La amenaza de Washington dispara la aversión al riesgo

El EuroStoxx 50 se hunde un 1,6% por nuevos aranceles

Las bolsas europeas han arrancado la semana con un fuerte retroceso, liderado por un EuroStoxx 50 en caída cercana al 1,6% y un DAX alemán que pierde más de 320 puntos en la apertura. El detonante ha sido la nueva amenaza de la Casa Blanca: un arancel adicional del 10% desde el 1 de febrero sobre bienes procedentes de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Países Bajos, Finlandia y Reino Unido, que se elevaría hasta el 25% el 1 de junio si no hay acuerdo. La disputa, ligada a las ambiciones estadounidenses sobre Groenlandia, se cuela así en el corazón del comercio transatlántico. Al mismo tiempo, los inversores aguardan el dato final de inflación de la Eurozona y el informe mensual del Bundesbank, con la mirada puesta en los próximos pasos del BCE. El diagnóstico de la sesión es claro: Europa vuelve a cotizar en clave de guerra comercial y tensión geopolítica.

El EuroStoxx 50 se hunde un 1,6% por nuevos aranceles
El EuroStoxx 50 se hunde un 1,6% por nuevos aranceles

Un arranque de sesión marcado por las ventas

La preapertura ya anticipaba un tono claramente negativo y la campana lo confirmó en cuestión de minutos. A las 8:02 horas CET, el DAX se dejaba un 1,23%, unos 321 puntos, mientras el EuroStoxx 50 caía en torno a un 1,45% y el CAC 40 francés retrocedía cerca de un 2%. En Londres, el FTSE 100 resistía algo mejor, pero también se situaba en negativo, con descensos de entre el 0,3% y el 0,7% según el momento de la sesión.

Índice Euro Stoxx 50

 

El nuevo frente arancelario ligado a Groenlandia

El elemento más inquietante para los inversores es el vínculo directo entre la tensión geopolítica por Groenlandia y la política comercial de Washington. La Administración estadounidense ha deslizado la posibilidad de aplicar un arancel del 10% a partir del 1 de febrero a una amplia gama de productos procedentes de ocho economías clave europeas, con una cláusula explícita de escalada hasta el 25% desde el 1 de junio si no se alcanza un acuerdo político.

Más allá de la disputa concreta sobre el Ártico, el movimiento supone utilizar el acceso al mercado estadounidense como herramienta de presión sobre aliados tradicionales. Se estima que el flujo anual de bienes de los países afectados hacia Estados Unidos puede superar los 300.000-350.000 millones de euros, con un peso especialmente alto de la automoción, la maquinaria industrial y los bienes de consumo de gama media y alta.

“El mensaje es que ningún frente está blindado: ni siquiera el comercio dentro del bloque occidental”, apuntan fuentes financieras. La consecuencia es clara: los analistas empiezan a revisar a la baja sus escenarios de crecimiento para las economías europeas más abiertas, en particular Alemania, Países Bajos y los países nórdicos.

El precedente de la guerra comercial y un contexto más frágil

La memoria reciente de los mercados vuelve a 2018-2019, cuando la guerra comercial iniciada por la Administración Trump restó alrededor de 0,3 puntos de PIB a la Eurozona y elevó la volatilidad bursátil durante varios trimestres. Entonces, el choque se producía en un entorno de tipos aún bajos y sin el lastre de una inflación disparada. Hoy el punto de partida es mucho más delicado.

La Eurozona llega a este nuevo episodio tras encadenar dos años de inflación por encima del 5%, un BCE obligado a llevar los tipos a máximos de casi dos décadas y un crecimiento que apenas supera el 1% anual en algunas grandes economías. La industria alemana, en particular, arrastra una combinación de energía cara, demanda externa débil y presión regulatoria que ha colocado al país varias veces al borde de la recesión técnica.

