La industria del euro se desploma un 1,4% en diciembre
La producción industrial de la zona euro cerró diciembre con un descenso mensual del 1,4%, borrando de un golpe el avance previo y reabriendo las dudas sobre la solidez del tejido productivo europeo. En el conjunto de la Unión Europea, la caída fue del 0,8%, suficiente para confirmar el frenazo. Detrás del dato hay un retroceso acusado en los bienes de equipo, economías clave como Alemania y España encabezando las pérdidas y un Banco Central Europeo que mantiene los tipos en niveles restrictivos. La paradoja es evidente: la industria pierde tracción mientras la política monetaria sigue en terreno contractivo. La cuestión ya no es si el ajuste afecta a la economía real, sino cuánto margen tiene el BCE para sostener tipos al 2% si la producción continúa debilitándose.
El dato que enciende las alarmas
Según las estimaciones de Eurostat, la producción industrial de la zona euro cayó un 1,4% en diciembre frente a noviembre, mientras que en la UE el descenso fue del 0,8%. En términos interanuales, el panorama todavía muestra crecimiento: +1,2% en la eurozona y +1,4% en el conjunto de los Veintisiete. Además, la media de 2025 se salda con un avance del 1,5%, el primero desde 2022.
El problema no está en la media anual, sino en la secuencia final. Diciembre marca la mayor caída mensual desde abril y rompe la narrativa de recuperación gradual que había dominado la segunda mitad del año. El cierre de ejercicio sugiere que el endurecimiento monetario empieza a filtrarse con más claridad hacia la economía real.
Si los próximos meses confirman esta tendencia, el margen del BCE para mantener el actual nivel de tipos se estrechará. El riesgo ya no es inflación descontrolada, sino una combinación incómoda de actividad débil y precios estabilizados, un escenario de crecimiento anémico que empieza a ganar peso en las previsiones para 2026.
Capital goods: la inversión empresarial pisa el freno
El epicentro del deterioro está en los bienes de equipo. En la zona euro, la producción de bienes de capital se desplomó un 1,9% mensual en diciembre; en la UE, el retroceso fue del 1,4%.
Cuando caen los bienes de consumo puede atribuirse a un ajuste de la demanda; cuando lo hacen los bienes de inversión, el mensaje es más estructural: las empresas están aplazando decisiones estratégicas. Con la facilidad de depósito del BCE en el 2% y la principal de financiación en el 2,15%, el coste del capital sigue siendo elevado para proyectos industriales intensivos en financiación.
El contraste es significativo: en términos interanuales, los bienes de capital aún crecían alrededor del 4% en la eurozona. Esa divergencia —buen acumulado anual, mal cierre— apunta a un ajuste concentrado en el último tramo del ejercicio. Muchas compañías parecen haber recalibrado planes de expansión ante un entorno de demanda global más incierto y expectativas de tipos altos durante más tiempo.
Cuando la inversión en bienes de equipo se frena, el impacto no se refleja solo en el PIB trimestral, sino en la productividad futura. Si el parón se consolida, la brecha industrial de Europa frente a Estados Unidos y Asia podría ampliarse en un momento clave para la transición verde y digital.
Alemania, España y Eslovaquia, a la cola de Europa
El mapa por países refuerza la lectura negativa. Las mayores caídas mensuales en diciembre se registraron en Eslovaquia (-4,9%), Alemania (-2,9%) y España (-2,6%), mientras que Luxemburgo lideró las subidas con un +6,4%.
El dato alemán encaja con otras señales recientes de debilidad en la primera economía europea. Para un modelo basado en exportaciones industriales, la combinación de demanda externa moderada, costes energéticos todavía elevados y financiación restrictiva supone una presión acumulativa.
En España, la caída del 2,6% confirma la elevada volatilidad industrial observada en 2025. Aunque el PIB ha resistido mejor gracias a los servicios y el turismo, la base manufacturera sigue expuesta a sectores como automoción y química, sensibles a la transición regulatoria y a la competencia asiática.
El contraste con economías más pequeñas pero dinámicas subraya una recuperación industrial a varias velocidades, donde las grandes potencias manufactureras no están liderando el rebote.
