EEUU suma 3,04 millones de barriles de crudo en una semana
Las existencias de crudo en Estados Unidos volvieron a crecer cuando el mercado empezaba a descontar un equilibrio más ajustado entre oferta y demanda. Según los datos semanales del American Petroleum Institute (API), las reservas comerciales de petróleo aumentaron en 3,04 millones de barriles en la semana terminada el 16 de enero. Al mismo tiempo, los inventarios de gasolina se dispararon en 6,2 millones de barriles, mientras que los destilados apenas cayeron en 33.000 barriles. En Cushing (Oklahoma), punto neurálgico del sistema, el almacenamiento sumó 1,2 millones de barriles adicionales. El mensaje para los inversores es claro: en el corto plazo hay más petróleo del que el mercado esperaba y, de nuevo, la pelota pasa a los productores y a los bancos centrales.
Un dato semanal que enfría al mercado
El dato del API se ha convertido en una de las referencias clave para los traders de crudo: llega 24 horas antes de las cifras oficiales de la EIA y suele marcar el tono de la sesión. Que las existencias suban en 3,04 millones de barriles no sería preocupante en sí mismo si el mercado hubiera anticipado un incremento similar. Lo relevante es que el consenso esperaba movimientos mucho más moderados e incluso un ligero descenso, en línea con la normalización de la demanda mundial tras el invierno.
Este hecho revela que la oferta estadounidense sigue respondiendo con fuerza a cualquier repunte de precios. La producción de shale mantiene un nivel elevado y las exportaciones continúan robustas, pero la demanda interna no acompaña con la misma intensidad. El resultado es un colchón de inventarios que actúa como freno sobre el WTI y reduce el margen de maniobra de la OPEP+ a la hora de sostener las cotizaciones.
Gasolina al alza, destilados estancados
Lo más llamativo del informe no está solo en el crudo, sino en los productos refinados. Un aumento de 6,2 millones de barriles de gasolina en una sola semana es un movimiento contundente que apunta a consumo más débil o a refinerías produciendo por encima de lo que absorbe el mercado minorista. En pleno invierno, con menor movilidad que en la “driving season” de verano, el sector debería ver incrementos moderados, no acumulaciones de esta magnitud.
Los destilados –diésel y fuel para calefacción– caen apenas en 33.000 barriles, una cifra que equivale prácticamente a un estancamiento. Con un invierno más templado de lo habitual en varias regiones y una actividad industrial que crece a ritmos modestos, el tirón del diésel está lejos de los niveles de otros ciclos. La consecuencia es clara: el complejo de productos refinados envía una señal de demanda tibia, que refuerza la lectura bajista del dato de inventarios de crudo.
Cushing vuelve a ganar peso estratégico
El incremento de 1,2 millones de barriles en Cushing, el principal punto de entrega del WTI, tiene una lectura propia. Cuando los tanques de esta localidad se vacían, el mercado entra en alerta por el riesgo de tensiones físicas y prima las entregas inmediatas. Cuando se llenan, como empieza a ocurrir de nuevo, el mensaje es el opuesto: hay holgura suficiente para gestionar posibles disrupciones puntuales.
Cushing es, además, un termómetro de confianza. En episodios recientes, como en 2024, un aumento de alrededor de 20 millones de barriles en los inventarios estadounidenses en pocas semanas bastó para limitar las subidas del WTI pese a los recortes de la OPEP+. El contraste con aquellos momentos de estrechez, cuando la capacidad disponible se redujo a niveles críticos, resulta demoledor: hoy el mercado dispone de un margen más cómodo y eso se traduce en menos presión alcista sobre los precios.
Demanda débil o exceso de oferta: el debate de fondo
Cada vez que suben los inventarios, el mercado se hace la misma pregunta: ¿hay un problema de demanda o de exceso de oferta? El dato del API no permite responder por sí solo, pero encaja con un patrón que se viene repitiendo en los últimos trimestres: la demanda crece, pero mucho menos de lo esperado hace dos años.
Según el último Oil Market Report de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda mundial de petróleo pasará de crecer 840.000 barriles diarios en 2024 a 1,1 millones en 2025, hasta los 103,9 millones de barriles al día. Es una cifra relevante, pero muy alejada de los grandes booms energéticos previos. Al mismo tiempo, la oferta global continuará aumentando hasta los 104,8 millones de barriles diarios, incluso sin revertir totalmente los recortes de la OPEP+, lo que consolida un escenario de mercado ampliamente abastecido.
