Apagón total

Orbán y Fico amenazan con cortar la luz a Ucrania por el petróleo

Hungría y Eslovaquia activan un órdago energético contra Kiev tras el bloqueo del oleoducto Druzhba y paralizan el crédito de 90.000 millones de la UE
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Hungría y Eslovaquia han elevado el tono de su enfrentamiento con Ucrania a un nivel de riesgo sistémico que amenaza con dejar a oscuras a gran parte del territorio ucraniano. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y su homólogo eslovaco, Robert Fico, han advertido de que suspenderán el suministro de electricidad de emergencia a Kiev si no se restablece de inmediato el flujo de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba. Este movimiento, que responde a la decisión unilateral de Ucrania de paralizar el tránsito de crudo, ha provocado ya la declaración del estado de emergencia por combustibles líquidos en Bratislava y el bloqueo por parte de Budapest de un macrocrédito de la Unión Europea valorado en 90.000 millones de euros. El diagnóstico es inequívoco: la solidaridad energética en el este de Europa se ha quebrado, dando paso a una guerra de infraestructuras de consecuencias imprevisibles.

El órdago eléctrico de Budapest y Bratislava

La amenaza proferida este sábado por Viktor Orbán y Robert Fico supone el uso de la última gran palanca de presión que conservan los países de la cuenca del Danubio sobre una Ucrania castigada por la guerra. Hasta la fecha, tanto Hungría como Eslovaquia habían actuado como salvavidas energéticos para Kiev, exportando excedentes de electricidad vitales para mantener la red ucraniana operativa tras los bombardeos rusos a sus infraestructuras críticas. Sin embargo, este hecho revela que la paciencia estratégica de los dos socios europeos se ha agotado. El contraste con la política de vecindad previa resulta demoledor: lo que antes era ayuda de emergencia, hoy es una moneda de cambio en un tablero de intereses cruzados.

La advertencia de Fico ha sido especialmente contundente al fijar el próximo lunes como fecha límite para que Ucrania rectifique. De lo contrario, la interconexión eléctrica podría quedar reducida al mínimo técnico. La consecuencia para Kiev sería desastrosa, ya que depende de estas importaciones para cubrir los picos de demanda invernal y evitar apagones generalizados que afectarían no solo al consumo doméstico, sino también a su mermada capacidad industrial. Resulta esclarecedor que este envite se produzca precisamente cuando Ucrania más necesita el respaldo de sus vecinos, lo que sitúa al Gobierno de Volodímir Zelenski en una encrucijada de supervivencia energética.

zelensky y donald trump
zelensky y donald trump

El fin de la solidaridad "unidireccional"

El primer ministro eslovaco, Robert Fico, ha sido el encargado de verbalizar el malestar que subyace en las capitales de Europa Central. En un mensaje que ha resonado con fuerza en Bruselas, Fico ha afirmado que su país no puede aceptar una relación con Ucrania que funcione como un «billete de ida» donde solo una parte se vea beneficiada. Para Bratislava, la decisión de Kiev de cortar el petróleo ruso que alimenta sus refinerías es una traición que invalida cualquier compromiso previo de ayuda militar o financiera. Este hecho revela una fractura ideológica y económica que la diplomacia europea no ha sido capaz de suturar.

Fico ha ido más allá al vincular la crisis actual con el sabotaje del gasoducto Nordstream, criticando la supuesta pasividad de Occidente ante aquel ataque. «Si a Occidente no le importa que se volara el gasoducto Nordstream, Eslovaquia no puede aceptar que las relaciones eslovaco-ucranianas se vean solo desde el beneficio para Ucrania», ha sentenciado. Este diagnóstico subraya una creciente fatiga en ciertos sectores de la UE, que ven cómo sus propias economías sufren las consecuencias de un conflicto donde sus intereses estratégicos, especialmente los energéticos, parecen ser sacrificados en favor de una geopolítica dictada desde Washington y Bruselas sin contar con las realidades locales.

La parálisis del macrocrédito de 90.000 millones

La respuesta de Hungría no se ha limitado a la retórica. Viktor Orbán ha confirmado que su Gobierno mantiene bloqueado el préstamo de la Unión Europea a Ucrania por valor de 90.000 millones de euros. Este bloqueo financiero supone un golpe demoledor para las finanzas de Kiev, que cuenta con esos recursos para sostener su gasto público y sus esfuerzos de defensa durante el próximo ejercicio. La utilización del veto húngaro como represalia directa por el corte del petróleo revela que Budapest está dispuesta a llevar el enfrentamiento hasta las últimas consecuencias presupuestarias dentro del seno de la UE.

Además, Hungría ya ha pasado a la acción directa al detener las entregas de diésel a Ucrania, un combustible crítico para el movimiento de la maquinaria bélica y el transporte de mercancías. Lo más grave es que Orbán ha insinuado que este es solo el principio de una escalada de "medidas duras" si no se reabre el oleoducto Druzhba. La consecuencia es clara: el suministro energético de Ucrania está ahora condicionado a la seguridad de suministro de Hungría y Eslovaquia, revirtiendo la jerarquía de prioridades que la Comisión Europea ha intentado imponer desde el inicio de la invasión rusa.

