a futuras competiciones si el plan avanza. Aunque esa amenaza sería difícil de ejecutar, muestra el deterioro de la relación entre la presidencia de la FIFA y varias confederaciones.

El contraste resulta demoledor: una iniciativa presentada como mecanismo de redistribución ha provocado una alianza inédita entre organismos que habitualmente compiten por influencia y recursos.

La batalla por el control

La FIFA sostiene que «nadie está vendiendo el fútbol», que conservará el control de la filial y que las decisiones deportivas no dependerán de los inversores. El proyecto, además, deberá someterse a consulta antes de recibir la aprobación de las asociaciones miembro y del Consejo de la FIFA.

Pero la dimisión de Cordeiro ha alterado el debate. Ya no se discute únicamente cuánto dinero puede obtener la FIFA, sino quién condicionará el activo que sostiene económicamente todo su sistema.

Infantino deberá demostrar que la operación genera más valor del que entrega. De lo contrario, la promesa de modernización financiera puede convertirse en una cesión irreversible del negocio más rentable y simbólico del deporte mundial.

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