Ormuz vuelve a arder mientras Vahidi convierte la crisis iraní en una lucha interna de poder

EP_MOTJABA_JAMENEI
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El mundo amanece, un día más, con el estrecho de Ormuz convertido en un polvorín y con el golfo Pérsico como epicentro de una crisis que hace mucho que dejó de ser regional para volverse planetaria. Asistimos a la enésima violación del Memorando de Entendimiento entre Washington y Teherán —el que en estos informes vengo llamando el Memorando de Islamabad— por parte de la Guardia Revolucionaria iraní, y no estamos ante un incidente aislado ni ante un malentendido náutico: estamos ante un mensaje deliberado, calculado y brutal. Detrás de él hay un hombre con nombre y apellidos, el general Ahmed Vahidi, comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), terrorista perseguido y en busca y captura internacional por Interpol por varios atentados terroristas a lo largo de más de tres décadas. Vahidi está tensando la cuerda y mandando un mensaje muy claro a sus adversarios dentro del régimen para que sepan quién es el que manda de verdad.

Porque es aquí donde hay que llamar a las cosas por su nombre: estamos, con toda claridad, ante una lucha intestina por el poder. Esa, y no otra, es la razón por la que no aparece por ninguna parte Mojtaba Khamenei, el hijo del eliminado y inexplicablemente llamado «supremo» líder de la Revolución Islámica, Ali Khamenei; un Mojtaba que sigue seriamente herido y que no es más que una especie de marioneta, un muñeco de trapo en manos de lo más terrible, sanguinario y monstruoso de un régimen que ya lo es de por sí. Lo que teme la Guardia Revolucionaria es que, si se le inhabilita porque no tiene capacidad física o mental para ejercer el liderazgo, se vean abocados a la elección de un nuevo líder, con el riesgo cierto de que sea otra facción del régimen la que acabe ganando la partida y ellos perdiendo la influencia que hoy detentan.

A ese primer foco se suma, en cadena, la reapertura del frente hutí-saudí, con los ataques masivos de la milicia terrorista hutí contra Arabia Saudí y con su desfachatez de amenazar a las líneas aéreas del mundo entero para que no sobrevuelen el espacio aéreo saudí. No conviene olvidar que quien controla la costa desde la que se domina el estrecho de Bab el-Mandeb tiene la mano en una de las grandes arterias del comercio internacional. Y esto es, precisamente, lo que nos espera si no se le pone freno: si se le permite controlar el estrecho de Ormuz, el régimen sanguinario de los ayatolás y de la Guardia Revolucionaria volverá a controlar Oriente Medio y provocará más de una guerra nueva.

Y mientras el Golfo arde, un gran país europeo, el Reino Unido, se dispone a cambiar de piloto en plena tormenta: Andy Burnham ha asegurado el liderazgo laborista y camina, ya sin rival posible, hacia Downing Street. Tres noticias, un mismo hilo conductor —la orfandad de mando—: la de un Teherán en el que un halcón domina por la fuerza, pero no arbitra, y la de un Occidente que, con demasiada frecuencia, esconde la cabeza en la arena como el avestruz mientras el mundo se le incendia.

 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Ormuz, otra vez en llamas: la enésima violación del Memorando y el pulso interno de la Guardia Revolucionaria

Hechos

Estados Unidos ha ejecutado una tercera noche consecutiva de ataques contra Irán (12-13 de julio) en respuesta a nuevas agresiones del CGRI contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz. Según el Ministerio de Defensa de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), misiles de crucero iraníes alcanzaron dos petroleros emiratíes, el Mombasa y el Al Bahiyah, en el carril meridional del estrecho; el propio CGRI reconoció haber inutilizado a dos «petroleros infractores» por ignorar sus advertencias y apagar sus sistemas de navegación.

El presidente Trump ha reinstaurado el bloqueo a la navegación iraní y ha proclamado a Estados Unidos «Guardián del estrecho de Ormuz», exigiendo una tasa del 20 % sobre todo el cargamento que lo cruce; el ministro de Exteriores iraní, Abás Araghchi, replicó que Irán es el guardián del estrecho «para siempre» y que «el 20 % es demasiado; seremos justos». La Organización Marítima Internacional (OMI) rechazó de plano cualquier peaje. Las defensas de Baréin interceptaron ataques aéreos iraníes; Teherán golpeó con drones instalaciones estadounidenses en Kuwait y, con misiles balísticos, la base Prince Hassan en Jordania, derribó un dron MQ-1 y provocó explosiones en Bandar Abás, Kish, Qeshm y la isla de Abu Musa. En el plano interno, Mojtaba Khamenei no ha vuelto a aparecer en público desde el 28 de febrero y ni siquiera acudió al funeral de su padre; el Institute for the Study of War (Instituto para el Estudio de la Guerra, ISW) documentó ya el 21 de abril la fractura entre Vahidi, opuesto a negociar, y el presidente del Parlamento, Mohamed Bagher Ghalibaf, partidario del diálogo.

