El Dow Jones "pincha", el Nasdaq resiste y el petróleo vuela por Irán
Wall Street clausuró la semana con un mensaje de prudencia, entre datos macro razonables y un ruido geopolítico cada vez más intenso. La actividad del sector privado en Estados Unidos repuntó ligeramente en enero hasta 52,8 puntos, nivel compatible con expansión, y la confianza del consumidor volvió a mejorar. Sin embargo, el Dow Jones retrocedió un 0,58%, arrastrado por la banca, mientras el Nasdaq 100 avanzó un 0,34% y el S&P 500 cerró prácticamente plano.
Al mismo tiempo, Washington anunció nuevas sanciones contra Irán y volvió a exhibir músculo militar, empujando al West Texas Intermediate hasta los 61,01 dólares y al Brent a 65,82 dólares por barril, subidas de algo más del 2,2% en la sesión.
En Europa, las grandes aerolíneas decidieron suspender vuelos a Oriente Medio por motivos de seguridad, mientras el Gobierno estadounidense activaba un enfoque de “todo el Gobierno” para responder a un temporal de nieve y frío extremo en la costa Este.
Y en tecnología, Meta optó por restringir el acceso de los adolescentes a sus personajes de IA, en plena revisión del impacto de las plataformas sobre la salud mental de los menores.
La consecuencia es clara: los índices estadounidenses se toman un respiro, pero el tablero de riesgos —desde Teherán hasta Silicon Valley— se complica visiblemente.
Wall Street levanta el pie tras una semana de sobresaltos
La foto de cierre del viernes refleja bien el ánimo de los inversores. El Dow Jones Industrial Average cedió un 0,58%, con Goldman Sachs como peor valor del día tras desplomarse un 3,66%, síntoma de que el sector financiero vuelve a concentrar buena parte de las dudas. El S&P 500 terminó prácticamente plano, sin variaciones relevantes, y el Nasdaq 100 sumó un 0,34%, apoyado en valores tecnológicos defensivos como Fortinet, que rebotó un 5,18%.
Por sectores, los materiales se situaron entre los mejores del S&P 500, apoyados en la subida de materias primas energéticas, mientras las financieras cerraban como uno de los grupos más castigados, en un contexto de tipos altos, curvas tensas y mayor riesgo regulatorio. La sesión no fue un desplome, sino más bien un alto en el camino tras varios días de fuertes oscilaciones, en los que la Casa Blanca pasó de amenazar a Irán a anunciar una nueva ronda de sanciones, y los mercados calibraron el impacto potencial sobre energía, inflación y crecimiento.
El mensaje implícito es que el apetito por el riesgo se mantiene, pero es selectivo: se premia a compañías con flujos de caja visibles y exposición moderada a la geopolítica, y se penaliza a quienes concentran riesgos regulatorios, legales o de balance.
Los datos que sostienen la narrativa de “aterrizaje suave”
En medio del ruido político y militar, los datos macro del día evitaron un giro brusco de la narrativa económica. La actividad del sector privado repuntó ligeramente hasta 52,8 puntos en enero, por encima del umbral de 50 que separa expansión de contracción. Se trata de una mejora contenida, pero compatible con una economía que sigue creciendo, lejos del escenario de recesión inminente que algunos temían para 2026.
La confianza del consumidor también avanzó en el mes, consolidando varios meses de progresión lenta pero sostenida. Para la Reserva Federal, estos indicadores dibujan un cuadro conocido: demanda interna aún sólida, empleo resistente y un proceso de desinflación que no va tan rápido como desearían, pero tampoco se ha descarrilado.
Los futuros sobre fondos federales siguen descontando con alta probabilidad tipos sin cambios en la próxima reunión, con el debate centrado ya no en si habrá recortes en 2026, sino en cuándo y con qué intensidad. En este contexto, el cierre mixto de Wall Street se lee menos como un síntoma de miedo y más como una toma de beneficios táctica tras varios meses de subidas de doble dígito en los grandes índices.