En este contexto, un arancel del 10%-25% sobre exportaciones clave no es un simple ajuste de márgenes: puede obligar a replantear cadenas de producción completas, acelerar deslocalizaciones o congelar inversiones. El contraste con Asia, donde se refuerzan acuerdos intrarregionales para estabilizar flujos comerciales, resulta demoledor para Europa.

Autos, lujo y consumo discrecional en el punto de mira

Los movimientos de la mañana han dejado claro qué sectores teme más el mercado. En Alemania, el golpe ha sido especialmente duro para la automoción: Mercedes-Benz cede cerca de un 4,9% y BMW en torno a un 4,7% en los primeros cruces, reflejando su elevada exposición a Estados Unidos, que puede suponer más del 15% de sus ventas exteriores. Cualquier recargo arancelario obligaría a elegir entre recortar márgenes o encarecer precios frente a competidores asiáticos y estadounidenses.

En París, el epicentro del castigo se ha situado en el lujo. LVMH llega a caer más de un 4%, arrastrando al conjunto del sector. Un arancel elevado sobre bolsos, moda o cosmética premium impactaría directamente en una clientela estadounidense que ya afronta un entorno de tipos altos y menor renta disponible real. “El lujo depende tanto de la percepción como del precio; si cruzas ciertas líneas, el consumidor pospone la compra”, resume un analista.

Reino Unido tampoco escapa: en el FTSE 100, valores de consumo y distribución como JD Sports pierden cerca de un 3%, reflejando el temor a que un frenazo en el comercio y el turismo acabe golpeando al gasto de los hogares.

Inflación, BCE y el riesgo de un nuevo shock de precios

La jornada está marcada también por los datos macro. Los inversores aguardan el dato final del IPC de la Eurozona de diciembre y el informe mensual del Bundesbank, claves para calibrar los próximos pasos del Banco Central Europeo. El consenso espera una inflación ya cercana al 3%, muy por debajo de los picos superiores al 9% vistos en 2022, pero todavía por encima del objetivo del 2%.

La amenaza arancelaria introduce, sin embargo, una nueva capa de incertidumbre. Si parte del recargo del 10%-25% se traslada a precios finales, el resultado podría ser un shock de precios importados justo cuando el BCE empezaba a ganar margen para discutir recortes de tipos en la segunda mitad del año. El banco central podría verse atrapado entre sostener el crecimiento o contener una nueva ola inflacionista.

El diagnóstico es inequívoco: un conflicto comercial prolongado encarecería bienes industriales y de consumo, tensaría de nuevo las cadenas logísticas y retrasaría la normalización de la política monetaria. Para la renta variable, eso significa mayor prima de riesgo exigida a los activos europeos y múltiplos más exigentes para justificar valoraciones.

El comportamiento de las divisas: euro firme, libra titubeante

En el mercado de divisas, la reacción ha sido más matizada, pero igualmente significativa. A primera hora, el euro se apreciaba alrededor de un 0,23%-0,25% frente al dólar, hasta niveles próximos a 1,1625-1,1630 dólares, mientras que la libra esterlina se movía entre el estancamiento y ligeras alzas, en el entorno de 1,338-1,341 dólares.

A primera vista, resulta paradójico que el euro suba mientras las bolsas caen con fuerza. La explicación está en que el movimiento refleja, sobre todo, expectativas de que la Reserva Federal inicie recortes de tipos antes que el BCE, debilitando algo al dólar. Además, parte del flujo de refugio se canaliza hacia deuda soberana de alta calidad de la propia Eurozona, lo que sostiene temporalmente a la moneda única.

No obstante, si los mercados empiezan a descontar un impacto relevante sobre el crecimiento europeo, el patrón podría invertirse. “Las divisas suelen reaccionar con cierto retraso a los shocks comerciales; cuando lo hacen, el ajuste puede ser brusco”, advierten estrategas de varias entidades. Un giro rápido del euro a la baja no puede descartarse si la disputa se enquista.

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