EEUU ataca Irán por décima noche y amenaza el estrecho de Ormuz
Washington ataca centros de mando, lanzaderas y defensas aéreas para debilitar la capacidad iraní de bloquear una ruta por la que circula cerca del 20% del petróleo mundial.
Estados Unidos ha completado una nueva oleada de ataques contra objetivos militares iraníes, la décima noche consecutiva de bombardeos, en una escalada que sitúa el estrecho de Ormuz en el centro del conflicto. El Mando Central estadounidense aseguró que la operación concluyó a las 21.00 horas de la costa este y alcanzó centros de mando, sistemas de defensa aérea, capacidades navales y posiciones de lanzamiento de misiles y drones.
El objetivo declarado es reducir la capacidad de Teherán para atacar a los buques comerciales que atraviesan uno de los corredores energéticos más importantes del planeta. Sin embargo, la sucesión de ofensivas no ha permitido hasta ahora neutralizar el poder iraní sobre la zona. La guerra entra así en una fase de desgaste cuyo impacto ya trasciende el terreno militar.
Una ofensiva de amplio alcance
La última operación estadounidense no se limitó a instalaciones concretas. CENTCOM incluyó entre sus objetivos centros de dirección militar, plataformas marítimas, lanzaderas de misiles, depósitos de drones y sistemas antiaéreos, una selección diseñada para erosionar simultáneamente la capacidad ofensiva y defensiva de Irán.
Washington intenta impedir que Teherán pueda mantener una campaña prolongada contra bases estadounidenses, países aliados y tráfico mercante. La ofensiva llega después de ataques iraníes contra posiciones norteamericanas en Jordania, Kuwait y Bahréin, dentro de una espiral de represalias que ha ampliado el radio geográfico del conflicto.
Ormuz, el verdadero objetivo
El estrecho de Ormuz concentra buena parte del riesgo económico. Por este paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el mundo, además de una proporción relevante del gas natural licuado exportado por los países del Golfo.
La consecuencia es clara: incluso una interrupción parcial puede elevar los costes del transporte, disparar las primas de los seguros marítimos y trasladarse con rapidez al precio de los combustibles. El crudo ya ha superado temporalmente la barrera de los 90 dólares por barril, reflejo de una prima geopolítica que aumenta con cada nueva jornada de ataques.
Diez noches sin desenlace
La intensidad de los bombardeos revela el volumen de recursos movilizados por Estados Unidos, pero también sus limitaciones. Tras diez noches de operaciones, Irán conserva capacidad para lanzar misiles y drones, amenazar instalaciones regionales y condicionar el tránsito marítimo.
Este hecho revela una dificultad habitual de las campañas aéreas: destruir infraestructuras visibles no garantiza eliminar redes móviles, arsenales dispersos o cadenas de mando descentralizadas. Sin una solución diplomática o una modificación sustancial del equilibrio naval, Washington corre el riesgo de prolongar una ofensiva costosa sin alcanzar un desenlace decisivo.
El coste humano aumenta
La escalada se intensificó después de la muerte de militares estadounidenses en ataques vinculados a Irán. El balance norteamericano asciende ya a 17 fallecidos desde febrero, mientras más de 430 efectivos habrían resultado heridos desde el inicio de las hostilidades.
Irán, por su parte, ha denunciado decenas de muertos y centenares de heridos durante las últimas ofensivas. Las cifras no han podido verificarse de manera independiente en todos los casos, pero muestran que el conflicto ha dejado de ser una campaña de presión limitada para convertirse en una guerra abierta de represalias.
Mercados bajo presión
El mayor riesgo económico no es únicamente un cierre completo de Ormuz. Basta con que las navieras reduzcan operaciones, cambien rutas o exijan mayores garantías para que el precio del transporte aumente.
Europa sería especialmente vulnerable por su dependencia energética exterior. Una subida sostenida del petróleo añadiría presión a la inflación, complicaría las bajadas de tipos de interés y encarecería la actividad industrial. Para España, cada incremento prolongado de 10 dólares por barril supone más presión sobre la factura importadora y sobre los precios de carburantes y transporte.
La diplomacia pierde terreno
Qatar, Egipto, Pakistán y Omán impulsan una propuesta de alto el fuego de diez días, destinada a reabrir las negociaciones y garantizar la navegación por Ormuz. Sin embargo, ninguna de las partes parece dispuesta a detener sus operaciones sin obtener antes una ventaja estratégica.
Estados Unidos asegura que mantiene abierta la vía diplomática. Irán, mientras tanto, combina sus respuestas militares con mensajes ambiguos sobre una eventual negociación. El diagnóstico es inequívoco: ambas potencias quieren dialogar, pero ninguna desea hacerlo desde una posición de debilidad.
El riesgo de efecto dominó
La participación de grupos aliados de Irán amplifica el peligro. Los hutíes de Yemen han amenazado con extender su bloqueo marítimo hacia Arabia Saudí, mientras las bases estadounidenses de Irak y el Golfo permanecen en alerta.
Lo más grave sería que la guerra terminara involucrando directamente a más países productores. Un ataque contra infraestructuras petroleras saudíes, emiratíes o kuwaitíes provocaría un impacto inmediato sobre la oferta mundial y podría desencadenar una nueva crisis energética. La última oleada estadounidense pretende evitar ese escenario, pero cada bombardeo aumenta también la probabilidad de provocarlo.