Implicaciones

Todo esto cobra pleno sentido a la luz de la paradoja del descabezamiento, que en su fase actual conviene precisar sin equívocos: Vahidi es ya, de facto, el primus inter pares del triunvirato del CGRI, pero un primus inter pares no es un árbitro absoluto al modo de Khamenei. Su primacía descansa en la fuerza, el miedo y el fanatismo, no en la autoridad ideológica, institucional y religiosa que permitía al viejo líder imponer disciplina interna y arrancar concesiones al aparato. Por eso la paradoja no se resuelve: se intensifica. El que prevalece es precisamente el más despiadado y brutal de los tres, de modo que puede pilotar y dominar la negociación, pero no puede —ni quiere— garantizar el cumplimiento. Un halcón dominante sin la autoridad legítima —ni la voluntad— para cumplir; de ahí la intermitencia caótica de Ormuz.

Es muy importante tener en cuenta que, para los estrategas perversos de la Guardia Revolucionaria, hay tres razones para tratar de hacer descarrilar el acuerdo de paz. La primera: la tensión permanente favorece sus tácticas y su estrategia a medio y largo plazo de hacerse con el poder absoluto en el régimen. Mientras siga la tensión y el enfrentamiento con Estados Unidos, la represión es mucho más fácil, el pueblo no va a poder manifestarse contra los abusos y la barbarie de este régimen sanguinario y, en consecuencia, es la situación ideal para ellos.

La segunda: con esto consiguen desmentir una y otra vez a Ghalibaf —que también es general de la Guardia Revolucionaria, pero al que desautorizan de manera constante—, al propio presidente de la república, Masoud Pezeshkian, y a ese ministro de Exteriores, Araghchi, al que utilizan como una veleta al viento, inconsistente pero igualmente fanático, y al que no entiendo por qué elogian tanto algunos medios internacionales. Estamos ante una batalla por el poder, y cada vez que alguno de sus negociadores intenta firmar algo, lo desmiente en el acto el uso de la fuerza por parte de la Guardia Revolucionaria.

Y la tercera, que es esencial subrayar: los barcos atacados por la Guardia Revolucionaria son aquellos que se han negado a pagar el dinero de la extorsión terrorista de este régimen sanguinario. Es un acto de racketeering (extorsión mafiosa organizada) en el más puro estilo de las mafias irlandesas de Boston, perfeccionado por la Cosa Nostra en Nueva York. Con ese dinero —que, como he dicho muchas veces, se calcula entre cien mil y doscientos mil millones de dólares— ya podemos imaginar para qué va a servir: no solo para armarse, sino para continuar su programa nuclear militar, para mejorar la carga y el alcance de sus misiles balísticos y perfeccionar su tecnología hipersónica y supersónica, y para financiar a los grupos terroristas que son sus proxies en la región. Hamás; Hizbulá —en el Líbano y en Siria, donde tratan de recuperar el poder o, al menos, de desestabilizar el régimen de Ahmed al Shara, porque la caída del sanguinario Bashar al Ásad fue un golpe durísimo para el régimen iraní—; y, por supuesto, esa otra pata terrorista de la zona que es la milicia hutí, que se presenta de manera incomprensible como el ejército legítimo del Yemen, cosa que no es: todos los elementos ofensivos, las armas, los misiles —tanto de crucero como balísticos— que ha empleado son de fabricación y origen iraníes.

Esto es lo que nos espera. Si se le permite controlar el estrecho de Ormuz, el régimen sanguinario de los ayatolás y de la Guardia Revolucionaria volverá a controlar Oriente Medio y provocará más de una guerra nueva. No es una hipótesis pesimista: es la lógica interna de una organización que ha hecho de la extorsión y del terror su forma de gobierno.

Perspectivas y escenarios

Escenario A (35 %) — Contención negociada. Bajo la presión militar estadounidense se restablece un alto el fuego frágil; el CGRI sigue cobrando de facto por el tránsito y Ormuz permanece semiabierto, con pasos intermitentes por el corredor que Irán impone al norte de la isla de Larak.