Consumo resistente, pero insuficiente
No todo el informe es negativo. En la zona euro, la producción de bienes de consumo duradero avanzó un 0,2% mensual. En la UE, los bienes duraderos y no duraderos crecieron un 0,5% y 0,6%, respectivamente. El consumo muestra resiliencia pese a dos años de inflación elevada.
Sin embargo, este soporte no compensa la caída en bienes de capital. El diagnóstico es claro: los hogares ajustan gradualmente, pero las empresas empiezan a reaccionar con mayor contundencia.
En energía, la producción retrocedió un 0,3% en la eurozona y un 0,4% en la UE, en línea con una demanda contenida. En bienes intermedios, el descenso del 0,1% en la zona euro contrasta con el ligero avance del 0,1% en la UE, señal de cierta heterogeneidad en las cadenas de suministro.
El resultado es una economía en ralentización controlada: el consumo sostiene el pulso, pero la inversión y la producción pierden impulso.
¿Riesgo para el BCE? Tipos altos y producción a la baja
El deterioro industrial llega en un momento delicado para Fráncfort. Con la inflación cercana al 2% y los tipos anclados en el 2% desde junio de 2025, el BCE ha optado por prolongar la pausa más extensa de su ciclo reciente.
Mientras tanto, los mercados de deuda reflejan expectativas de tipos elevados durante más tiempo. El rendimiento del Bund alemán a diez años se mantiene en niveles relativamente altos en comparación con 2023, y el euro ha mostrado estabilidad frente al dólar, señal de que el mercado no anticipa un giro inmediato en la política monetaria.
El riesgo es que la debilidad industrial obligue a revisar ese escenario. Si la producción continúa cayendo y el crecimiento del PIB se mantiene en torno al 1% en 2026, la presión para flexibilizar aumentará. El BCE se enfrenta a un equilibrio delicado: recortar demasiado pronto podría reactivar tensiones inflacionistas; esperar demasiado podría consolidar un ciclo de inversión deprimida.
Un 2025 positivo… pero con un final incómodo
En términos agregados, 2025 cerró con un avance medio del 1,5% en la producción industrial tanto en la eurozona como en la UE. Tras la crisis energética y la disrupción de cadenas globales, volver a terreno positivo parecía una señal de estabilización.
Sin embargo, la trayectoria importa más que la media. El cierre de diciembre sugiere que parte del crecimiento anual responde a efectos de base y normalización post-crisis, más que a una nueva fase expansiva sólida.
El contraste con Estados Unidos es relevante: allí, el impulso fiscal ligado a la transición energética y a los semiconductores ha sostenido mejor la actividad industrial. Asia, por su parte, mantiene ventajas en costes y escala productiva. Europa combina costes estructuralmente más elevados y una política industrial fragmentada.
Lo que puede pasar ahora: escenarios para 2026
Los economistas manejan tres escenarios principales para 2026. El primero, de aterrizaje suave, interpreta diciembre como un bache técnico y prevé recuperación de pedidos en primavera, con posibles recortes de tipos hacia finales de año.
El segundo contempla un estancamiento prolongado, con inversión contenida y crecimiento en torno al 1%, mientras el BCE mantiene la política restrictiva por cautela inflacionaria.
El tercero implicaría un shock adicional —energético o geopolítico— que empujaría a la industria a terreno recesivo, con menor margen de maniobra monetaria y mayor presión sobre las finanzas públicas.
Diciembre no es un simple dato mensual: es una señal temprana de que el ajuste monetario empieza a sentirse con claridad en la industria europea.
Lecciones para España: productividad y ejecución
Para España, el retroceso del 2,6% debe leerse como advertencia. El dinamismo del PIB apoyado en servicios no sustituye una base industrial sólida. Si la inversión productiva se debilita, el crecimiento potencial a medio plazo se resentirá.
La utilización efectiva de los fondos europeos será determinante. Sin modernización industrial, electrificación y aumento de productividad, el país corre el riesgo de depender en exceso de sectores cíclicos.
La industria no es el motor inmediato del crecimiento español, pero sí su garantía de resiliencia futura. Y esa garantía empieza a mostrar signos de tensión.
