Petróleo, oro, Dow Jones y S&P 500 ante la captura de Maduro de la pasada noche
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en una operación militar que, según la Casa Blanca, se saldó con éxito y abre la puerta a que el líder venezolano “sea juzgado” en territorio estadounidense.
El movimiento, que los mercados no descontaban plenamente —las apuestas en la plataforma Kalshi daban apenas un 13% de probabilidad a la salida de Maduro antes de febrero—, llega en un momento de fuerte sensibilidad a los riesgos geopolíticos.
Aunque la operación se desarrolló en fin de semana, los operadores miran ya hacia el lunes con una pregunta clave: qué puede pasar con el petróleo, los tipos de interés y los grandes índices bursátiles, empezando por el S&P 500, que cae un 1% en la última semana pero avanza un 15% en los últimos 12 meses.
El primer impacto se medirá en el crudo, con analistas apuntando a recortes iniciales de en torno al 4% en los precios, y luego en activos como el oro, los bonos del Tesoro y las criptomonedas, que se mantuvieron sorprendentemente estables durante la operación.
Un ataque relámpago con eco en los mercados
La captura de Maduro se produce tras una operación rápida y focalizada sobre objetivos en Venezuela, con un resultado que la administración Trump presenta como “éxito total” y que, en términos de mercado, tiene una lectura inmediata: cambio potencial en el régimen de uno de los países con mayores reservas de crudo del mundo.
La novedad no es que hubiera tensión entre Washington y Caracas —las sanciones y acusaciones de narcoterrorismo llevan años sobre la mesa—, sino que se haya materializado una acción militar con desenlace tan contundente. La rapidez de la operación y la ausencia, por ahora, de guerra abierta reducen el típico movimiento de refugio masivo en oro y dólar que suele acompañar a los conflictos de mayor duración.
Aun así, el episodio introduce un factor de incertidumbre estructural: quién controlará la producción de petróleo de Venezuela, bajo qué condiciones contractuales y con qué calendario de inversiones. Esos tres vectores son los que los mercados tratarán de incorporar a precios en las próximas sesiones, con especial atención a futuros de crudo, deuda soberana emergente e índices que concentran compañías energéticas.
El petróleo, primer termómetro de la captura
El foco inmediato de los inversores estará en el mercado de crudo. Los contratos de referencia, WTI (CL00) y Brent (BRN00), llegan a este episodio tras perder en torno a un 22% en los últimos 12 meses, en un contexto de preocupaciones por el crecimiento global y oferta abundante en varios productores.
Un cambio de régimen en Venezuela se interpreta, en primera instancia, como la antesala de mayor oferta futura. Un informe de Wood Mackenzie citado por MarketWatch estimaba que, con mejoras de seguridad jurídica e inversiones relevantes en infraestructura, la producción venezolana podría elevarse hasta 2 millones de barriles diarios en uno o dos años. A partir de ahí, haría falta casi una década y varios miles de millones de dólares adicionales para sumar unos 500.000 barriles diarios extra.
En el muy corto plazo, el analista Ed Finley-Richardson, especialista en tráfico de petroleros, estima que el anuncio podría provocar una caída inicial de en torno al 4% en los precios cuando reabra el mercado. Su argumento: el simple horizonte de un suministro más estable y previsible desde Venezuela reduce la prima de riesgo geopolítico, especialmente en el segmento de crudos pesados que consumen algunas refinerías estadounidenses.
El efecto no será homogéneo:
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Para refinerías de EE UU adaptadas al crudo pesado venezolano, un futuro con menos restricciones es potencialmente positivo.
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Para productores de petróleo pesado en Canadá, la competencia adicional podría ser un factor de presión sobre márgenes.
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Para el conjunto del mercado, el impacto dependerá de hasta qué punto las expectativas de aumento de producción se consideran realistas, dada la situación actual de las infraestructuras venezolanas.
Producción venezolana: expectativas frente a realidad
Más allá del titular, el mercado tendrá que valorar cuánto y cuándo puede aportar Venezuela a la oferta global de crudo. El país arrastra años de caída de producción, falta de mantenimiento, fuga de talento y sanciones financieras que han limitado tanto el acceso a tecnología como la capacidad de inversión.
Las estimaciones de hasta 2 millones de barriles diarios en un horizonte de uno o dos años parten de un escenario de:
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Estabilidad política mínima, que permita operar a empresas internacionales y a la propia petrolera estatal bajo nuevas condiciones.
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Alivio gradual de sanciones, ligado a cambios en la arquitectura institucional del país.
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Entrada de capital privado y mixto en proyectos clave, algo que exige certezas jurídicas y contractuales.
El riesgo para el mercado es sobreestimar la velocidad de esa recuperación. La historia reciente de otros productores con conflictos internos muestra que reconstruir capacidad no se hace de la noche a la mañana, incluso con voluntad política. Si las expectativas de aumento rápido de oferta se moderan con el tiempo, parte del movimiento bajista inicial en precios podría revertirse.
