El desplome del Kospi ensombrece el rebote manufacturero asiático
La sesión asiática de este lunes ha lanzado un mensaje incómodo para los inversores: la buena noticia del rebote manufacturero ha venido acompañada de caídas en casi todas las bolsas de la región. Mientras los índices de actividad fabril apuntan a una expansión más sólida en China, Japón y Corea, los parqués descuentan un escenario de tipos más altos durante más tiempo y márgenes empresariales presionados. El Nikkei 225 avanzaba un 0,26%, pero era la excepción en un mapa claramente teñido de rojo: el Kospi surcoreano se desplomaba un 3,11%, el Hang Seng cedía un 1,76%, y en la China continental el Shanghai Composite y el Shenzhen Composite retrocedían un 0,73% y un 0,36%, respectivamente. Australia tampoco escapaba al ajuste, con el S&P/ASX 200 cayendo un 0,97%, mientras el dólar se fortalecía un 0,17% frente al yen, hasta los 155,01 yenes, reavivando la presión sobre el Banco de Japón.
Un rebote industrial lleno de sombras
Los datos que han encendido la sesión llegan de los índices PMI de manufacturas. El indicador privado de actividad fabril en China habría subido en enero hasta 50,3 puntos, desde 50,1 en diciembre, su nivel más alto desde octubre, y por encima del umbral de 50 que separa expansión de contracción. En términos estrictos, es una mejora ligera, pero simbólicamente relevante: sugiere que el motor industrial asiático vuelve a ganar algo de tracción gracias a las exportaciones.
El movimiento no se limita a China. Japón habría visto cómo su PMI manufacturero escalaba hasta el entorno de 51,5 puntos, máximo de casi tres años y medio, apoyado en pedidos procedentes de Estados Unidos y Taiwán. Corea del Sur, por su parte, marcaría un PMI cercano a 51,2, su mejor lectura desde mediados de 2024.
Sobre el papel, este cuadro parece inequívoco: Asia manufacturera entra en 2026 con una expansión sincronizada, impulsada por la demanda global y el boom inversor vinculado a la inteligencia artificial. Sin embargo, lo más revelador es que las bolsas no lo celebran. La reacción inmediata ha sido de recogida de beneficios, rotación hacia valores defensivos y refuerzo del dólar. La consecuencia es clara: el mercado empieza a temer que un crecimiento más sólido llegue acompañado de tipos más altos y menos complacencia de los bancos centrales.
China: PMI al alza, confianza bursátil a la baja
El caso chino ilustra mejor que ningún otro la paradoja del día. Mientras el PMI manufacturero privado se situaría en torno a 50,3 puntos, indicando la expansión más rápida en tres meses, el dato oficial se quedaría por debajo, todavía en zona contractiva, en torno a 49,3 puntos. Esta divergencia refleja un patrón que se repite desde hace meses: las empresas exportadoras, más dinámicas y orientadas al exterior, resisten mejor que el tejido ligado al consumo interno.
Los informes apuntan a un repunte de nuevos pedidos, especialmente del exterior, y al primer aumento de empleo industrial en varios meses. Pero también señalan un encarecimiento de los costes de insumos —sobre todo metales industriales— y una confianza empresarial que se enfría.
En paralelo, la renta variable continental amanece en rojo. El Shanghai Composite y el Shenzhen Composite retroceden pese al aparente buen dato, mientras el Hang Seng en Hong Kong pierde casi un 2%. La lectura del mercado es contundente: «el PMI sugiere que el sector exportador aguanta, pero no despeja las dudas sobre el consumo, la vivienda ni la deuda local», resume un gestor asiático.
Este hecho revela la fractura del relato oficial: sí hay crecimiento, pero vuelve a apoyarse en el sector exterior y no en la demanda interna que Pekín asegura querer reequilibrar. Para los inversores globales, eso se traduce en volatilidad recurrente y primas de riesgo más altas para la bolsa china.