Escenario B (40 %) — Fractura sistémica contenida y persistente. Ni guerra total ni paz verdadera: ciclos de ataque y represalia que se prolongan durante meses. Vahidi conserva la tensión como herramienta de consolidación interna y Ormuz funciona de forma caóticamente intermitente. Es, a mi juicio, el desenlace más probable, porque es el que mejor sirve a los intereses del hombre que hoy manda en la Guardia.

Escenario C (25 %) — Escalada mayor. Un incidente con víctimas —un petrolero hundido, una base con muertos estadounidenses— desencadena una campaña norteamericana más amplia. El riesgo entonces no es la firmeza, que sería bienvenida, sino la ausencia absoluta de un plan para el día después si el régimen se pliega o hace implosión.

EEUU estrena tres drones Corsair y golpea la base naval iraní
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2. Los hutíes golpean Arabia Saudí y amenazan el cielo: el segundo estrangulamiento, el de Bab el-Mandeb

Hechos

El 13 de julio la milicia terrorista hutí atacó con misiles balísticos y drones el aeropuerto internacional de Abha, en el suroeste de Arabia Saudí; las defensas del reino interceptaron la andanada. La agresión responde a los ataques contra el aeropuerto de Saná —reivindicados por el gobierno yemení internacionalmente reconocido para impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba a una delegación hutí desde el funeral de Khamenei—, que los hutíes atribuyen a Riad. El portavoz militar de la milicia, Yahya Saree, advirtió a todas las aerolíneas del mundo contra el sobrevuelo del espacio aéreo saudí «hasta que se levante el bloqueo del aeropuerto de Saná». Es la mayor escalada en años y rompe de facto la fase de desescalada nacida de la tregua de 2022.

Implicaciones

No conviene perder de vista la geografía, porque lo explica casi todo: las posiciones de la milicia terrorista hutí están en la costa que controla el estrecho de Bab el-Mandeb, que une el golfo de Adén con el mar Rojo y da paso, a su vez, al canal de Suez. Por lo tanto, una respuesta seria de la comunidad internacional es sencillamente imprescindible. Lo que tenemos delante es un doble estrangulamiento simultáneo de dos de las grandes arterias del comercio mundial: Ormuz, por donde sale el petróleo del Golfo, y Bab el-Mandeb, puerta del mar Rojo y de Suez. Y la amenaza directa a la aviación civil supone, además, un salto cualitativo: internacionaliza el chantaje y lo lleva del mar al aire. Que nadie se engañe: todo el arsenal ofensivo de esta milicia es de fabricación y origen iraníes; es Teherán quien dispara por mano ajena.

Perspectivas y escenarios

Escenario A (35 %) — Contención por mediación. Omán y otros actores del Golfo reconducen la crisis y se restablece la calma tensa previa; la amenaza a las aerolíneas queda en advertencia sin ejecución sistemática.

Escenario B (40 %) — Guerra de temperatura variable en el mar Rojo. La milicia reanuda de forma intermitente sus ataques contra Arabia Saudí y contra el tráfico marítimo, sin llegar a una ofensiva total pero encareciendo seguros, fletes y rutas: un conflicto de baja resolución y alta destrucción que nadie puede ganar ni permitirse perder.

Escenario C (25 %) — Reactivación plena del frente yemení. El derribo de una aeronave civil o un impacto grave en suelo saudí precipita una respuesta contundente de Riad y de la coalición, con riesgo de reabrir en canal la guerra del Yemen.

 

3. El Reino Unido cambia de piloto: Burnham, camino de Downing Street

Hechos

Andy Burnham, el antiguo alcalde del Gran Mánchester, ha conseguido la victoria en el liderazgo del Partido Laborista. El 13 de julio alcanzó 349 avales de diputados laboristas —imposibilitando ya cualquier candidatura rival, que necesitaría el respaldo del 20 %—, y queda como único aspirante. Antes había ganado ampliamente la elección parcial de Makerfield, el 18 de junio, con casi 25.000 votos y una mayoría superior a 9.200, batiendo a Reform UK. Será proclamado líder en una conferencia especial el viernes 17 y jurará como primer ministro el 20 de julio.

Implicaciones

Burnham es un nombre muy exitoso en política; ha sido diputado ya antes y venía siendo víctima de una conspiración incomprensible por parte del ex primer ministro, sir Keir Starmer, que intentaba por todos los medios evitar que su máximo rival dentro del partido volviera a ser diputado. Lo que queda por ver es si Burnham tiene de verdad una hoja de ruta mínimamente coherente, estructurada y racional para sacar al Reino Unido del hondo hoyo en el que una sucesión interminable de gobiernos catastróficos, incompetentes y perfectamente inútiles lo han acabado metiendo: un agujero muy negro. Desde Cameron a Theresa May, a Boris Johnson, a Liz Truss, a Rishi Sunak y ahora a Starmer, todos ellos con una hoja de servicios lamentable, lamentable.