El colapso del Druzhba: un golpe al corazón energético

El oleoducto Druzhba, cuyo nombre irónicamente significa "Amistad", ha sido durante décadas el cordón umbilical que unía la energía rusa con la industria centroeuropea. La decisión de Ucrania de paralizar el transporte de crudo a través de su infraestructura ha dejado a las refinerías eslovacas y húngaras en una situación de extrema vulnerabilidad. Para estos países, el crudo ruso no es solo una opción económica, sino una necesidad técnica, ya que sus plantas están diseñadas específicamente para procesar las características del petróleo procedente de los Urales.

Este hecho revela la dependencia estructural que persiste en la región a pesar de los esfuerzos de diversificación. La interrupción del flujo ha obligado a Eslovaquia a declarar el estado de emergencia para combustibles, una medida que anticipa restricciones en el consumo y un aumento inevitable de los precios en los surtidores. El contraste con otras regiones de la UE que han logrado desconectarse de la energía rusa resulta demoledor para la cohesión del bloque; mientras el norte y el oeste avanzan en su transición, el este se encuentra atrapado en una trampa de geografía y contratos heredados de la era soviética que Kiev ha decidido utilizar como arma de presión.

November 15, 2024, Odessa, Ukraine: A wheelchair in the trash after the destruction of a residential building on Pasteur Street. As of 9:00 a.m., according to reports from the mass media, on November 15, one person was killed and at least two others were injured as a result of an air raid on Odessa on the evening of November 14, 2024.,Image: 934725168, License: Rights-managed, Restrictions: , Model Release: no, Credit line: Viacheslav Onyshchenko / Zuma Press / ContactoPhoto
November 15, 2024, Odessa, Ukraine: A wheelchair in the trash after the destruction of a residential building on Pasteur Street. As of 9:00 a.m., according to reports from the mass media, on November 15, one person was killed and at least two others were injured as a result of an air raid on Odessa on the evening of November 14, 2024.,Image: 934725168, License: Rights-managed, Restrictions: , Model Release: no, Credit line: Viacheslav Onyshchenko / Zuma Press / ContactoPhoto

La respuesta de Kiev: el laberinto del Odessa-Brodsky

Ante la presión de Budapest y Bratislava, Ucrania ha intentado ofrecer una alternativa técnica que, por el momento, no ha convencido a sus vecinos. Kiev ha notificado a la Comisión Europea que el oleoducto Odessa-Brodsky podría sustituir al Druzhba para transportar crudo hacia Hungría y Eslovaquia. Según fuentes del Gobierno ucraniano, esta infraestructura está en condiciones de garantizar el suministro dentro del marco legal vigente, evitando así la dependencia directa del tramo dañado o bloqueado.

Sin embargo, los analistas técnicos dudan de la viabilidad inmediata de esta propuesta. El cambio de una red de transporte por otra implica costes logísticos y ajustes en los contratos de suministro que podrían tardar meses en materializarse. El diagnóstico es inequívoco: la propuesta de Kiev parece más una maniobra dilatoria para calmar a Bruselas que una solución real para las refinerías de Bratislava. Este hecho revela que la crisis ha entrado en una fase de tecnicismos legales que ocultan una voluntad política de ambas partes de no ceder en sus posiciones de fuerza.

El riesgo de apagón total

Viktor Orbán ha sido meridianamente claro en su última intervención: «Hay otra opción, que se está considerando con cautela por ahora. Si esto se detiene, podrían suceder cosas duras». Esta frase, cargada de una agresividad inusual incluso para el líder húngaro, apunta directamente al corte total de la interconexión eléctrica. Si Hungría y Eslovaquia deciden finalmente desconectar sus redes de la de Ucrania, el impacto sobre la red de alta tensión ucraniana sería catastrófico, obligando a racionamientos eléctricos severos en ciudades como Leópolis o incluso Kiev.

La consecuencia de un apagón provocado por sus propios vecinos europeos sería un desastre de relaciones públicas para la Unión Europea. La imagen de dos Estados miembros dejando sin luz a un país candidato mientras este se defiende de una invasión pondría a prueba la autoridad de la Comisión Europea. Sin embargo, el derecho de estos países a proteger su seguridad energética es un argumento sólido ante los tribunales europeos. El riesgo es que la energía se convierta en una moneda de cambio tan degradada que termine por balcanizar la respuesta europea ante el conflicto, debilitando la posición común frente a Moscú.

La fractura insalvable del eje de Visegrado

La crisis del petróleo y la electricidad es el síntoma definitivo de la muerte clínica del Grupo de Visegrado tal y como lo conocíamos. Mientras Polonia y la República Checa mantienen un apoyo incondicional a Kiev, Hungría y Eslovaquia han formado un eje de resistencia que prioriza el interés nacional y la relación pragmática con Rusia por encima del consenso comunitario. Este hecho revela que la política exterior europea está sufriendo una fragmentación interna que paraliza la toma de decisiones estratégicas.

La parálisis del préstamo de 90.000 millones es solo la punta del iceberg de una parálisis mayor. El diagnóstico es que la UE se enfrenta a un desafío interno de soberanía donde los recursos comunes están siendo utilizados como armas en disputas bilaterales. La consecuencia para Ucrania es una creciente incertidumbre sobre el respaldo real de sus vecinos, lo que podría obligar a Kiev a buscar mediaciones externas para resolver una crisis que Bruselas se ha mostrado incapaz de arbitrar. La energía, que una vez fue el motor de la integración europea, es hoy la cuña que amenaza con partir el continente por la mitad.

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