Ibex 35 despide 2025 al alza, pero la plata lanza una alerta por especulación

Gerardo Ortega ofrece un análisis detallado sobre el desempeño del Ibex 35 y la banca española, así como el comportamiento errático de la plata, protagonizando una advertencia sobre la volatilidad especulativa en 2025.

Gráfico del Ibex 35 en alza con el logo de Negocios TV y elementos visuales de finanzas y bolsa.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Ibex 35 en alza con el logo de Negocios TV

La recta final de 2025 ha confirmado dos historias que avanzan en direcciones opuestas. Por un lado, un Ibex 35 firmemente asentado en zona de máximos históricos, con el índice moviéndose en torno a los 17.200 puntos y consolidando un ciclo alcista que muchos daban por agotado hace apenas un par de años. Por otro, la plata, convertida en símbolo de la euforia especulativa del año, ha encadenado una corrección tan brusca como previsible tras una subida casi vertical. Entre ambos polos se mueve un mercado global que combina aparente calma en los índices con tensiones latentes bajo la superficie.

Un Ibex 35 en “subida libre” y sin grandes sobresaltos

El analista financiero Gerardo Ortega subraya que el Ibex 35 se mueve en una fase de subida libre, con la referencia española estabilizada en torno a los 17.200 puntos y sin resistencias técnicas relevantes a corto plazo. La pauta es clara: mínimos crecientes, correcciones poco profundas y ausencia de ventas masivas, una combinación que describe un mercado cómodo con el nivel actual de precios.

Lo significativo no es solo el nivel del índice, sino el ritmo. Durante buena parte de 2025, las caídas han sido contenidas —en muchos casos inferiores al 4%-5% desde máximos— y rápidamente absorbidas por nuevas compras. Este comportamiento es propio de un mercado donde la oferta de papel es limitada y los inversores institucionales se sienten razonablemente cómodos con el escenario macro: crecimiento moderado, inflación ya en fase de control y tipos de interés que han dejado atrás la fase más restrictiva.

Sin embargo, esta aparente serenidad entraña un riesgo: cuanto más tiempo se mantiene una tendencia sin sobresaltos, mayor es la tentación de darla por garantizada. El verdadero test para el Ibex no será la continuidad de la subida, sino la profundidad de la próxima corrección relevante.

La banca, el motor implacable del rally español

El gran protagonista de esta fase alcista tiene nombre y apellidos: la banca española. Entidades como Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell o Bankinter se han convertido en el núcleo duro del impulso del índice. No se trata de un comportamiento aislado de alguna entidad concreta, sino de un rally sectorial que ha ido replicándose a lo largo de todo el año.

Las razones son conocidas: márgenes todavía elevados tras el ciclo de subidas de tipos, morosidad contenida y una presión regulatoria que, por el momento, no se ha traducido en un golpe directo a la rentabilidad. A ello se suma la expectativa de dividendos atractivos y recompras de acciones que han funcionado como un imán para el inversor internacional, que durante años había infraponderado España en sus carteras.

“Lo relevante no es un banco concreto, sino que todo el sector ha dejado atrás el escepticismo estructural de la última década”, explican fuentes del mercado. El dato es elocuente: en algunos casos, las entidades acumulan revalorizaciones superiores al 30% en el año, situándose entre los mejores valores del índice. La consecuencia es clara: mientras la banca siga siendo el motor, el Ibex seguirá teniendo gasolina para mantener la tendencia.

Estados Unidos: ganancias de dos dígitos, pero con divergencias

Al otro lado del Atlántico, las grandes bolsas estadounidenses han cerrado el ejercicio con ganancias de doble dígito pese a un entorno plagado de incertidumbres geopolíticas y electorales. Sin embargo, lo que a primera vista parece un rally homogéneo esconde diferencias técnicas de calado entre los distintos índices.

