Gaza al límite: Hamás exige abrir Rafah y acusa a Israel de sabotaje
Hamás ha elevado la presión sobre Israel y los mediadores internacionales al reclamar una reapertura inmediata del paso fronterizo de Rafah con Egipto y una transición sin dilaciones a la segunda fase del acuerdo de alto el fuego en Gaza. El movimiento islamista acusa al Gobierno de Benjamin Netanyahu de incumplir sistemáticamente la tregua mediante ataques continuados y de intentar eludir sus compromisos, en un momento en el que la frágil pausa en los combates vuelve a situarse al borde del colapso.
La reapertura de Rafah como línea roja
En un comunicado difundido este viernes, Hamás subrayó que la reapertura del cruce de Rafah en ambas direcciones es una condición esencial para avanzar en la implementación del acuerdo de paz. El paso fronterizo, clave para la entrada de ayuda humanitaria y la salida de heridos y desplazados, se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción entre las partes.
de heridos y desplazados, se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción entre las partes.
Para Hamás, mantener Rafah cerrado supone una prolongación indirecta del asedio sobre Gaza y una violación del espíritu del alto el fuego. El grupo sostiene que sin una normalización del tránsito por este paso no puede hablarse de una tregua real, sino de una pausa táctica que perpetúa el sufrimiento de la población civil.
Acusaciones directas contra el Gobierno israelí
El tono del comunicado fue especialmente duro contra el Ejecutivo israelí. Hamás denunció que los ataques continuados de Israel demuestran un “desprecio flagrante por el acuerdo de alto el fuego” y una voluntad deliberada de esquivar las obligaciones asumidas ante los mediadores. Según el grupo, estas acciones socavan cualquier intento de estabilización y mantienen a Gaza en una situación de vulnerabilidad permanente.
La organización calificó al primer ministro Benjamin Netanyahu de “criminal de guerra” y lo señaló como principal responsable de la ruptura de la confianza necesaria para avanzar hacia una segunda fase del acuerdo. Este lenguaje refleja el endurecimiento del discurso de Hamás ante lo que considera una falta de avances concretos.
La segunda fase del acuerdo, en punto muerto
Hamás insistió en la necesidad de una transición inmediata a la segunda fase del acuerdo de paz, sin especificar plazos alternativos ni condiciones adicionales. Esta fase, según lo pactado inicialmente, debería incluir pasos más ambiciosos hacia una desescalada duradera, así como mejoras sustanciales en la situación humanitaria.
Sin embargo, el proceso se encuentra bloqueado por desacuerdos políticos y de seguridad, y por la desconfianza mutua. Desde Gaza, se acusa a Israel de utilizar la tregua para ganar tiempo y mantener presión militar selectiva, mientras que Tel Aviv sostiene que Hamás no ofrece garantías suficientes de seguridad.
El papel de los mediadores internacionales
En su comunicado, Hamás instó a los mediadores —principalmente Egipto, Catar y Estados Unidos— a “asumir sus responsabilidades” y poner fin a lo que describió como la agresión israelí. El llamamiento refleja la frustración del grupo ante lo que percibe como una falta de presión efectiva sobre Israel para cumplir lo acordado.
Los mediadores se enfrentan a un equilibrio delicado: mantener abierta la vía diplomática sin provocar una ruptura definitiva del alto el fuego. La reapertura de Rafah es uno de los temas más sensibles de la negociación, ya que implica cuestiones de seguridad, control fronterizo y soberanía.
Rafah, un cuello de botella humanitario
El cruce de Rafah no es solo un punto estratégico, sino un símbolo de la crisis humanitaria en Gaza. Su cierre prolongado limita la entrada de alimentos, combustible y medicinas, y agrava la situación de miles de personas que dependen de la ayuda exterior.
Organizaciones humanitarias han advertido en repetidas ocasiones de que sin un acceso estable por Rafah, la situación puede deteriorarse rápidamente. Hamás utiliza este argumento para reforzar su narrativa de que Israel mantiene un bloqueo encubierto, incluso durante la tregua.
Desde la perspectiva israelí, la cautela en Rafah responde a preocupaciones de seguridad y al temor de que el paso se utilice para el contrabando de armas o la reorganización de milicias. Esta lógica choca frontalmente con la exigencia de Hamás y con las demandas humanitarias de la comunidad internacional.
La divergencia de enfoques revela la fragilidad estructural del alto el fuego, basado más en equilibrios temporales que en una resolución de fondo del conflicto.
Riesgo de colapso del alto el fuego
Las acusaciones cruzadas y el endurecimiento del discurso elevan el riesgo de que la tregua salte por los aires. Cada retraso en la aplicación de los compromisos alimenta la narrativa de traición y reduce el margen político para la contención.
Analistas regionales advierten de que, sin avances visibles en Rafah y en la segunda fase del acuerdo, el alto el fuego podría convertirse en una simple pausa operativa, preludio de una nueva escalada.
La exigencia de Hamás refleja un patrón recurrente en el conflicto: acuerdos frágiles, interpretaciones opuestas y una profunda desconfianza mutua. Mientras Gaza sigue dependiendo de decisiones externas para aliviar su crisis humanitaria, la diplomacia avanza con lentitud y bajo presión constante.
El futuro inmediato del alto el fuego dependerá en gran medida de la capacidad de los mediadores para desbloquear el paso de Rafah y ofrecer garantías mínimas a ambas partes. De lo contrario, la tregua corre el riesgo de convertirse en otro episodio fallido en una guerra que sigue sin horizonte claro de resolución.
