Trump amenaza con arrasar puentes y centrales de Irán en horas

El presidente estadounidense condiciona la destrucción de infraestructuras estratégicas y del complejo nuclear de Pickaxe Mountain a que Teherán acepte un acuerdo inmediato.

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Donald Trump ha elevado la presión sobre Irán con una amenaza directa contra sus principales infraestructuras. El presidente de Estados Unidos asegura que podría destruir la mayoría de los grandes puentes iraníes en menos de dos horas y dejar fuera de servicio sus centrales eléctricas en un solo día.

Washington sostiene que conserva una posición militar dominante, pero mantiene abierta una última puerta diplomática. «Si puedo evitar hacerlo, me gustaría evitarlo», declaró Trump durante una entrevista telefónica con Fox News. El mensaje, sin embargo, contiene un ultimátum inequívoco: Teherán debe pactar o afrontar una nueva escalada.

Un ultimátum contra la infraestructura iraní

Trump presenta los ataques sobre puentes y plantas energéticas como una medida que todavía puede evitarse. No obstante, la precisión temporal de su advertencia convierte la declaración en algo más que retórica: Washington quiere demostrar que dispone de capacidad para paralizar rápidamente la movilidad, la producción y el suministro eléctrico del país.

Estados Unidos ya había advertido durante julio de que ampliaría sus objetivos si Irán no regresaba a las negociaciones. El Pentágono ha concentrado hasta ahora sus operaciones en instalaciones militares, sistemas de defensa costera y capacidades relacionadas con misiles y drones. La inclusión de infraestructuras civiles o de doble uso elevaría de forma sustancial el coste económico y humanitario del conflicto.

Electricidad y puentes como instrumentos de presión

Las centrales eléctricas constituyen uno de los puntos más vulnerables de cualquier economía moderna. Su destrucción afectaría a hospitales, sistemas de agua, telecomunicaciones, industria y transporte. Los puentes, por su parte, resultan esenciales para desplazar mercancías, combustible y unidades militares dentro de un territorio de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados.

Lo más grave es que Trump ha vinculado explícitamente estos objetivos con el resultado de las negociaciones. «Saben que voy a hacerlo si no alcanzan un acuerdo», afirmó. La estrategia busca convertir la superioridad militar estadounidense en una herramienta negociadora, aunque también incrementa el riesgo de represalias iraníes sobre instalaciones energéticas, bases estadounidenses o tráfico marítimo regional.

Pickaxe Mountain entra en la ecuación

El presidente también se refirió a Pickaxe Mountain, nombre utilizado para identificar un complejo subterráneo próximo a Natanz. Trump aseguró que el enclave «no es un gran problema», pero advirtió de que Estados Unidos tendrá que destruirlo si fracasa la vía diplomática.

Según la información difundida sobre el emplazamiento, Washington sospecha que allí podrían almacenarse cerca de 970 libras —unos 440 kilogramos— de uranio enriquecido. Sin embargo, el Organismo Internacional de Energía Atómica no ha inspeccionado el complejo, por lo que persisten dudas sobre el material existente y la actividad desarrollada en su interior. Algunas estimaciones sitúan determinadas instalaciones a hasta 100 metros bajo tierra.

El precedente de los ataques nucleares

Trump volvió a defender que Estados Unidos ya destruyó las principales instalaciones nucleares iraníes. En junio de 2025, bombarderos B-2 estadounidenses atacaron Fordow y Natanz con bombas antibúnker, mientras misiles de crucero alcanzaron objetivos vinculados al programa nuclear en Isfahán.

Aquella operación dañó gravemente varias instalaciones, aunque las primeras evaluaciones no establecieron de forma concluyente que la capacidad nuclear iraní hubiese desaparecido por completo. La construcción de nuevos espacios subterráneos revela precisamente la dificultad de neutralizar un programa nuclear disperso mediante ataques puntuales. Pickaxe Mountain representa ahora esa incertidumbre: un objetivo profundo, protegido y todavía opaco.

El riesgo de una escalada regional

Atacar el sistema eléctrico iraní podría provocar una reacción en cadena en Oriente Próximo. Teherán conserva capacidad para responder mediante misiles, drones, aliados regionales o acciones contra la navegación en el estrecho de Ormuz, paso estratégico para una parte sustancial del comercio mundial de petróleo.

Las amenazas coinciden con nuevas gestiones diplomáticas y con el intento estadounidense de reducir las agresiones contra buques comerciales. Trump ha planteado incluso destruir un puente o una central por cada ataque iraní contra un barco, una fórmula de represalia automática que estrecharía peligrosamente el margen para contener el conflicto.

Diplomacia bajo amenaza militar

La Casa Blanca combina ahora conversaciones indirectas, presión económica y amenazas de destrucción masiva de infraestructura. El diagnóstico es inequívoco: Trump pretende que Irán negocie desde una posición de debilidad, convencido de que la posibilidad de un ataque inmediato acelerará las concesiones.

Sin embargo, el cálculo puede producir el efecto contrario. Teherán podría interpretar cualquier acuerdo alcanzado bajo amenaza como una capitulación, dificultando su aceptación interna. El futuro inmediato dependerá de si ambas partes encuentran una fórmula sobre el enriquecimiento de uranio, la inspección de instalaciones y la seguridad marítima. Por ahora, la advertencia estadounidense deja una certeza: la red energética iraní y Pickaxe Mountain se han convertido en las principales piezas de negociación.

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