El Nasdaq ha seguido apoyado en un puñado de grandes tecnológicas, con movimientos muy concentrados en valores de inteligencia artificial y semiconductores. El S&P 500, más diversificado, refleja una salud razonable del conjunto de la economía, pero con claras diferencias de comportamiento entre sectores cíclicos y defensivos. El Dow Jones, más industrial, se ha movido con un perfil más discreto, lastrado por compañías que acusan la desaceleración de la inversión.

Este mosaico dibuja un escenario menos idílico de lo que sugieren los titulares: las ganancias existen, pero no son universales. Lo más relevante, sin embargo, es que mientras se respeten determinados niveles clave de soporte, los analistas no vislumbran un cambio de tendencia estructural. Este hecho revela una paradoja: el mercado descuenta riesgos, pero sigue dispuesto a pagar múltiplos exigentes por determinados activos.

España frente al mundo: fortaleza aparente, riesgos latentes

El contraste entre el comportamiento del Ibex 35 y el de otros índices europeos e internacionales resulta llamativo. Mientras algunos mercados continentales avanzan con más titubeos, el selectivo español vive uno de sus momentos más dulces de los últimos quince años. La brecha de percepción respecto a la economía real es, sin embargo, evidente.

España sigue arrastrando una productividad estancada, un paro estructural elevado y una ejecución irregular de los fondos europeos, tres factores que actúan como freno de fondo al potencial de crecimiento. El hecho de que el Ibex se haya despegado al alza pese a estas debilidades indica que el mercado está comprando, sobre todo, una historia de bancos y grandes compañías internacionales, más que una mejora profunda del tejido productivo.

El diagnóstico es inequívoco: el mercado descuenta una normalización financiera, no una revolución económica. La consecuencia es clara: cualquier shock que afecte a los tipos de interés, a la calidad crediticia o a la estabilidad política podría traducirse en correcciones más intensas en España que en otros países con estructuras productivas más diversificadas.

La “locura” de la plata: del rally descontrolado a la purga necesaria

Si hay un activo que simboliza como pocos la cara B de 2025, ese es la plata. El metal ha vivido una de las subidas más rápidas de los últimos años, alimentada por una mezcla explosiva de compras especulativas, narrativas sobre su papel como refugio alternativo al oro y expectativas de demanda industrial vinculada a la transición energética.

Gerardo Ortega define sin rodeos este movimiento como “una auténtica locura especulativa”. El gráfico lo ilustra: en cuestión de semanas, la plata llegó a encadenar subidas acumuladas superiores al 40%-50%, con sesiones de volatilidad extrema y un incremento notable del volumen negociado en derivados. Lo más grave es que una parte relevante de la entrada de dinero no respondía a una tesis fundamental sólida, sino a la simple búsqueda de inercia alcista.

La corrección posterior ha sido tan violenta como la subida: caídas de doble dígito en muy poco tiempo, barridas de stops y salida acelerada de posiciones apalancadas. Sin embargo, desde un punto de vista técnico, esta purga de excesos puede considerarse necesaria. Limpia el mercado de manos débiles, enfría expectativas irreales y permite que el activo busque niveles de equilibrio más razonables.

El oro, la contracara estable en un mundo nervioso

Frente a la montaña rusa de la plata, el oro ha mantenido un perfil mucho más estable, con una tendencia alcista lenta pero sólida. El metal dorado continúa ejerciendo su papel clásico de activo refugio en un contexto donde los bancos centrales aún no han cerrado del todo el ciclo de lucha contra la inflación y las tensiones geopolíticas siguen en primer plano.

Mientras la plata se disparaba y corregía con violencia, el oro ha encadenado movimientos más contenidos, con retrocesos moderados y recuperaciones graduales. Esta diferencia de comportamiento subraya una realidad incómoda para muchos inversores minoristas: no todos los metales preciosos juegan en la misma liga ni responden igual a los impulsos especulativos.

La dicotomía es evidente: quien buscó refugio disciplinado ha encontrado en el oro un aliado previsible; quien persiguió el último tramo de la euforia en la plata se ha topado con la cara amarga de la volatilidad. En un entorno de incertidumbre global, la lección es clara: el precio de asumir más riesgo rara vez se paga a plazos largos.

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