Trump que eleva el órdago al 15% y los mercados con el Dow Jones buscan refugio ante la guerra
La Administración Trump esquiva el revés del Supremo activando nuevas tasas mientras los planes de ataque contra Irán disparan la plata y hunden el bitcoin
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Estados Unidos se asoma a una semana de vértigo institucional y económico que promete redefinir el orden mundial de 2026. A partir de las 12:01 a. m. del martes 24 de febrero, la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) dejará de cobrar los aranceles declarados ilegales por el Tribunal Supremo, pero la tregua será inexistente: en ese mismo instante entrará en vigor el nuevo arancel global del 15% dictado por Donald Trump mediante orden ejecutiva. Este movimiento, diseñado para eludir el bloqueo judicial, ha desatado una tormenta perfecta en los mercados financieros; mientras el bitcoin se desploma hacia los 64.300 dólares, la plata se ha disparado un 4% ante el temor a un conflicto inminente en Oriente Medio. El diagnóstico es inequívoco: Washington ha decidido ignorar la seguridad jurídica para imponer una diplomacia de choque que combina la guerra comercial con planes reales para un cambio de régimen en Teherán.
Closing market snapshot Reuters
El laberinto legal del muro arancelario y mercados
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La decisión de la Administración Trump de sustituir los gravámenes revocados por el Supremo por una tasa superior del 15% revela una estrategia de resistencia numantina. Al abandonar la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) y refugiarse en la Ley de Comercio de 1974, la Casa Blanca busca un marco legal más difícil de tumbar en los tribunales inferiores. Este hecho revela que el Ejecutivo no tiene intención de acatar el espíritu de la sentencia judicial, sino que está dispuesto a testar cada resquicio del ordenamiento estadounidense para mantener su política proteccionista. La consecuencia es un escenario de incertidumbre absoluta para los importadores, que ven cómo el coste de entrada de mercancías se encarece un 5% adicional en menos de 24 horas.
Lo más grave para la estabilidad de las cuentas públicas es el fantasma de las devoluciones. Aunque el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha delegado en los tribunales la logística de los reembolsos, los analistas estiman que el Estado se enfrenta a una deuda potencial de 175.000 millones de dólares por lo cobrado indebidamente. Este hecho revela una temeridad fiscal sin precedentes: el Gobierno activa nuevas tasas para cubrir el agujero de las anteriores, mientras los socios comerciales, liderados por China y la Unión Europea, exigen una claridad que Washington se niega a proporcionar. El diagnóstico es el de una economía que ha sustituido la previsibilidad por el decreto de urgencia, obligando a las multinacionales a operar en un limbo regulatorio.
China y la inutilidad del proteccionismo
La reacción de Pekín no se ha hecho esperar, elevando el tono de una disputa que ya se percibe como una guerra de desgaste. El Ministerio de Comercio de China ha advertido que «no hay ganadores en una guerra comercial» y que el proteccionismo de la administración Trump «no conduce a ninguna parte». Sin embargo, tras la retórica diplomática se esconde una amenaza real: China ya prepara defensas firmes de sus intereses. Este hecho revela que la tregua comercial de los últimos meses ha saltado por los aires, situando a las cadenas de suministro globales en una posición de extrema fragilidad.
El contraste con la postura de Washington es absoluto. Mientras que el representante comercial Jamieson Greer insiste en que los socios deben respetar los acuerdos previos —pese a que la base legal de los mismos ha sido anulada—, Pekín califica las medidas estadounidenses de unilaterales y contrarias a las normas internacionales. La consecuencia es una parálisis de la inversión en sectores estratégicos; las empresas temen que cualquier acuerdo alcanzado hoy sea papel mojado mañana por un nuevo revés judicial o un cambio de humor en el Despacho Oval. El diagnóstico para el comercio transpacífico es sombrío: estamos ante la fragmentación definitiva de los mercados en bloques ideológicos y arancelarios.
El órdago final contra el régimen de Teherán
En el flanco geopolítico, la tensión ha alcanzado su punto de ruptura. Informes de inteligencia citados por el New York Times confirman que Donald Trump está evaluando ataques aéreos selectivos contra Irán con un objetivo que va más allá de la desnuclearización: el derrocamiento del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jameneí. Las operaciones apuntarían a los centros de mando de la Guardia Revolucionaria y a las instalaciones de misiles balísticos «en los próximos días». Este hecho revela que la Administración ha agotado la vía diplomática tradicional para entrar en una fase de intervención directa.
La consecuencia de este escenario bélico ha sido la huida inmediata de los inversores hacia activos de refugio. El oro y la plata han registrado subidas verticales, con la plata saltando un 4,02% hasta los 87,51 dólares la onza. El diagnóstico de los analistas de defensa es que Washington busca forzar una capitulación total antes de que el OIEA logre imponer su propuesta de «enriquecimiento médico mínimo». Este hecho revela una carrera contra el reloj: Trump quiere un éxito militar incontestable antes de que la diplomacia técnica de Rafael Grossi pueda ofrecer una salida airosa a Teherán. La estabilidad de Oriente Medio pende hoy de un hilo de apenas unas horas, con el despliegue militar estadounidense en la región en niveles máximos de alerta.