El problema, como siempre, es lo que no recogen los datos: el impacto potencial de un shock geopolítico en Oriente Medio sobre la trayectoria de precios y crecimiento.
Rotación silenciosa: del castigo a la banca al refugio en tecnología
Detrás de los titulares de índices, la sesión dejó un mensaje relevante en la rotación sectorial. El castigo a Goldman Sachs (-3,66%) simboliza el mal momento del sector financiero, que vuelve a estar en el punto de mira por varias razones: márgenes de intermediación presionados, mayor vigilancia regulatoria y un clima político más hostil hacia la gran banca, alimentado por demandas y debates sobre “debanking” y servicios esenciales.
En el otro extremo, la solidez de valores como Fortinet (+5,18%) confirma que la ciberseguridad y la tecnología asociada a infraestructuras críticas siguen atrayendo flujos compradores, especialmente en un entorno en el que los riesgos digitales y geopolíticos se solapan. La tecnología ya no es solo “crecimiento”; en algunos nichos se ha convertido en activo defensivo, con contratos recurrentes y demanda estructural al alza.
A ello se suma la buena forma de las compañías ligadas a materiales y energía, respaldadas por la subida de materias primas. La combinación dibuja un patrón claro para el inversor: los mercados premian modelos de negocio con visibilidad y exposición a tendencias estructurales, mientras castigan a quienes dependen de un entorno de tipos ideal o de un clima político estable.
La consecuencia es una dispersión creciente dentro de los propios índices, que facilita la gestión activa, pero convierte en arriesgada cualquier apuesta indiscriminada por “el mercado” como un bloque homogéneo.
Sanciones a Irán y petróleo al alza: la geopolítica manda
El gran catalizador de la jornada, más allá de los datos, fue la nueva tanda de sanciones estadounidenses contra Irán, centradas en la llamada “flota en la sombra” que Teherán utiliza para sortear restricciones y exportar crudo. El anuncio se produjo después de que Donald Trump confirmara que Estados Unidos “tiene una armada” en marcha hacia la región, reavivando los temores a una posible acción militar.
La reacción del mercado fue inmediata. El WTI para entrega en marzo subió un 2,28%, hasta los 61,01 dólares por barril, mientras el Brent para el mismo mes repuntó otro 2,28%, hasta los 65,82 dólares. Más allá del movimiento diario, la clave es que la prima de riesgo geopolítico vuelve a incorporarse a los precios del crudo, en un momento en que muchos bancos centrales confiaban en una energía relativamente estable para consolidar la moderación de la inflación.
En paralelo, el ministro de Exteriores iraní situó en 3.117 el número de fallecidos en las protestas internas, un dato que subraya tanto la fragilidad del régimen como el potencial de inestabilidad interna. La combinación de presión externa e inestabilidad doméstica hace aún más impredecible la respuesta de Teherán a cualquier nueva escalada.
Para Europa y España, el mensaje es claro: un petróleo que se estabilice por encima de los 60–65 dólares y episodios de volatilidad extrema en el Golfo añadirán presión a los costes de energía y complicarán los esfuerzos por anclar las expectativas de inflación.
Cielos bajo presión: del temporal en EEUU al miedo en Oriente Medio
La jornada también estuvo marcada por el aire, en todas sus formas. En Estados Unidos, la Casa Blanca emitió un comunicado subrayando que la administración Trump está “monitorizando de cerca” las advertencias de tormenta de nieve, con un enfoque de “todo el Gobierno” para coordinar la respuesta. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, declaró el estado de emergencia ante lo que describió como “el frío más peligroso en años”, y varias aerolíneas se vieron obligadas a cancelar vuelos por las condiciones previstas.
Al otro lado del Atlántico, las cancelaciones tenían otro origen: el riesgo de conflicto con Irán. Air France y KLM suspendieron temporalmente vuelos a Tel Aviv, Dubái y destinos saudíes durante el fin de semana, siguiendo la estela del grupo Lufthansa, que ya había anunciado la suspensión de vuelos nocturnos a Israel hasta finales de enero. La holandesa KLM confirmó además que evitará el espacio aéreo de Irak, Irán, Israel y el Golfo “debido a la situación geopolítica”.
