El Dow Jones cae un 0,58%, mientras crecen los sustos cripto, Trump demanda a JPMorgan por 5.000 millones y Nasdaq abre la puerta a derivados sin límites
La semana más caótica del año en la intersección entre finanzas tradicionales y criptoactivos se ha cerrado con un gesto de prudencia en Wall Street. El Dow Jones retrocedió un 0,58% en la sesión del viernes, mientras el S&P 500 apenas sumó un 0,03% y el Nasdaq Composite avanzó un 0,28%, reflejando un mercado que prefiere consolidar tras días de bandazos por Groenlandia, Irán y rumores de intervención del yen.
En paralelo, el sistema financiero ha encajado cuatro golpes de calado: la Fiscalía surcoreana ha perdido 47,7 millones de dólares en bitcoin por un phishing, Donald Trump ha demandado a JPMorgan por 5.000 millones, Nasdaq ha eliminado los límites de posición en opciones sobre ETF de Bitcoin y Ether y Capital One ha comprado Brex por 5.150 millones, con negocio de stablecoins incluido.
El resultado es un ecosistema en el que los riesgos de la nueva economía digital ya no viven en los márgenes, sino dentro de despachos de fiscales, salas de juntas bancarias y mesas de derivados. Y un cierre semanal que apunta menos a un cambio de tendencia que a una pausa táctica en un entorno crecientemente inestable.
Un cierre frío en Wall Street pese al rebote semanal
Los datos de cierre del viernes resumen el tono de la sesión: Nasdaq en verde moderado (+0,28%), S&P 500 prácticamente plano (+0,03%) y un Dow Jones a la baja (-0,58%), tras una semana marcada por el susto inicial de los aranceles de Trump a Europa por Groenlandia y la posterior marcha atrás del propio presidente.
El movimiento sectorial refuerza la lectura de cautela selectiva. El subsector de materiales (S5MATR) fue el mejor del S&P 500 con un avance cercano al 0,9%, beneficiado por el repunte de materias primas, mientras que financieras cerró como el peor grupo, con caídas en torno al 1,4%, lastradas por la combinación de tipos estabilizándose, curvas poco inclinadas y ruido regulatorio y político creciente.
En renta fija, el Treasury a 10 años dejó la rentabilidad en torno al 4,24%, apenas un par de puntos básicos por debajo de la víspera. El dólar se deslizó a la baja mientras el yen registraba un rally brusco ante rumores de “rate checks” por parte de las autoridades japonesas, un paso previo habitual a una intervención en divisas. “Nadie quiere llegar el lunes a la oficina y encontrarse que ha habido intervención nocturna”, resumía un analista de divisas, reflejando la sensación de que el mercado está reduciendo riesgo de forma preventiva.
En materias primas, el oro subió alrededor de un 1% y el crudo se disparó más de un 3%, en reacción a la advertencia de Trump de que una “armada” estadounidense se dirige hacia Irán, aunque el presidente confía en no tener que utilizarla. Como sintetizaba un estratega: “Oro fuerte, petróleo curiosamente alto y dólar débil es la foto típica de un mercado que empieza a descontar riesgo de intervención en Oriente Medio”.
Phishing millonario: la Fiscalía surcoreana pierde 47,7 millones en bitcoin
En el frente cripto, el episodio más sonrojante de la semana llega de Gwangju, donde la Fiscalía del distrito ha reconocido la desaparición de unos 47,7 millones de dólares en bitcoin previamente incautados a una red criminal. La causa: un ataque de phishing que habría engañado a un empleado para que introdujera credenciales en una web falsa, abriendo la puerta a los atacantes.
La ironía es evidente: la misma institución encargada de perseguir delitos relacionados con criptoactivos cae en la trampa más básica del manual, confirmando que el factor humano sigue siendo el eslabón débil del sistema. Las autoridades guardan silencio sobre cuándo se produjo la incautación original, qué volúmenes exactos están comprometidos y en qué momento se materializó el robo, alegando una investigación en curso.
El golpe llega, además, en un contexto de mejora estadística. Firmas de análisis estiman que las pérdidas globales por phishing en el ecosistema cripto cayeron más de un 80% en 2025, hasta unos 83,85 millones de dólares, con un descenso cercano al 70% en número de víctimas. Que un solo incidente en una fiscalía supere más de la mitad de esa cifra anual revela un cambio de patrón: menos ataques masivos sobre pequeños ahorradores, más operaciones dirigidas contra grandes custodios y organismos públicos.
