Hammack desafía a la Fed y exige subir ya los tipos

La presidenta de la Reserva Federal de Cleveland alerta de que la inflación lleva más de cinco años por encima del objetivo y reclama un endurecimiento inmediato de la política monetaria.

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Foto de Adam Nir en Unsplash
Dólares Foto de Adam Nir en Unsplash

La Reserva Federal vuelve a dividirse ante una inflación que se resiste a desaparecer. Beth Hammack, presidenta de la Fed de Cleveland, ha reclamado una subida inmediata de los tipos de interés después de que el banco central decidiera mantenerlos entre el 3,5% y el 3,75%.

Hammack fue una de las tres responsables que votaron contra la decisión adoptada por nueve miembros del Comité Federal de Mercado Abierto. Su advertencia resulta inequívoca: los precios llevan más de cinco años por encima del objetivo del 2% y esperar más podría elevar el coste económico del ajuste.

Una rebelión dentro de la Fed

La reunión celebrada los días 28 y 29 de julio terminó con una votación de nueve contra tres. Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan defendieron un incremento de 25 puntos básicos, que habría situado el rango oficial entre el 3,75% y el 4%.

La fractura muestra que el debate ya no gira únicamente en torno a cuándo comenzar a endurecer la política monetaria, sino sobre el riesgo de haber esperado demasiado. Tres votos disidentes constituyen una señal poco habitual en una institución que tradicionalmente busca proyectar consenso.

Una inflación enquistada

El diagnóstico de Hammack es especialmente severo. La responsable de la Fed de Cleveland sostiene que la inflación PCE, la referencia preferida por el banco central, se ha mantenido obstinadamente por encima del objetivo durante más de cinco años.

Lo más grave no es únicamente el nivel actual de los precios. Es la posibilidad de que empresas y consumidores incorporen una inflación estructuralmente elevada a sus decisiones. Cuando las expectativas se desanclan, recuperar la estabilidad exige tipos más altos y durante más tiempo, con consecuencias directas sobre el crédito, la inversión y el empleo.

Presiones por los dos frentes

Hammack considera que el encarecimiento no procede de una sola fuente. A las restricciones de oferta y al repunte de determinados costes energéticos se suma una demanda que continúa mostrando una fortaleza considerable.

Las empresas, según la información recabada por la Reserva Federal, describen unas presiones sobre los precios que se están ampliando en lugar de desaparecer. Los consumidores, por su parte, trasladan un creciente malestar ante el encarecimiento persistente de bienes y servicios. La inflación ya no aparece concentrada en unas pocas partidas, sino extendida por buena parte de la economía.

El empleo permite actuar

La presidenta de la Fed de Cleveland sostiene que la estabilidad de precios debe prevalecer ahora sobre el segundo gran mandato del banco central: alcanzar el máximo empleo.

El mercado laboral continúa en buen estado, los puestos de trabajo avanzan al ritmo de la población activa y la tasa de paro apenas ha variado. Para Hammack, el desempleo se encuentra cerca del nivel compatible con el pleno empleo. La consecuencia es clara: la Fed dispone de margen para combatir los precios sin provocar necesariamente un deterioro inmediato del mercado laboral.

El coste de esperar

La estrategia mayoritaria apuesta por conservar los tipos mientras se analiza la evolución de la energía, la demanda y los efectos de las perturbaciones internacionales. Sin embargo, Hammack teme que esa prudencia termine convirtiéndose en pasividad.

La experiencia histórica demuestra que aplazar el ajuste cuando la inflación se consolida puede obligar después a aplicar medidas más agresivas. Esperar a obtener una prueba definitiva de que el problema se ha enquistado podría exigir correcciones mayores y más dolorosas, advirtió ya la dirigente en junio.

Hipotecas y empresas bajo presión

Una subida de tipos tendría un impacto rápido sobre los mercados financieros. Los rendimientos de la deuda pública tenderían a aumentar, el dólar podría fortalecerse y el crédito empresarial se encarecería.

Para los hogares, el efecto llegaría a través de las hipotecas, las tarjetas y los préstamos al consumo. Para las compañías, supondría mayores costes de refinanciación y una selección más exigente de las inversiones. Sin embargo, el contraste resulta demoledor: no actuar también tiene un precio, porque la inflación erosiona la renta disponible y reduce el poder adquisitivo de forma acumulativa.

Septiembre será decisivo

La próxima reunión de la Fed medirá si los disidentes logran ampliar apoyos. El comité tendrá que valorar nuevos datos de inflación, empleo y actividad antes de decidir si mantiene la pausa o inicia un nuevo ciclo de subidas.

El diagnóstico es inequívoco: la política monetaria estadounidense ha entrado en una fase de máxima tensión. La discusión ya no enfrenta crecimiento e inflación, sino dos riesgos distintos: subir demasiado pronto o descubrir demasiado tarde que los precios nunca estuvieron realmente bajo control.

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