Hegseth reclama 1,5 billones para evitar el declive militar de EEUU
El secretario de Defensa advierte al Senado de que la falta de inversión en inteligencia artificial, espacio y tecnología podría entregar la ventaja estratégica a China y otros competidores.
Estados Unidos necesita una «inyección urgente y necesaria de recursos» para impedir que sus rivales reduzcan la histórica superioridad militar de Washington. Ese fue el mensaje trasladado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ante el Comité de Asignaciones del Senado, donde defendió una solicitud presupuestaria de 1,5 billones de dólares.
El responsable del Pentágono sostuvo que la paz no se garantiza mediante la contención del gasto, sino reforzando la capacidad de disuasión. «La mejor forma de crear paz es prepararse para la guerra», afirmó. Su advertencia apunta directamente a las áreas en las que se decidirá el próximo equilibrio global: inteligencia artificial, sistemas autónomos, capacidad espacial, misiles y producción industrial.
Una petición presupuestaria sin precedentes
La cifra planteada por Hegseth supondría elevar el presupuesto de Defensa hasta niveles nunca vistos en tiempos de paz. La solicitud de 1,5 billones de dólares representa una apuesta por acelerar programas tecnológicos, renovar arsenales y ampliar la capacidad productiva de la industria militar estadounidense.
El secretario de Defensa presentó la financiación como una necesidad estratégica, no como una ampliación discrecional del gasto. Según su diagnóstico, el Pentágono debe responder simultáneamente al ascenso militar de China, la guerra en Ucrania, la tensión en Oriente Próximo y el creciente uso de drones, satélites y sistemas automatizados.
Lo más grave, advirtió, sería mantener estructuras presupuestarias diseñadas para conflictos del pasado mientras los competidores desarrollan capacidades capaces de neutralizar la ventaja estadounidense.
La tecnología como nuevo campo de batalla
La inteligencia artificial y el espacio ocupan un lugar central en la nueva doctrina defensiva. El Pentágono considera que la superioridad militar ya no dependerá exclusivamente del número de aviones, buques o soldados, sino de la velocidad para procesar datos, identificar amenazas y ejecutar decisiones.
Hegseth alertó de que, sin inversiones adicionales, Washington podría perder la carrera tecnológica frente a sus adversarios. Esa brecha no tendría únicamente consecuencias militares. También afectaría a la industria de semiconductores, las comunicaciones, la ciberseguridad y las infraestructuras críticas.
La consecuencia es clara: quien controle los sistemas de inteligencia artificial y las redes orbitales tendrá una ventaja decisiva en cualquier conflicto futuro. Un retraso de apenas varios años podría resultar difícil de recuperar.
Prepararse para disuadir
El argumento central del secretario de Defensa es que un ejército suficientemente equipado reduce la probabilidad de guerra. La capacidad de respuesta, sostuvo, constituye el principal mecanismo de disuasión frente a potencias que puedan interpretar la debilidad presupuestaria como una oportunidad.
La paz, desde esta perspectiva, no depende únicamente de la diplomacia, sino de que cualquier adversario considere inasumible el coste de una agresión.
Este planteamiento recupera la lógica de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos utilizó su superioridad industrial y tecnológica para contener a la Unión Soviética. Sin embargo, el escenario actual es más complejo: Washington debe afrontar amenazas convencionales, cibernéticas, espaciales y económicas al mismo tiempo.
El reproche a la anterior Administración
Hegseth responsabilizó a la Administración precedente de haber desviado recursos hacia otros departamentos en lugar de reforzar la defensa. La acusación introduce un componente político en el debate presupuestario y anticipa una negociación difícil en el Congreso.
El gasto militar compite con partidas destinadas a sanidad, infraestructuras, educación y programas sociales. Aprobar 1,5 billones de dólares obligaría a revisar prioridades, asumir más déficit o recortar otras áreas. El contraste presupuestario será uno de los principales focos de enfrentamiento entre republicanos y demócratas.
Este hecho revela que la discusión no se limita al tamaño del Pentágono. También afecta al modelo económico estadounidense y a la sostenibilidad de unas cuentas públicas sometidas a una creciente presión financiera.
La ventana estratégica se estrecha
El presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, reforzó la advertencia de Hegseth. Durante su comparecencia, sostuvo que los recursos deben aprobarse mientras «el tiempo todavía está del lado de Washington».
La frase resume la urgencia del Pentágono. Estados Unidos conserva ventajas tecnológicas, financieras y militares, pero sus competidores están reduciendo distancias. China ha incrementado su presencia naval, Rusia mantiene una economía orientada al esfuerzo bélico y varias potencias regionales han desarrollado misiles y drones de bajo coste.
El diagnóstico es inequívoco: cada año de retraso encarece la modernización y reduce la capacidad estadounidense para conservar su posición dominante.
La mayor amenaza para Estados Unidos
Hegseth llegó a definir el rechazo de la financiación como «la mayor amenaza» que podría afrontar el país. La expresión busca presionar al Senado, pero también refleja el cambio de percepción dentro del aparato de seguridad estadounidense.
El Pentágono teme que la combinación de arsenales envejecidos, lentitud industrial y dependencia tecnológica limite su capacidad para responder a varias crisis simultáneas. La aprobación del presupuesto permitiría acelerar contratos, aumentar la producción de munición y financiar sistemas avanzados.
El debate determinará si Estados Unidos convierte su superioridad económica en capacidad militar efectiva o permite que la distancia con sus rivales siga reduciéndose. En Washington, la discusión ya no gira únicamente sobre cuánto gastar, sino sobre cuánto tiempo queda para evitar que la ventaja estratégica sea irreversible.