El sur de Yemen fuerza un referéndum secesionista en dos años

El líder del Consejo de Transición del Sur abre un periodo de transición hacia una consulta sobre la independencia que amenaza con redibujar el mapa político y de seguridad de la península arábiga

Aidarus al Zubaidi, líder del Consejo de Transición del Sur de Yemen, durante su declaración televisada sobre el referéndum de independencia.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Yemen en la Encrucijada: Separatistas del Sur Anuncian Referéndum de Independencia

El pulso político en Yemen entra en una nueva fase. Aidarus al Zubaidi, líder del Consejo de Transición del Sur (CTS), ha anunciado un periodo de transición de dos años que culminará en un referéndum sobre la independencia del sur del país. No se trata de un gesto simbólico: el movimiento consolida sobre el terreno una fractura norte-sur que nunca llegó a cerrarse desde la unificación de 1990 y que la guerra civil ha vuelto a agrandar. El anuncio llega en un momento de fragilidad institucional extrema, con estructuras estatales debilitadas, presencia de actores armados no estatales y una fuerte implicación de potencias regionales. En una declaración televisada, al Zubaidi presentó el proceso como el “derecho del pueblo del sur a decidir su destino”, elevando la apuesta en un conflicto que ya dura casi una década.

Una declaración que reabre la fractura norte-sur

El anuncio del Consejo de Transición del Sur no surge en el vacío. Durante años, el sur yemení ha mantenido una identidad política propia, heredera de la experiencia de la antigua República Democrática Popular de Yemen, que existió como Estado independiente hasta finales de los años ochenta. La unificación de 1990 y la posterior guerra civil de 1994 dejaron un poso de agravios que nunca se resolvió del todo.

Con la guerra iniciada en 2015, esa fractura se ha reactivado. La ausencia de un Estado funcional en amplias zonas del país permitió al CTS hacerse fuerte en Aden y otras provincias sureñas, con sus propias fuerzas de seguridad y estructuras de gobierno de facto. La declaración de un periodo de transición de 24 meses es, en la práctica, la formalización política de una separación que ya se venía produciendo sobre el terreno.

Lo que cambia ahora es la ambición institucional del proyecto. El anuncio de un referéndum abre la puerta a la creación de un aparato administrativo “transitorio” en el sur, con capacidad para legislar, recaudar y negociar acuerdos, incluso aunque no exista reconocimiento internacional. Para el Gobierno internacionalmente reconocido en Saná y para los grupos del norte, el movimiento supone un desafío directo a la idea de Yemen como Estado único.

Un país marcado por guerras, unificación fallida y Estados en paralelo

Para entender el alcance de este giro, conviene recordar el contexto. Yemen arrastra desde hace años una de las crisis humanitarias más graves del mundo, con millones de personas necesitadas de ayuda y una economía devastada por el conflicto. La guerra ha fragmentado el territorio en múltiples zonas de control: los hutíes dominan buena parte del norte, el Gobierno reconocido mantiene presencia limitada, y el CTS y otros grupos se reparten porciones significativas del sur y del este.

A esta fragmentación territorial se suma una fragmentación institucional. Existen bancos centrales rivales, fuerzas armadas no integradas y sistemas fiscales paralelos, lo que dificulta cualquier intento de reconstruir un Estado unificado. En este contexto, el proyecto de al Zubaidi busca capitalizar el desgaste de la población sureña, que percibe que la promesa de la unidad no se ha traducido en seguridad, servicios básicos ni desarrollo económico.

La consecuencia es clara: el anuncio del referéndum no solo tiene una dimensión política, sino también socioeconómica. En un contexto de desempleo masivo, infraestructuras dañadas y caída de los ingresos por hidrocarburos, el discurso de “recuperar el control de los recursos propios del sur” gana atractivo. La unificación, que se planteó como solución, aparece ahora para muchos en el sur como parte del problema.

Emiratos Árabes, Riad y Teherán: el tablero regional en Yemen

El papel de Emiratos Árabes Unidos (EAU) es uno de los elementos más sensibles del nuevo movimiento. El CTS ha recibido durante años un apoyo militar, financiero y político significativo de Abu Dabi, que ve en el sur yemení una pieza clave para proteger rutas marítimas estratégicas y proyectar influencia en el mar Rojo y el océano Índico. Ese respaldo ha permitido al Consejo consolidar fuerzas de seguridad relativamente mejor equipadas que otros actores locales.

Sin embargo, la implicación emiratí no es la única. Arabia Saudí, aliada tradicional del Gobierno reconocido y actor central de la coalición militar en Yemen, tiene sus propios intereses en mantener cierta unidad territorial que evite un vacío de poder en su frontera sur. Al mismo tiempo, Irán mantiene vínculos con los hutíes en el norte, lo que añade otra capa de rivalidad regional.

La consecuencia es un tablero de múltiples niveles: las decisiones que se tomen en Aden no solo responden a dinámicas internas, sino también a cálculos externos sobre puertos, oleoductos, bases militares y control de estrechos estratégicos. La declaración de al Zubaidi sitúa a EAU, Riad y Teherán ante un escenario en el que cualquier movimiento puede interpretarse como un cambio de equilibrio más allá de Yemen.