La caída del bitcoin y el nerviosismo del capital
El mercado de las criptomonedas ha actuado como el canario en la mina ante la inestabilidad institucional de Washington. El bitcoin ha retrocedido un 4,8%, tocando mínimos mensuales en el entorno de los 64.300 dólares. Este hecho revela que, ante el caos arancelario y el ruido de sables, el capital especulativo prefiere refugiarse en la liquidez del dólar o en la seguridad física de los metales preciosos. Los ETF de bitcoin al contado ya acumulan cinco semanas consecutivas de salidas de capital, sumando una sangría de 3.800 millones de dólares.
La desconfianza no es solo hacia el activo en sí, sino hacia la capacidad de la Administración Trump para gestionar una economía de guerra sin desestabilizar el sistema financiero. Si el bitcoin pierde el soporte clave de los 60.000 dólares, el diagnóstico técnico apunta a un mercado bajista prolongado. La consecuencia es clara: la narrativa de las criptomonedas como "oro digital" se desvanece cuando el riesgo geopolítico es real y tangible. En momentos de incertidumbre extrema, el mercado vuelve a los fundamentales, y hoy los fundamentales dictan que la plata y el oro son los únicos valores que el estallido de una bomba en Irán no puede evaporar.
La operación Jalisco: colaboración en las sombras
Mientras el frente internacional arde, Estados Unidos ha anotado un tanto en su política de seguridad regional con la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho». La Casa Blanca ha confirmado su apoyo de inteligencia en la operación ejecutada por el ejército mexicano en Jalisco, una acción que subraya la coordinación bilateral pese a las fricciones comerciales. Este hecho revela que para Trump la lucha contra el «narcoterrorismo» es un pilar innegociable de su soberanía nacional, utilizando el éxito de la operación para validar su doctrina de «mano de hierro».
«Los narcoterroristas enfrentarán la justicia de forma implacable», ha sentenciado la portavoz Karoline Leavitt. Este diagnóstico refuerza la imagen de una presidencia que opera en múltiples frentes de combate simultáneos. La consecuencia para México es agridulce: por un lado, se elimina a uno de los capos más violentos del mundo; por otro, la dependencia de la inteligencia estadounidense se hace más evidente, lo que otorga a Washington una palanca de presión adicional en las negociaciones sobre inmigración y aranceles. La muerte de El Mencho es, en definitiva, una victoria táctica que Trump utilizará para justificar su política de intervencionismo selectivo.
Europa ante el abismo de la falta de claridad
En Fráncfort y Bruselas, la inquietud es palpable. Christine Lagarde y la Comisión Europea han exigido a Washington «plena claridad» sobre los próximos pasos arancelarios. El hecho de que EE. UU. intente mantener los acuerdos previos mientras eleva el arancel global al 15% es visto en Europa como una contradicción insostenible. Este hecho revela una fractura en el eje atlantista: Europa no puede planificar su recuperación económica si las reglas del juego cambian cada vez que el Supremo de EE. UU. emite un fallo.
La consecuencia será una respuesta coordinada que podría incluir la activación del «bazuca comercial» europeo. Con el IPC de Italia y los datos del IFO alemán en el horizonte, la Eurozona se enfrenta a un shock importado que podría forzar al BCE a replantear su política de tipos. El diagnóstico es que la UE se encuentra atrapada entre la agresividad de Trump y la necesidad de mantener el flujo comercial con China. Sin una hoja de ruta clara por parte de Jamieson Greer, las exportaciones españolas de aceite, vino y componentes industriales entran en una fase de riesgo máximo ante la entrada en vigor de las nuevas tasas este martes.
La semana que comienza será decisiva. Si Trump ordena finalmente el ataque contra Irán, el petróleo y los metales preciosos entrarán en una fase de euforia, mientras que la renta variable y las criptomonedas sufrirán una corrección severa. Este hecho revela que la geopolítica ha vuelto a ser el principal motor de la economía mundial, por encima de los datos de empleo o beneficios empresariales. La capacidad de resistencia de la administración Trump ante los reembolsos del Tesoro determinará si el dólar mantiene su estatus o si asistimos a una crisis de confianza en la deuda estadounidense.
Estados Unidos ha entrado en una fase de "gobernanza por el caos" donde cada derrota judicial es respondida con una escalada ejecutiva. El diagnóstico final es que el mundo de 2026 es un lugar mucho más caro, peligroso e imprevisible. La entrada en vigor del arancel del 15% y los planes de guerra en Oriente Medio son las dos caras de una misma moneda: el intento de una potencia de imponer su voluntad sobre un orden global que ya no reconoce su autoridad. La plata a 87 dólares es el precio del miedo; el bitcoin a 64.000, el precio de la incertidumbre.