Y hoy el Reino Unido está en una situación verdaderamente delicada —económica, social, política e internacional—, con una influencia exterior menguante, pese a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad y potencia nuclear. Si a alguien le hubieran dicho hace apenas diez años que Londres iba a ser tan irrelevante en 2026, se habría reído en su cara. Solo espero que, además de discursos populistas facilones que prometen la luna y las estrellas, Burnham traiga de verdad un programa serio y estructurado de gobierno, que convenza a los mercados, que convenza a los electores y que estabilice la economía, la política y la proyección internacional del Reino Unido.

Perspectivas y escenarios

Escenario A (30 %) — Rebote de confianza. Burnham presenta un programa creíble, tranquiliza a los mercados y frena el sangrado electoral hacia Reform UK y los verdes; estabiliza la economía y recompone algo de proyección exterior.

Escenario B (40 %) — Luna de miel breve y desgaste. El carisma da oxígeno inicial, pero la aritmética presupuestaria y la fatiga del electorado devuelven pronto al laborismo a la travesía del desierto. Populismo facilón sin músculo reformista.

Escenario C (30 %) — Deriva y adelanto. La ausencia de un rumbo claro acelera el ascenso de Nigel Farage y precipita, antes de tiempo, un escenario de elecciones anticipadas con un Reino Unido aún más fracturado.

 

III. RACK DE MEDIOS

Panorámica de la cobertura por ámbitos. Los medios estatales iraníes y rusos se citan como síntoma, nunca como fuente.

Ámbito

Cabeceras de referencia

Línea dominante de cobertura

Anglosfera

NYT, Washington Post, WSJ, CNN, CBS, Fox, BBC, The Times, Telegraph, Reuters, AP

Foco en las tres noches de ataques y en la tasa del 20% de Trump; tono de alarma por el shock energético y el riesgo de guerra abierta.

Golfo y mundo árabe

Al Jazeera, Al Arabiya, The National, Asharq Al-Awsat, Arab News, Khaleej Times, Gulf News

Condena de los ataques iraníes a mercantes catarí, saudí y emiratíes; nitidez al calificar a los hutíes de milicia terrorista respaldada por Teherán.

Europa continental

Le Monde, Le Figaro, FAZ, Die Welt, Corriere della Sera, La Croix

Cobertura del doble estrangulamiento marítimo y de la misión naval franco-británica en Ormuz; inquietud por la inflación y el crudo.

Asia

South China Morning Post, Times of India, Yomiuri, Straits Times

Prioridad al impacto sobre el suministro energético a China e India, principales compradores del crudo que aún cruza el estrecho.

Estatales iraní y ruso (síntoma)

Press TV, IRNA, Fars · RT, TASS

Relato de «soberanía» sobre Ormuz y de «agresión» exterior; propaganda que justifica la extorsión y la represión. Síntoma, no fuente.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

Riesgo

Nivel

Lectura

Militarización y cierre intermitente de Ormuz

● ALTO

Shock energético directo y ataques a mercantes en curso.

Sucesión y orfandad de mando en Teherán

● ALTO

Vahidi domina por la fuerza pero no arbitra ni garantiza.

Frente hutí-saudí y amenaza a la aviación civil

● ALTO

Abha atacado; advertencia a las aerolíneas del mundo.

Contagio regional (Baréin, Kuwait, Jordania, EAU)

● MEDIO

Bases y territorio de aliados ya alcanzados por Irán.

Shock del crudo e inflación global

● MEDIO

El Brent repunta; presión sobre tipos y crecimiento.

Abdicación estratégica europea

● MEDIO

Presencia naval, sí; veto al sobrevuelo aliado, inaceptable.

Transición política en el Reino Unido

● BAJO

Relevo ordenado; incógnita sobre el rumbo de Burnham.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Permítanme empezar por donde más duele, sin rodeos. Es perfectamente legítimo que los países europeos no consideren que esta guerra contra Irán es suya y que no quieran participar en ella. Es mucho menos comprensible que no quieran ayudar a sus aliados en tiempos de guerra. Es hasta comprensible, si se me apura, que no dejen utilizar las bases militares de utilización conjunta. Pero lo que resulta sencillamente inaceptable es prohibir el sobrevuelo a los aviones militares estadounidenses. Y conviene refrescar la memoria: los franceses, en el peor momento del enfrentamiento del gobierno de Jacques Chirac —siendo ministro de Exteriores Dominique de Villepin— y a pesar de su oposición frontal a la segunda guerra de Irak, jamás negaron el sobrevuelo a las naves estadounidenses. Aquello era coherencia; lo de ahora, con perdón, es otra cosa.

El bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques contra el estrecho de Bab el-Mandeb, el mar Rojo y las instalaciones petroleras saudíes de su costa occidental no son el problema de nadie en particular: son un problema global y requieren una respuesta global. Y ya está bien de que las potencias occidentales escondan la cabeza en la arena como el avestruz. Es una vergüenza —no encuentro palabra más suave y no la buscaré— que no se afronte seriamente esta cuestión de una vez por todas.

Sea justo, además, quien deba serlo. Los planificadores políticos estadounidenses han patinado seriamente; no así los militares. Los ataques contra el régimen criminal de Teherán fueron muy exitosos, cuando las Fuerzas Armadas en su conjunto —porque no era sólo la Armada: era la fuerza aérea, era el Ejército de Tierra y la US Navy— batían de manera conjunta objetivos militares en Irán. Recordemos que, de una forma brillante, se emplearon medios contra carros, los aviones A-10 Thunderbolt, para luchar contra las lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria, y que aquellas que no conseguían hundir los A-10 las remataban los helicópteros de ataque Apache del ejército de tierra estadounidense. Ejecución impecable. El problema vino después.

Porque cuando el trabajo estaba casi finalizado, se empujó a los Estados Unidos a aceptar una tregua el 7 de abril, y eso ha dado tiempo a que la Guardia Revolucionaria reconstruya puntos de lanzamiento de misiles y de drones, rehaga una parte de su flota de lanchas rápidas —torpederas, misilísticas— y vuelva a plantar minas en el estrecho de Ormuz. Es la vieja ecuación que no me cansaré de repetir: en planificación y ejecución militar, un 10; en planificación geoestratégica, un 0. La esperanza sigue puesta en que el sistema y la sensatez de quienes rodean al presidente —el secretario de Estado Marco Rubio a la cabeza— acaben imponiéndose sobre la tentación de lo errático y del exabrupto.

Y hay una tarea concreta, inmediata, que la comunidad internacional no puede seguir eludiendo: tiene que investigar, sancionar y, si es necesario, enfrentar a penas de prisión a los propietarios y a los agentes que están intermediando entre los armadores que ceden ante el régimen criminal de Teherán, pagando una extorsión terrorista que va a servir para la financiación del terrorismo y de muchas muertes, no solo en la región, sino en el mundo entero. Quien paga el rescate alimenta al secuestrador; y quien mira hacia otro lado se convierte en cómplice.

Todo ello remite a un mal de fondo que vengo denunciando informe tras informe: la orfandad de mando. La de Teherán, donde Vahidi domina por la fuerza pero es incapaz de arbitrar y de garantizar; y la de una Europa mediocre y miope, incapaz de tomarse en serio su propia defensa, su propia seguridad y su propio destino. Un continente que presume de valores mientras se niega a pagar el precio de defenderlos no es un actor geopolítico: es un espectador de lujo que, además, se permite lecciones.

Y mientras el Golfo arde, el Reino Unido cambia de piloto. Ojalá Andy Burnham traiga consigo algo más que discursos populistas facilones prometiendo la luna y las estrellas: un programa serio y estructurado de gobierno que convenza a los mercados persuada a los electores y estabilice la economía, la política y la proyección internacional de un país que fue grande y que hoy, tras una sucesión interminable de gobiernos catastróficos, incompetentes y perfectamente inútiles, corre el riesgo de la pura irrelevancia. La democracia liberal representativa —en la que creo sin fisuras— se defiende también así: con gobiernos competentes que no confundan el relato con la gestión.

Para terminar, lo esencial, porque nombrar bien las cosas es el primer deber del analista. El régimen oligárquico-yihadista de los ayatolás y de su Guardia Revolucionaria no cobra un impuesto a cambio de proteger la navegación: cobra por no matar. No estamos ante un Estado que ejerce su soberanía sobre un estrecho, sino ante una gigantesca organización criminal que ha convertido una de las grandes arterias del mundo en su particular territorio de extorsión. Y esto tiene un nombre, con todas sus letras: terrorismo de Estado. Cuanto antes lo asuma Occidente, menos caro le saldrá.

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