Irán proclama su victoria y el Dow Jones empieza a pagarla
Irán asegura haber resistido al que define como «el ejército más poderoso de la historia». La afirmación procede de Ahmad Vahidi, recién nombrado comandante de la Guardia Revolucionaria, después de casi seis meses de una guerra que ha descabezado buena parte de la antigua cúpula política y militar iraní.
La victoria militar resulta mucho más discutible. Estados Unidos e Israel mataron en febrero al líder supremo Ali Khamenei, al ministro de Defensa Aziz Nasirzadeh y al entonces jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour.
Pero Wall Street está observando otra batalla. El petróleo sube, el estrecho de Ormuz sigue estrangulado y el Dow Jones empieza a reflejar el coste de una guerra que ninguno de los dos bandos consigue cerrar.
Una victoria difícil de reconocer
La proclamación de Vahidi tiene una evidente dimensión propagandística. Irán ha sufrido pérdidas extraordinarias desde que comenzó la ofensiva estadounidense-israelí el 28 de febrero. Además de Khamenei, los ataques eliminaron a varios de los principales responsables militares y de seguridad del régimen.
Sin embargo, Teherán conserva una baza que explica por qué puede presentar su supervivencia como una victoria: el régimen continúa en pie y mantiene capacidad para alterar uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.
La inteligencia estadounidense ya advertía meses atrás de una paradoja incómoda: los bombardeos habían debilitado gravemente las capacidades militares iraníes, pero no habían provocado el colapso del sistema. Al contrario, la Guardia Revolucionaria ganó peso dentro del poder.
Para Irán, resistir puede ser suficiente.
Ormuz cambia toda la ecuación
El verdadero instrumento de presión no está en Teherán, sino en unos kilómetros de agua entre Irán y Omán.
El tráfico comercial por el estrecho de Ormuz permanece cerca de la paralización, mientras continúan los incidentes contra petroleros y las restricciones a la navegación. AP informó este sábado de nuevos ataques en la zona y Estados Unidos mantiene presión naval sobre Irán.
La importancia económica resulta enorme. Por este corredor pasa habitualmente alrededor de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado mundial, de modo que cualquier interrupción prolongada introduce inmediatamente una prima de riesgo en los mercados energéticos.
Ese es el terreno en el que Irán todavía puede hacer daño sin ganar convencionalmente la guerra.
El Brent lanza la advertencia
El viernes, el Brent terminó en 88,52 dólares por barril, un 1,7% más en la sesión y cerca de un 6% por encima del nivel de una semana antes.
La cifra es relevante porque convierte una guerra aparentemente lejana en un problema directamente económico. Petróleo más caro significa mayores costes de transporte, presión sobre carburantes, dificultades para reducir la inflación y menor margen para que los bancos centrales relajen su política monetaria.
Lo importante no es únicamente que el Brent haya subido. Es que lo hace mientras la economía estadounidense ofrece señales de desaceleración y el mercado esperaba dejar atrás parte de las tensiones inflacionistas.
Ormuz vuelve a introducir inflación justo cuando Wall Street quería empezar a olvidarse de ella.
El Dow Jones ya toma nota
El Dow Jones cerró el viernes en 53.732,41 puntos, con una caída de 107,58 puntos, equivalente al 0,20%. En el conjunto de la semana retrocedió aproximadamente un 0,6%.
No supone todavía una capitulación de Wall Street. El S&P 500, de hecho, logró terminar su tercera semana consecutiva al alza. Pero el contraste es significativo: mientras buena parte del mercado continúa sostenida por tecnología e inteligencia artificial, el Dow acusa con mayor claridad la combinación de petróleo caro, tipos elevados y dudas sobre el consumo.
La rentabilidad del Treasury a diez años terminó alrededor del 4,70%, otro obstáculo para las valoraciones bursátiles.
La guerra empieza así a filtrarse desde los mapas militares hacia las cuentas de resultados.
Trump cambia el tipo de presión
Washington tampoco transmite la sensación de disponer de una salida rápida. La Administración Trump está preparando una nueva fase de presión económica y sanciones destinada a aislar todavía más a Irán y obligarlo a reabrir Ormuz.
Eso no significa que haya desaparecido la presión militar. Estados Unidos mantiene su bloqueo naval y Trump incluso ha amenazado con declarar el estrecho territorio estadounidense, una declaración que Teherán rechazó inmediatamente.
Pero el desplazamiento hacia sanciones más agresivas sí evidencia un problema: después de meses de superioridad aérea y de enormes daños sobre la estructura militar iraní, Washington todavía necesita herramientas económicas para conseguir el resultado político que las bombas no han producido.
Wall Street decidirá quién resiste más
La afirmación de Vahidi puede ser propaganda, pero la evolución del petróleo impide descartarla simplemente como retórica.
Irán ha perdido líderes, comandantes e infraestructura. Estados Unidos conserva una superioridad militar abrumadora. Sin embargo, Teherán todavía puede convertir Ormuz en una palanca sobre inflación, tipos de interés y bolsas occidentales.
Ahí aparece el verdadero riesgo para el Dow Jones. Si el Brent vuelve a superar los 90 dólares y permanece allí durante semanas, las expectativas sobre la Reserva Federal podrían deteriorarse rápidamente. Una escalada adicional trasladaría presión desde las petroleras y aerolíneas hasta consumo, industria y tecnología.
Irán no necesita derrotar militarmente a Estados Unidos para encarecerle la guerra. Le basta con conseguir que Ormuz siga cerrado y que Wall Street empiece a hacer las cuentas.