En este contexto, cualquier acumulación de inventarios en EEUU refuerza la percepción de que el riesgo dominante a corto plazo no es la escasez, sino el exceso relativo de crudo.
El impacto inmediato en los precios del crudo
El mercado de futuros reaccionó con la lógica del manual: ventas en el WTI y en el Brent, giro a la baja en las curvas y más presión sobre los plazos cortos. El petróleo estadounidense volvió a moverse en la franja de 70-75 dólares por barril, un rango que la AIE ya describía a finales de 2024 como zona de relativa calma tras años de extrema volatilidad.
Más allá del movimiento puntual, lo importante es la señal. Un aumento de inventarios de esta magnitud, acompañado de fuertes subidas en gasolina, sugiere que los riesgos de inflación procedentes de la energía se moderan en el corto plazo. Para Europa y para España, grandes importadores netos, un crudo estabilizado en torno a esos niveles es un alivio en términos de balanza comercial y de costes empresariales. Sin embargo, para los países productores y para buena parte del sector de shale, precios prolongados en la zona baja de los 70 dólares ponen a prueba la rentabilidad de proyectos marginales.
La Reserva Federal, muy pendiente de la energía
La evolución del precio de la energía sigue siendo un componente decisivo para la política monetaria de la Reserva Federal. En el índice de precios al consumo estadounidense, la energía representa en torno a un 7% del peso total, pero su volatilidad la convierte en un factor clave para las expectativas de inflación y, por extensión, para las decisiones de tipos.
Si los datos de inventarios se consolidan como tendencia –con acumulaciones semanales en crudo y gasolina–, la Fed tendrá más argumentos para pensar que las presiones inflacionistas derivadas de la energía se están disipando. Eso no garantiza recortes de tipos inmediatos, pero reduce el incentivo a seguir endureciendo la política monetaria. Para los mercados de renta fija y bolsa, un petróleo estable o ligeramente a la baja se traduce en un entorno macro más benigno que el de 2022, cuando el shock energético obligó a una respuesta agresiva de los bancos centrales.
Lecciones de otros ciclos de inventarios
La historia reciente del mercado petrolero muestra que las grandes acumulaciones de inventarios en EEUU suelen coincidir con fases de debilidad de precios y, en ocasiones, con revisiones a la baja del gasto de capital de las compañías. En 2016, la propia AIE describía cómo los inventarios récord obligaban a colocar cargamentos en mercados más lejanos, presionando los diferenciales y limitando cualquier rebote del WTI. El diagnóstico entonces fue inequívoco: el mundo estaba sobreabastecido.
Hoy el contexto es distinto, porque coexisten el auge de las renovables, las restricciones de inversión en proyectos fósiles y la fragmentación geopolítica. Pero el mecanismo de transmisión es similar: cuando los tanques se llenan, el mercado exige una prima de riesgo menor y penaliza a los productores con costes más altos. Eso obliga a seleccionar proyectos, a priorizar activos de ciclo corto y a ser más prudente con las perforaciones en yacimientos nuevos, especialmente en el shale estadounidense.
La Reserva Estratégica y el margen de seguridad de EEUU
Otro elemento que no conviene perder de vista es el estado de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) de Estados Unidos. Tras las ventas masivas de 2022 y 2023 para contener los precios de la gasolina, el stock estratégico quedó reducido a unos 395,3 millones de barriles a comienzos de 2025, frente a una capacidad máxima de 714 millones. El contraste con el pasado es evidente: Washington dispone hoy de un colchón de seguridad mucho menor para responder a futuras crisis de oferta.
Paradójicamente, el reciente aumento de inventarios comerciales alivia parcialmente esa vulnerabilidad. Un sector privado con tanques mejor abastecidos puede absorber mejor interrupciones puntuales de suministro sin necesidad de recurrir de inmediato a la SPR. Sin embargo, lo más grave es que el margen estructural se ha reducido y cualquier shock geopolítico de mayor escala podría tensionar de nuevo el mercado mucho más rápido que en décadas anteriores.