La consecuencia es clara: el discurso de “rescate público” del inversor minorista pierde fuerza cuando los propios Estados demuestran no estar a salvo de errores básicos de ciberseguridad. Y, al mismo tiempo, crece la presión para exigir a cualquier actor que custodie criptoactivos —público o privado— estándares de protección equivalentes a los de la banca sistémica.
Trump abre un frente de 5.000 millones contra JPMorgan
El otro gran foco de tensión se sitúa en Miami-Dade, donde Donald Trump ha interpuesto una demanda de 5.000 millones de dólares contra JPMorgan. El presidente acusa al mayor banco estadounidense de haberle cerrado cuentas personales y corporativas “sin aviso ni causa” en las semanas posteriores al asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
Según fuentes cercanas al caso, la demanda —aún no disponible en el registro electrónico— incluiría cargos por difamación comercial y vulneración del deber de buena fe, e implicaría personalmente al CEO Jamie Dimon bajo la ley de prácticas engañosas del estado de Florida. La respuesta del banco ha sido tajante: la acción es “sin fundamento” y la entidad “no cierra cuentas por motivos políticos o religiosos”.
El pleito se enmarca en una ofensiva más amplia contra el llamado “debanking politizado”. Trump ya firmó en agosto una orden ejecutiva que ordena a los reguladores investigar cierres de cuentas potencialmente discriminatorios y diseñar medidas preventivas. En paralelo, parte del Partido Republicano quiere introducir salvaguardas específicas en la legislación de estructura de mercado para evitar que entidades financieras se conviertan, de facto, en herramientas de sanción política.
Para el ecosistema cripto, que lleva años denunciando cierres sistemáticos de cuentas bajo la etiqueta de “Operation Chokepoint 2.0”, el caso Trump-JPMorgan tiene un efecto señal: si la disputa por el acceso bancario alcanza a un expresidente, el debate deja de ser sectorial para convertirse en batalla institucional de primer orden. El riesgo para la banca es doble: por un lado, perder discrecionalidad; por otro, verse atrapada entre exigencias regulatorias de control y acusaciones políticas de censura.
Trump sues JPMorgan and its CEO for $5 billion for alleged ‘political’ debanking https://t.co/lUeQ02HnCe
— Andrew Feinberg (@AndrewFeinberg) January 22, 2026
Nasdaq levanta el freno a las opciones de ETF cripto
Mientras la política se judicializa, el mercado reorganizado sigue normalizando el riesgo cripto. Nasdaq ha registrado ante la SEC —y aplicado de forma inmediata— un cambio de norma que elimina el límite de 25.000 contratos por posición en opciones sobre ETF de Bitcoin y Ether, una capa de restricción que hasta ahora diferenciaba a estos productos de otros fondos sobre materias primas.
La SEC ha renunciado a su periodo de espera de 30 días y permite que la medida entre en vigor de inmediato, aunque mantiene la posibilidad de dar marcha atrás en los próximos 60 días si detecta problemas de integridad o manipulación. Sobre el terreno, la decisión abre la puerta a que inversores institucionales puedan acumular exposiciones mucho mayores en opciones vinculadas a ETF spot de gestoras como BlackRock, Fidelity, Grayscale, ARK/21Shares, Bitwise o VanEck.
El movimiento se suma a la solicitud de elevar el límite de contratos sobre el iShares Bitcoin Trust (IBIT) de 250.000 a 1 millón, y al proyecto conjunto con CME para lanzar el Nasdaq-CME Crypto Index, que incluirá activos como BTC, ETH, XRP, Solana, Chainlink, Cardano o Avalanche. El diagnóstico es nítido: las criptomonedas han pasado, a efectos de derivados, a ser tratadas como una nueva clase de “commodity financiera” con reglas equiparables.
Para el inversor, la consecuencia es ambivalente. Por un lado, aumenta la profundidad y liquidez en productos que permiten cubrir o apalancar exposición cripto. Por otro, la concentración de riesgo en manos de pocos actores con capacidad de mover cientos de miles de contratos eleva el potencial de episodios de volatilidad extrema si se produce un choque geopolítico, regulatorio o tecnológico.
Capital One compra Brex y se sube al tren de las stablecoins
En el flanco de pagos, la noticia de fondo es que Capital One ha acordado comprar la fintech Brex por 5.150 millones de dólares en efectivo y acciones, en una operación que debería cerrarse hacia mediados de 2026. Más allá del tamaño del cheque, lo relevante es que la entidad se asegura así una posición avanzada en el negocio de pagos corporativos con stablecoins.