El efecto combinado es doble. Por un lado, el turismo y los viajes de negocios sufren un nuevo golpe, con cancelaciones, desvíos y tiempos de conexión más largos. Por otro, las aerolíneas vuelven a ser uno de los eslabones más sensibles a la mezcla de clima extremo y tensión geopolítica, con impacto directo en costes (combustible, seguros, tripulaciones) y en percepción de riesgo por parte de los inversores.
Meta frena su IA para adolescentes en plena presión regulatoria
En el frente tecnológico-regulatorio, la noticia del día vino de Meta, que confirmó que restringirá el acceso de los adolescentes a sus personajes de IA —las llamadas AI characters— mientras desarrolla una versión específica para menores. La compañía ha comunicado que los usuarios que hayan declarado una fecha de nacimiento adolescente dejarán de tener acceso a estas funciones, y que utilizará su tecnología de predicción de edad para detectar posibles menores que se hacen pasar por adultos.
La decisión llega en un momento en que crece la preocupación social y política por el impacto de las redes sociales en la salud mental de los jóvenes, con varios procesos judiciales abiertos en Estados Unidos y Europa contra distintas plataformas. Meta ha anunciado que, cuando lance su versión adaptada, lo hará con controles parentales activados por defecto, una señal de que la industria asume que el tiempo de la autorregulación blanda se agota.
Para los inversores, el movimiento es un recordatorio de que la regulación tecnológica se ha convertido en un riesgo empresarial de primer orden. Cada nueva función basada en IA —por lucrativa que sea a medio plazo— debe superar un escrutinio jurídico y reputacional creciente, con impacto potencial en costes de cumplimiento, velocidad de despliegue y, en última instancia, valoraciones.
Un euro más fuerte frente a un dólar bajo presión
En divisas, la jornada dejó un respiro para la moneda única. El euro se apreció un 0,63% frente al dólar, hasta 1,18231 dólares, ayudado por la combinación de datos razonables en Estados Unidos, un cierre mixto en Wall Street y una percepción de mayor riesgo político ligado a la política exterior estadounidense.
El movimiento no es dramático, pero sí significativo en una semana marcada por la escalada verbal hacia Irán y por nuevas tensiones con socios tradicionales. Para los inversores europeos, un euro algo más fuerte abarata importaciones de energía y materias primas, pero también resta competitividad a las exportaciones en un momento en que el crecimiento de la eurozona sigue siendo débil.
Para Estados Unidos, un dólar algo más débil alivia parcialmente la presión sobre los emergentes endeudados en esa divisa, pero envía también una señal: cada vez que la política exterior se percibe como fuente de riesgo, la condición del dólar como refugio absoluto se matiza, aunque no se cuestione en términos estructurales.
Con el telón de fondo de este cierre semanal, los inversores afrontan la próxima con una lista clara de prioridades. En primer lugar, la evolución de la crisis con Irán: nuevas sanciones, movimientos de flotas o incidentes en el Golfo se traducirán casi de inmediato en ajustes en petróleo, oro y divisas. En segundo lugar, los próximos datos macro en Estados Unidos, que permitirán comprobar si el repunte de actividad y confianza es algo más que un rebote puntual.
También será clave seguir la huella del temporal en la costa Este sobre consumo, transporte y logística, así como las posibles medidas adicionales de Meta y otras tecnológicas en materia de IA y menores, un campo donde el regulador europeo y el estadounidense parecen decididos a elevar el listón.
El cierre mixto de Wall Street —Dow a la baja, Nasdaq en verde, S&P 500 plano— es, en el fondo, el reflejo de un mercado que intenta equilibrar un escenario económico razonable con un mapa de riesgos cada vez más complejo. La próxima semana dirá si esta prudencia es un simple respiro o el inicio de una fase de mayor volatilidad.