Japón y Australia toman aire mientras Corea se hunde
El contraste dentro de la propia sesión asiática también es llamativo. Japón aparece como el gran beneficiado del día, con un Nikkei 225 avanzando un 0,26% a media sesión, apoyado en el mejor dato manufacturero desde 2022 y en la expectativa de que la debilidad estructural del yen siga favoreciendo a sus exportadores.
Australia, en cambio, se mueve en dirección opuesta: el S&P/ASX 200 cae cerca de un 1%, lastrado por el ajuste en materias primas y por la idea de que un ciclo manufacturero más potente en Asia pueda obligar al banco central australiano a mantener un sesgo restrictivo durante más tiempo.
Lo más grave, sin embargo, está en Seúl. El Kospi se desploma más de un 3%, a pesar de que el PMI manufacturero surcoreano marca también máximos de casi año y medio. La explicación está menos en los datos macro y más en la micro: las grandes tecnológicas y fabricantes de chips, que habían descontado ya un escenario casi perfecto para 2026, sufren una corrección abrupta.
El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras en Europa y Estados Unidos los índices siguen apoyados en una narrativa de “aterrizaje suave”, en Asia el mercado empieza a preguntarse si no está sobrepagando el rebote industrial. «Un PMI en expansión es una condición necesaria, pero no suficiente, para justificar las valoraciones actuales», advierte otro analista regional.
El dólar fuerte vuelve a poner contra las cuerdas al yen
En el frente de divisas, la sesión ha tenido un protagonista silencioso: el dólar. La moneda estadounidense se apreciaba en torno a un 0,17% frente al yen, hasta los 155 yenes por dólar, un nivel que sitúa de nuevo a la divisa japonesa en zona incómoda para el Banco de Japón.
Este movimiento no es menor. Un yen debilitado impulsa los beneficios de las grandes exportadoras niponas, pero encarece las importaciones energéticas y alimenta tensiones inflacionistas en una economía que, por primera vez en décadas, ha conseguido salir de la deflación. El dilema para el banco central es evidente: endurecer la política monetaria para frenar la depreciación, a riesgo de ahogar el incipiente rebote manufacturero, o tolerar un yen débil que erosiona el poder adquisitivo doméstico.
En paralelo, la fortaleza del dólar actúa como recordatorio de que la Reserva Federal sigue siendo el ancla del sistema financiero global. Mientras el mercado lee los PMIs asiáticos como una señal de crecimiento resistente, también empieza a descontar que la Fed podría retrasar o moderar los recortes de tipos. La consecuencia es clara: el coste de capital en dólares se mantiene elevado, lo que penaliza a las economías y empresas más endeudadas en la moneda norteamericana, muchas de ellas precisamente en Asia.
La lectura global y el mapa económico de 2026
El telón de fondo de esta sesión es un cambio sutil pero importante en el diagnóstico global. Los principales organismos internacionales han revisado al alza sus previsiones de crecimiento para 2026, apoyándose en la moderación del impacto de las tensiones comerciales y en el boom inversor en inteligencia artificial y digitalización avanzada.
Los datos de PMI refuerzan esa narrativa: Taiwán, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam también muestran lecturas manufactureras en zona de expansión, consolidando la imagen de una Asia que entra en el año con tracción industrial. Sin embargo, el mercado no compra un optimismo sin matices. La combinación de demanda sólida, precios de materias primas al alza y mercados laborales tensos apunta a una posible segunda vuelta inflacionista en determinados segmentos.
El diagnóstico es inequívoco: el riesgo ya no es solo un frenazo económico, sino también que el rebote se traduzca en un nuevo tramo de presión sobre precios y tipos. Para Europa y, en particular, para España, esto implica que las expectativas de un rápido abaratamiento de la financiación podrían verse frustradas si la economía global sorprende al alza. Lo que hoy se juega en las fábricas asiáticas se trasladará, con pocos meses de retraso, a las decisiones del BCE y a las condiciones de crédito en la periferia europea.