Brex, nacida como proveedor de tarjetas y servicios de gasto para startups, se convirtió en octubre en el primer emisor global de tarjetas corporativas en ofrecer pagos nativos con stablecoins, empezando por USDC. Sus clientes pueden pagar directamente en cripto-dólares desde el propio circuito de la tarjeta, sin conversiones intermedias ni pasarelas externas.
Con esta compra, Capital One no solo suma una base de empresas de alto crecimiento, sino que internaliza un rail de pagos compatible con la regulación de stablecoins aprobada en EEUU. Desde la entrada en vigor del GENIUS Act en julio de 2025, la capitalización del mercado de estos activos ha crecido en torno a un 18,6%, hasta rozar los 314.000 millones de dólares, consolidándolos como infraestructura clave para pagos B2B, tesorería corporativa y finanzas descentralizadas reguladas.
El mensaje es claro: la gran banca ya no ve los stablecoins como amenaza, sino como tecnología a integrar. Y prefiere hacerlo comprando soluciones probadas, en lugar de desarrollar desde cero capacidades que requieren talento, tiempo y, sobre todo, una cultura tecnológica distinta.
La banca entre el riesgo operativo y la presión política
Si se combinan los cuatro vectores —phishing en Corea, demanda de Trump, liberalización de derivados en Nasdaq y apuesta establecoin de Capital One— emerge un diagnóstico incómodo para el sector financiero.
Por un lado, los episodios de Gwangju y la ofensiva judicial contra JPMorgan muestran vulnerabilidades en la gobernanza y en la gestión del riesgo reputacional. Cuando una fiscalía pierde decenas de millones en bitcoin por un clic, y el mayor banco del país se ve envuelto en una demanda multimillonaria con fuerte carga política, la promesa de “seguridad institucional” queda en entredicho.
Por otro, los movimientos de Nasdaq y Capital One indican que la industria ha aceptado que la frontera entre TradFi y cripto se ha desdibujado: las criptomonedas son ya subyacente de derivados sofisticados, fuente de ingresos por comisiones y pieza central de la nueva infraestructura de pagos. La cuestión ya no es si abrazar o no los activos digitales, sino cómo hacerlo sin amplificar riesgos que no se entienden del todo.
Para supervisores y bancos centrales, el reto es doble: evitar un nuevo “momento 2008” en mercados apalancados alrededor de un activo volátil, y al mismo tiempo no estrangular la innovación que puede hacer más eficientes pagos, liquidación y financiación.
🚨 NEW: Nasdaq files with SEC to remove position limits on Bitcoin and Ether ETF options. pic.twitter.com/1MaSBIsmpW
— Cointelegraph (@Cointelegraph) January 23, 2026
En este contexto, el cierre del Dow con un -0,58% el viernes no es tanto una señal de pánico como un gesto de prudencia tras una semana de sobresaltos cruzados. El Nasdaq en positivo y un S&P 500 prácticamente plano indican que el mercado no está descontando un giro brusco de ciclo, pero sí una fase de ajuste fino, en la que cada noticia regulatoria, geopolítica o tecnológica puede inclinar la balanza en uno u otro sentido.
Para el inversor sofisticado, las implicaciones son claras:
-
Mapear la exposición cripto más allá del “qué” y centrarse en el “cómo”: ETF, opciones, stablecoins, cuentas bancarias y custodia pública o privada comportan riesgos distintos.
-
Exigir transparencias reales sobre ciberseguridad y gobernanza, tanto a entidades tradicionales como a nuevos actores fintech. Un caso como el de Gwangju ya no es anecdótico, es un aviso.
-
Asumir que la volatilidad geopolítica (Groenlandia, Irán, yen) y la volatilidad financiera (derivados cripto, stablecoins) empiezan a solaparse, generando patrones de riesgo que no encajan del todo en los manuales clásicos.
El mercado ha decidido, por ahora, cerrar la semana respirando hondo más que huyendo. Pero lo hace en un entorno en el que los errores operativos, las batallas políticas y los cambios de normas pueden tener impactos cada vez más rápidos y profundos. La línea que separa una corrección controlada de una crisis de confianza no es gruesa, y la herramienta clave para no cruzarla es la misma de siempre: gestión del riesgo, no fe ciega en la marca o en la moda del momento.