Las Bolsas europeas caen un 1% mientras Davos mira a Trump
La renta variable europea volvió a tropezar este martes, con descensos cercanos al 1% en los principales índices, en una jornada marcada por un cóctel incómodo para los inversores: amenazas de nuevos aranceles desde Washington, dudas sobre Groenlandia, un Davos cargado de mensajes políticos y una batería de datos macro que invita más a la prudencia que al optimismo. El DAX alemán llegó a caer en torno al 0,76%, el CAC 40 francés retrocedía cerca del 0,8% y el Euro Stoxx 50 rondaba descensos del 0,6%, con valores industriales y de lujo a la cabeza de las pérdidas. Solo el FTSE 100 británico logró aguantar durante unos minutos el tipo antes de girarse también a la baja. Al fondo, un viejo fantasma: la posibilidad de una nueva guerra comercial entre Estados Unidos y Europa, esta vez con el vino francés, el champán y hasta Groenlandia como detonantes.
Un arranque de sesión teñido de rojo
La jornada ya venía torcida desde la preapertura. Los futuros europeos apuntaban a descensos moderados y, una vez sonó la campana, el movimiento se consolidó. El DAX alemán abría con caídas superiores al 0,7%, arrastrado por grandes industriales como Siemens, que llegó a dejarse más de un 2% en los primeros compases de la sesión. El Euro Stoxx 50 se movía en la misma dirección, con descensos en torno al 0,6%, mientras que el CAC 40 francés profundizaba los números rojos hasta casi el 0,8%, castigado por el sector del lujo, donde Kering llegó a retroceder más de un 2,3%.
El FTSE 100 británico ofreció un breve espejismo de resistencia, con avances de apenas un 0,1% en los primeros minutos que se desvanecieron rápidamente a medida que los inversores procesaban los mensajes políticos y los datos macro de la mañana. Valores financieros y compañías de infraestructuras también se sumaron al tono negativo, reflejando un clima de risk-off más amplio. Este inicio de jornada confirma un patrón que lleva semanas repitiéndose: cualquier atisbo de volatilidad geopolítica se traduce en ventas aceleradas en Europa, especialmente en los sectores más expuestos al comercio internacional.
Datos macro que alimentan la cautela
Más allá del ruido político, el fondo macroeconómico tampoco invitaba al entusiasmo. Los inversores seguían muy de cerca las cifras de PPI alemán, el índice de precios de producción, clave para anticipar la trayectoria de la inflación industrial en la mayor economía europea. Un dato más débil de lo previsto refuerza la idea de una desaceleración en la demanda global; un dato demasiado fuerte, en cambio, alimenta el temor a que la inflación se resista a desaparecer, complicando la hoja de ruta del Banco Central Europeo.
En paralelo, el mercado escrutaba los índices de sentimiento económico ZEW para Alemania y el conjunto de la zona euro, un termómetro adelantado de la confianza de analistas e inversores institucionales. A ello se sumaban las cifras de precios de producción en Suiza, la balanza comercial de España y los datos de desempleo en el Reino Unido, que sirven para calibrar la fortaleza relativa de las diferentes economías del continente.
La consecuencia es clara: con tantos indicadores clave concentrados en una sola jornada, las mesas de negociación optaron por reducir riesgo a la espera de una foto más nítida. En este contexto, cualquier titular político disruptivo actúa como catalizador de ventas, no como simple ruido.
Trump, el vino francés y la nueva guerra comercial
Lo más llamativo de la jornada no fue, sin embargo, un dato macro, sino un mensaje político. El presidente estadounidense, Donald Trump, deslizó la posibilidad de imponer aranceles del 200% al vino y al champán franceses, en respuesta a la negativa de París a participar en su llamado Board of Peace. Más allá de la retórica, el mensaje se interpretó como un aviso directo a uno de los sectores más emblemáticos de la economía francesa y un ataque frontal al corazón del mercado único europeo.
El episodio llega después de que Washington haya amenazado con sanciones a otros ocho países europeos en el marco de una disputa diplomática en torno a Groenlandia. La combinación de ambos frentes dibuja un escenario incómodo para Bruselas: o cede ante la presión bilateral de la Casa Blanca o activa su “bazuca comercial”, como reclama Francia, con medidas de represalia coordinadas desde la UE.
