Iturralde denuncia: Trump busca robar petróleo y desplazar a China de Venezuela
Entrevista exclusiva con Alberto Iturralde en Negocios TV donde se desvelan las complejas maniobras detrás de la crisis venezolana, el papel de EE.UU. y el impacto geopolítico para China y Cuba.
Una entrevista reciente en Negocios TV ha encendido las alarmas. Alberto Iturralde, conocido por su trabajo en la Operativa DAX, lanza una lectura tajante sobre Venezuela. El mensaje es directo: detrás del ruido, habría una operación diseñada al milímetro.
La gran pregunta golpea desde el primer minuto: ¿se está viendo un cambio real o una escena preparada para que nada esencial se mueva? En su análisis, lo que parece inestabilidad podría ser justo lo contrario: un control frío para evitar que todo se desborde.
El foco no se queda en Caracas. También apunta a la región, a los aliados y a las potencias. Y, sobre todo, a lo que ocurre cuando la geopolítica entra por la puerta grande.
Un cambio de poder escenificado
Iturralde pone en duda el relato oficial sobre la salida de Nicolás Maduro. La idea central es contundente: la llamada transición podría ser un montaje pactado, pensado para sostener equilibrios y evitar un estallido en la calle.
El argumento se apoya en dos señales que, según el analista, llaman la atención. Por un lado, la continuidad de sectores ligados a Maduro. Por otro, el silencio judicial de Estados Unidos frente a determinadas acusaciones.
Así, el supuesto giro político quedaría reducido a una maniobra para mantener un marco estable. Un cambio controlado. Sin golpes de efecto. Sin escenarios que puedan desordenar a Venezuela y, de paso, a toda la región.
La estabilidad como fachada
La apariencia de caída de un régimen puede resultar potente. Pero en este enfoque, la palabra clave es continuidad. Una continuidad maquillada para que los engranajes sigan funcionando.
El trasfondo sería claro: sostener negocios, influencias y el acceso a recursos estratégicos. Todo bajo una imagen de normalidad que calme el tablero.
La apuesta por una inestabilidad total no encajaría en este guion. Menos aún cuando en el juego aparecen aliados sensibles como Cuba y actores de peso como China.
Intereses internacionales y la sombra de Estados Unidos
En el análisis de Iturralde, el objetivo de la administración Trump no se enmarca en una “liberación” democrática. El interés sería otro y se presenta sin rodeos: reducir la influencia china y asegurar el control sobre el petróleo venezolano.
La lectura apunta a una jugada geopolítica con efectos inmediatos. No se trataría solo de política exterior, sino de presión directa sobre equilibrios regionales.
Y en esa dinámica, Cuba aparece como una de las piezas más expuestas.
Cuba en la cuerda floja
La isla, históricamente dependiente del crudo venezolano, quedaría en una posición delicada. Un corte de suministro tendría capacidad de agravar una crisis estructural ya presente.
Por eso, lo que se vende como “cambio” podría traducirse, en estos términos, en una pérdida estratégica enorme para Cuba y en más presión sobre su economía deteriorada.
Consecuencias para la población y la región
La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué ocurre con la gente común? Lejos de los despachos y los movimientos internacionales, la vida diaria sigue marcada por la incertidumbre.
Iturralde insiste en una idea central: esta supuesta liberación democrática no beneficiaría a la población venezolana ni a la cubana. Al contrario, se plantea como una excusa para una explotación mayor y para un deterioro de las condiciones de vida.
En ese escenario, la confusión gana terreno. Y los beneficiarios, según este enfoque, no serían quienes aparecen en primer plano, sino quienes mueven los hilos fuera de foco.