Por el contrario, si se confirma una hoja de ruta clara hacia una normalización progresiva y entrada de inversiones, el mercado podría ir incorporando una prima de oferta adicional, presionando a la baja los precios a medio plazo y afectando directamente a decisiones de producción de otros miembros de la OPEP+.
Oro, refugios habituales y bonanza previa
En otros episodios de tensión militar, el oro (GC00) suele actuar como activo refugio, con subidas rápidas ante la búsqueda de seguridad. En esta ocasión, el contexto de partida es distinto: el metal precioso ya ha subido alrededor de un 63% en el último año, impulsado por la combinación de tipos reales bajos, incertidumbre geopolítica generalizada y demanda de bancos centrales.
Con esa subida acumulada, el margen para un repunte adicional puramente asociado a la operación en Venezuela es más limitado. El carácter rápido y focalizado del ataque reduce, además, el miedo a una guerra extensa con implicaciones globales.
En paralelo, una caída del precio del petróleo derivada de expectativas de mayor oferta venezolana tiende a actuar en sentido contrario sobre algunos refugios:
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Menos presión inflacionista restaría argumentos a quienes ven en el oro una protección frente a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas.
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En el mercado de bonos del Tesoro estadounidense, un petróleo más barato puede reforzar la idea de inflación controlada, pero también alimentar el debate sobre el ritmo de recortes de tipos.
La semana anterior a la captura, el rendimiento del Treasury a 10 años subió en torno a 5 puntos básicos, reflejando un ajuste al alza en las expectativas de tipos. Si el mercado cree que el descenso del crudo aliviará las tensiones de precios, podría producirse un movimiento en sentido contrario —bajada de rendimientos, subida de precios—, aunque la reacción dependerá de muchos otros datos macroeconómicos.
S&P 500 y grandes índices: del susto al análisis fino
En lo que respecta a la renta variable, el S&P 500 (SPX) llega a esta noticia con un comportamiento mixto: caída del 1% en la última semana, pero subida del 15% en los últimos 12 meses. El hecho de que la operación militar se haya producido en fin de semana da tiempo al mercado para digerir la información antes de la apertura, lo que tiende a amortiguar movimientos puramente emocionales.
Los efectos sobre los índices pueden canalizarse por varios frentes:
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Energía: las petroleras integradas y las compañías centradas en exploración y producción pueden ver presión en cotización si el mercado descuenta precios más bajos de crudo a medio plazo.
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Servicios petroleros y de ingeniería: las perspectivas de reconstrucción de la infraestructura venezolana abren un posible nuevo campo de contratos para empresas globales del sector.
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Refinadoras estadounidenses con capacidad de procesar crudo pesado podrían ser percibidas como beneficiarias de un flujo más estable desde Venezuela.
En conjunto, los grandes índices como el S&P 500, el Dow Jones Industrial Average o el Nasdaq tienden a reaccionar de forma menos extrema que los activos directamente ligados al petróleo, salvo que el episodio de lugar a una crisis política global de mayor alcance, algo que el diseño actual de la operación no anticipa.
Criptomonedas: estabilidad en medio de la operación
Un dato observado por los analistas es que, durante la operación militar, el único mercado realmente abierto era el de criptomonedas. En ese segmento, bitcoin (BTCUSD) se mantuvo estable, sin grandes saltos de volatilidad asociados al anuncio.
Esa estabilidad puede interpretarse de dos maneras:
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Como indicio de que los operadores no ven en el episodio un cambio de régimen global de riesgo, sino un evento relevante pero acotado.
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Como señal de que, tras fuertes revalorizaciones previas, el mercado de criptoactivos está más guiado por factores internos (regulación, adopción, flujos especulativos) que por shocks geopolíticos puntuales.
En cualquier caso, la falta de reacción extrema en bitcoin contrasta con otros momentos de tensión internacional reciente, en los que se habían observado movimientos rápidos tanto al alza como a la baja. Para los gestores, este comportamiento refuerza la idea de que la captura de Maduro puede tener efectos sectoriales claros —energía, deuda emergente, divisas de países productores—, pero un impacto más moderado en el conjunto del apetito por riesgo.
Qué mira ahora el mercado: de Caracas a la inflación
En las próximas jornadas, la atención de los inversores se centrará en varios vectores:
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Confirmación de detalles sobre el destino de Maduro y la arquitectura política que se configure en Caracas.
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Señales desde Washington sobre eventuales cambios en el régimen de sanciones y sobre el grado de apoyo a un nuevo Gobierno venezolano.
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Indicaciones de compañías energéticas y de servicios sobre planes de inversión y operaciones en el país caribeño.
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Reacción de los precios del crudo, del oro, de los bonos del Tesoro y de índices como el S&P 500 una vez digerido el primer impacto.
El punto de equilibrio para los mercados será cómo combinar un posible aumento de oferta de petróleo a medio plazo —con su efecto sobre inflación y tipos— con el riesgo de una transición política compleja en un país clave para la geopolítica energética. La operación ha despejado una incógnita —la continuidad inmediata de Maduro—, pero ha abierto otras muchas sobre el modelo económico y político que emergerá en Venezuela y sobre su integración en los mercados internacionales.