Un referéndum en dos años: riesgos prácticos y legales

El anuncio de un periodo de transición de dos años hacia un referéndum abre más interrogantes que certezas. Desde el punto de vista práctico, organizar una consulta en un contexto de guerra intermitente, desplazamientos masivos y ausencia de censo fiable plantea desafíos enormes. La definición de quién tiene derecho a voto —residentes actuales, desplazados internos, diáspora— será por sí sola una fuente de conflicto.

En el plano legal, el choque con el ordenamiento yemení y con la narrativa de la “unidad nacional” será frontal. El Gobierno reconocido previsiblemente considerará el referéndum como inconstitucional, mientras que el CTS lo presentará como ejercicio de autodeterminación. La comunidad internacional, tradicionalmente cautelosa ante procesos secesionistas en contextos de guerra, se enfrentará al dilema de cómo interactuar con unas autoridades sureñas que podrían reclamar una legitimidad plebiscitaria aunque no logren reconocimiento formal.

Además, la transición no se producirá en el vacío. La posibilidad de que actores armados opuestos al proyecto —ya sean del norte o rivales locales en el sur— traten de boicotear o influir en el proceso por la fuerza es real. El calendario de dos años puede convertirse, en la práctica, en un periodo de intensa competencia política y militar por el control de instituciones, recursos y territorios clave.

Economía, puertos y petróleo: lo que está en juego en el sur

Más allá de la identidad y la representación política, el sur de Yemen concentra activos económicos estratégicos. En su territorio se ubican puertos clave como Aden y zonas cercanas a algunos de los principales yacimientos de petróleo y gas del país, así como instalaciones de exportación. En un contexto de caída generalizada del PIB yemení, la capacidad de controlar estos activos se convierte en una cuestión de supervivencia para cualquier entidad política.

Para el CTS, la narrativa es clara: un Estado del sur podría gestionar directamente ingresos por hidrocarburos, tasas portuarias y ayuda internacional, sin lo que perciben como intermediación ineficiente o corrupta de estructuras centrales. Para el resto de Yemen, la secesión podría suponer la pérdida de una parte crucial de sus fuentes de divisas y de acceso al mar.

Los puertos del sur están además en la intersección de rutas comerciales por las que circula un volumen significativo del comercio mundial. Cualquier escalada de tensión que afecte a esas rutas —mediante ataques, bloqueos o controles adicionales— tendría consecuencias que trascienden a Yemen y alcanzarían a armadores, aseguradoras y grandes exportadores de la región. El debate sobre el referéndum es, en gran medida, también un debate sobre quién controla esas infraestructuras en los próximos años.

Reacción internacional: apoyos implícitos, silencios y líneas rojas

La reacción de la comunidad internacional ante el anuncio de al Zubaidi es, por ahora, cautelosa. Los principales actores implicados en los intentos de mediación en Yemen han insistido en la necesidad de mantener el diálogo político intra-yemení y evitar decisiones unilaterales que puedan dinamitar los frágiles avances logrados en algunos frentes de negociación.

No obstante, en la práctica, muchos países y organizaciones ya han interactuado de facto con las autoridades del sur en cuestiones de seguridad marítima, ayuda humanitaria y coordinación logística, lo que otorga al CTS una legitimidad funcional aunque no formal. Es previsible que en los próximos meses se multipliquen las declaraciones ambiguas que, sin reconocer el derecho a la secesión, llamen a tener en cuenta las “aspiraciones legítimas” de la población del sur.

Al mismo tiempo, hay líneas rojas difíciles de cruzar: el reconocimiento formal de un Estado independiente en el sur de Yemen, sin un acuerdo amplio y sin el cierre de la guerra en el norte, chocaría con la doctrina tradicional de muchos Estados sobre integridad territorial. Esa tensión entre pragmatismo sobre el terreno y principios declarados marcará gran parte de la diplomacia en torno al dosier yemení.

Tres escenarios tras la consulta: independencia, statu quo reforzado o nuevo ciclo de conflicto

A partir del anuncio del referéndum, se abren varios escenarios posibles para los próximos años. El primero sería la consolidación de un Estado independiente en el sur, con algún tipo de acuerdo —explícito o implícito— con el norte y con los actores regionales, que permitiera gestionar fronteras, recursos y seguridad marítima. Este escenario requeriría un alto grado de coordinación y compromisos mutuos difíciles de alcanzar a corto plazo.

Un segundo escenario es el de un referéndum celebrado pero no reconocido internacionalmente, que funcione como herramienta de presión política más que como paso jurídico definitivo. En ese caso, el sur podría operar como un cuasi-Estado, mientras el resto de actores mantiene la ficción de la unidad formal de Yemen.

El tercer escenario, más negativo, sería el de un nuevo ciclo de conflicto abierto en torno al propio proceso de consulta: disputas sobre la organización del censo, control de zonas de votación, acusaciones de fraude y respuestas armadas podrían reavivar frentes que hoy están relativamente congelados. La sombra de la incertidumbre domina el horizonte mientras Yemen afronta este momento decisivo, con un reloj de dos años que ya ha empezado a correr.

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