La economía de España acelera al 0,7% y desafía el frenazo europeo

El consumo, la inversión y los servicios sostienen el crecimiento, aunque el sector exterior pierde fuerza y el empleo avanza con menor intensidad.

Foto de Florian Wehde en Unsplash
Foto de Florian Wehde en Unsplash

La economía española creció un 0,7% entre abril y junio de 2026, una décima más que en el primer trimestre y por encima de las señales de enfriamiento que dominan buena parte de Europa. En términos interanuales, el Producto Interior Bruto mantuvo un avance del 2,7%, según el dato preliminar publicado este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El dato confirma la resistencia de la actividad, pero también revela un cambio relevante en su composición. La demanda interna vuelve a asumir prácticamente todo el peso del crecimiento, mientras que el sector exterior comienza a actuar como freno. España avanza. La cuestión es cuánto tiempo podrá hacerlo sin recuperar una aportación más sólida de las exportaciones.

Un crecimiento que gana velocidad

El incremento trimestral del 0,7% mejora el 0,6% registrado entre enero y marzo y prolonga una fase expansiva que ha resistido el encarecimiento de la financiación, la debilidad industrial europea y la incertidumbre comercial internacional.

La demanda nacional aportó 0,6 puntos porcentuales al crecimiento trimestral. El sector exterior añadió una décima, gracias a que las exportaciones de bienes y servicios crecieron un 0,8%, frente al 0,6% de las importaciones.

El diagnóstico inmediato resulta favorable: la economía no solo continúa creciendo, sino que acelera. Sin embargo, el avance depende cada vez más del gasto doméstico, una circunstancia que obliga a vigilar la evolución del consumo, el crédito y la renta disponible de los hogares.

La demanda interna toma el control

En tasa interanual, la demanda nacional contribuyó con 3,3 puntos al crecimiento del PIB. La demanda externa, por el contrario, restó 0,6 puntos, una diferencia que muestra hasta qué punto el patrón de crecimiento se ha desplazado hacia el interior.

El consumo final aumentó un 3,1% respecto al segundo trimestre de 2025. El gasto de los hogares avanzó un 3,2%, mientras que el de las Administraciones Públicas se aceleró hasta el 2,7%.

El motor español vuelve a ser el consumo, apoyado por la creación de empleo y la recuperación gradual del poder adquisitivo. Lo más grave sería que este dinamismo descansara excesivamente en el gasto público o en un aumento del endeudamiento privado, en lugar de hacerlo sobre mejoras estructurales de productividad.

La inversión mantiene el pulso

La formación bruta de capital creció un 4,7% interanual, aunque moderó su ritmo en un punto respecto al trimestre anterior. La cifra sigue siendo elevada y apunta a una expansión de la inversión empresarial, residencial y en infraestructuras.

La construcción avanzó un 0,6% trimestral, ocho décimas más que entre enero y marzo. Este repunte resulta especialmente significativo en una economía afectada por la escasez de vivienda, el encarecimiento del suelo y los prolongados plazos administrativos.

Sin embargo, invertir más no garantiza necesariamente invertir mejor. La consecuencia es clara: la capacidad de transformar este capital en productividad dependerá de la calidad de los proyectos, de la ejecución de los fondos europeos y de la reducción de las barreras regulatorias.

Los servicios siguen al frente

El valor añadido de los servicios aumentó un 0,8% trimestral, manteniendo un ritmo similar al del primer trimestre. Este comportamiento confirma la fortaleza de las actividades vinculadas al turismo, la hostelería, el comercio, el transporte y los servicios profesionales.

Las ramas primarias, en cambio, crecieron apenas un 0,2%, muy lejos del 3,3% registrado en los tres primeros meses del año. La construcción ganó impulso, mientras la evolución de la industria continúa condicionada por la atonía de los grandes mercados europeos.

El contraste resulta inequívoco: España crece con fuerza, pero continúa apoyándose en sectores intensivos en empleo y con una productividad media inferior a la de las economías industriales del norte de Europa.

Más empleo, pero menor intensidad

Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo aumentaron un 2,3% interanual y un 0,4% trimestral. Las horas efectivamente trabajadas crecieron un 2,8% respecto al mismo periodo de 2025.

Las cifras muestran que la expansión continúa trasladándose al mercado laboral. No obstante, el empleo crece por debajo del PIB, lo que podría anticipar una mejora de la productividad por ocupado tras varios trimestres de comportamiento débil.

Este hecho revela uno de los desafíos centrales de la economía española. Crear puestos de trabajo ya no es suficiente. El salto cualitativo exige aumentar el valor generado por cada hora trabajada mediante tecnología, formación, inversión productiva y empresas de mayor tamaño.

El desequilibrio que vuelve a aparecer

La aportación negativa del sector exterior constituye la principal advertencia del avance del INE. España vende más fuera, pero sus compras al exterior también aumentan, impulsadas por el fortalecimiento del consumo y de la inversión.

Una demanda interna pujante suele elevar las importaciones de energía, bienes de equipo y productos de consumo. Si las exportaciones no avanzan al mismo ritmo, el crecimiento puede deteriorar progresivamente el saldo exterior.

La economía española mantiene una velocidad notable, pero necesita ampliar su base productiva. Sin una industria más competitiva y una mayor presencia en mercados internacionales, el dinamismo interno corre el riesgo de convertirse en una fortaleza temporal.

El reto empieza después del dato

El crecimiento del 2,7% interanual sitúa a España en una posición resistente, pero no elimina sus vulnerabilidades: baja productividad, elevada deuda pública, dependencia energética y escasez de inversión en actividades tecnológicas.

El dato del segundo trimestre ofrece margen para consolidar las cuentas públicas y acelerar las reformas pendientes. Desaprovecharlo aumentaría la exposición ante cualquier deterioro del turismo, del empleo o de la economía europea.

España vuelve a crecer por encima de lo esperado. Ahora debe demostrar que puede convertir esa ventaja cíclica en una transformación duradera.

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