El diagnóstico es inequívoco: se reabre la lógica del intercambio de golpes arancelarios que ya lastró el comercio global en la pasada década. Y, como entonces, los primeros en descontarlo son los mercados bursátiles.
Groenlandia reabre la batalla geopolítica en Europa
El contencioso sobre Groenlandia, que parecía un capítulo casi anecdótico en el tablero internacional, ha adquirido una dimensión inesperada. Las aspiraciones de Trump sobre el territorio, formalmente vinculado a Dinamarca pero con gran relevancia estratégica y de recursos naturales, han generado fricciones abiertas con varios socios europeos. La amenaza de penalizar a ocho países por alinearse con Copenhague no se queda en el terreno simbólico: introduce un elemento de incertidumbre en las cadenas de suministro energéticas, mineras y logísticas que atraviesan el Ártico y el Atlántico Norte.
Este hecho revela hasta qué punto la geopolítica se ha convertido en un factor de riesgo estructural para los mercados europeos. Empresas de defensa, astilleros, navieras y grupos energéticos con exposición al Ártico podrían verse atrapados en una dinámica de sanciones cruzadas difícil de gestionar. El contraste con otras regiones, como Asia-Pacífico, donde los conflictos comerciales se encauzan de forma más discreta, resulta demoledor para la percepción de Europa como zona estable y predecible.
Para los inversores, el mensaje es incómodo: incluso activos considerados tradicionalmente defensivos en Europa ya no están inmunes al ruido político. Y eso se traduce en primas de riesgo crecientes y múltiplos bursátiles más bajos que en otras grandes regiones.
Davos bajo la sombra del conflicto
El arranque del Foro Económico Mundial de Davos tampoco ha traído el bálsamo que muchos esperaban. La presencia de líderes como Ursula von der Leyen, el vicepresidente chino He Lifeng, el presidente francés Emmanuel Macron, el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent y el primer ministro canadiense Mark Carney dibuja un escenario ideal para rebajar tensiones. Pero el clima que se respira, según fuentes financieras desplazadas al encuentro, es bastante menos constructivo de lo que sugiere la foto oficial.
Mientras se multiplican las mesas redondas sobre desglobalización, seguridad económica y transición energética, el caso Groenlandia y las amenazas arancelarias vuelven una y otra vez a los pasillos del congreso. “El foro de Davos se ha convertido en un barómetro de riesgos más que en un motor de consensos”, resume un gestor europeo.
La consecuencia inmediata es que los inversores escuchan con más atención las señales de confrontación que las promesas de cooperación. Incluso anuncios positivos sobre inversión verde o digitalización quedan eclipsados por la posibilidad de que nuevas barreras comerciales erosionen el crecimiento europeo en entre 0,3 y 0,5 puntos de PIB anual si el choque se intensifica, según cálculos de varias casas de análisis.
Monedas fuertes, exportadores en guardia
En este contexto de nerviosismo, la reacción en el mercado de divisas añade otra capa de complejidad. El euro llegaba a apreciarse en torno a un 0,4% frente al dólar, hasta niveles cercanos a los 1,17 dólares, mientras que la libra esterlina avanzaba alrededor de un 0,4%, situándose en el entorno de los 1,35 dólares. Sobre el papel, una moneda más fuerte refleja cierta confianza en la resiliencia europea. En la práctica, supone un problema adicional para los grandes exportadores del continente, justo cuando se abren nuevos frentes tarifarios.
Para sectores como el lujo francés, la automoción alemana o la maquinaria industrial italiana, un euro consolidado por encima de determinados umbrales encarece sus productos en Estados Unidos y otros mercados clave. El contraste con la década posterior a la crisis financiera, cuando un euro más débil ayudó a impulsar las exportaciones, es evidente.
Si a esta presión se suma la amenaza de aranceles específicos del 200% sobre productos emblemáticos como el vino o el champán, el riesgo para los márgenes corporativos se multiplica. Los analistas ya empiezan a revisar a la baja sus previsiones de beneficios para 2026 en empresas con una exposición a Estados Unidos superior al 30% de sus ventas.
