Oro y Nikkei se disparan en plena crisis de Venezuela
El súbito salto del oro y la plata, con avances intradía de más del 2% y el 4% respectivamente, ha convertido de nuevo a los metales preciosos en el termómetro más visible del miedo geopolítico. La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y su traslado a Nueva York han devuelto a los mercados un escenario que muchos daban por enterrado: operaciones militares directas de Washington en América Latina. Al mismo tiempo, las bolsas asiáticas han reaccionado al alza, mientras crecen las dudas sobre la estabilidad política de Cuba, México y Colombia tras la batería de declaraciones de Donald Trump. El contraste es evidente: los índices celebran la liquidez y el relato de control, pero los activos refugio descuentan un mundo más inestable. La pregunta, ahora, es cuánto tiempo puede durar esa aparente desconexión.
Un rally de refugio ante el giro en Caracas
El primer reflejo llegó por el lado clásico del “flight to quality”. En plena sesión, el oro se disparó un 2,26% hasta los 4.425,23 dólares por onza, mientras la plata escalaba un 4,30% hasta 75,51 dólares. Platino y paladio se sumaron al movimiento con avances cercanos al 2%. El diagnóstico de los operadores es inequívoco: el mercado ha interpretado la operación en Venezuela como un cambio de fase en el riesgo geopolítico.
No se trata solo de un ajuste técnico. La captura de un jefe de Estado en ejercicio por parte de Estados Unidos abre un terreno resbaladizo en términos de precedentes y respuesta regional. Venezuela sigue siendo clave en el mapa energético y político de la zona, y cualquier sensación de vacío de poder o de intervención prolongada tiende a traducirse en primas de riesgo mayores para toda la región.
Este hecho revela, además, que la demanda de refugio venía acumulándose desde semanas atrás y necesitaba un catalizador para aflorar en precios. La combinación de tipos reales todavía positivos y tensiones crecientes en varios frentes —Ucrania, Oriente Medio y ahora América Latina— ha devuelto el protagonismo a los activos clásicos de seguridad.
Oro y plata marcan niveles de tensión en un contexto explosivo
Que el oro supere con holgura los 4.400 dólares y la plata se mueva por encima de los 75 dólares la onza no es solo una anécdota de mercado. Supone aproximarse a zonas que muchos gestores consideran “niveles de estrés geopolítico”, donde el componente refugio pesa más que las expectativas sobre tipos o inflación.
Lo más grave, señalan varias casas de análisis, es que este movimiento se suma a la fuerte revalorización acumulada en las últimas semanas, cuando los metales ya avanzaban entre un 10% y un 15% en el año. “No estamos ante un rebote puntual, sino ante una tendencia que el caso venezolano ha acelerado”, apunta un gestor de materias primas.
La consecuencia es clara: si el conflicto político en Caracas se prolonga, o si se abre un frente explícito de sanciones cruzadas, el margen para nuevas subidas se mantiene abierto. Y con él, el riesgo de que los bancos centrales de economías emergentes refuercen sus reservas en oro, drenando aún más liquidez de otros activos.
Asia celebra… mientras sube la tensión en América Latina
Mientras los metales preciosos enviaban señales de alarma, las bolsas asiáticas optaban por la lectura favorable. El Nikkei 225 se anotó un 2,74%, el Kospi surcoreano ganó un 2,54% y marcó un récord en 4.420,35 puntos, y los índices chinos avanzaron entre el 0,9% y el 1%. Incluso el Hang Seng, muy castigado en los últimos meses, logró un tímido 0,3% al alza.
Para los inversores asiáticos, la operación sobre Maduro y el eventual reordenamiento del poder en Venezuela se leen, por ahora, como un factor de mayor previsibilidad en el suministro energético y en el mapa de alianzas, más que como una fuente de ruptura. A ello se suman unos datos de PMI en Japón y China ligeramente mejores de lo esperado, que han permitido al mercado centrarse en la narrativa de recuperación manufacturera.
El contraste con el comportamiento del oro y la plata resulta, sin embargo, elocuente. Mientras el dólar se refuerza frente al yen hasta la zona de 157 por dólar, señal de apetito por activos estadounidenses, los metales descuentan un mundo menos estable. Dos lecturas opuestas para un mismo punto de partida: la entrada de América Latina en una nueva etapa de fricción con Washington.
Trump endurece el discurso: Venezuela, Cuba, México y ahora Colombia
La operación militar en Venezuela no llega sola. A bordo del Air Force One, Donald Trump encadenó en cuestión de horas una serie de mensajes que elevan el tono sobre varios vecinos de la región. Sobre Cuba, afirmó que el régimen “está listo para caer” porque “ya no tiene ingresos de Venezuela”. Preguntado por una eventual intervención, añadió que probablemente “no hará falta” porque “se va a caer sola, está contra las cuerdas”.
Respecto a México, el presidente fue aún más explícito al afirmar que “los carteles están dirigiendo México, te guste o no” y que ofrece “en cada conversación” el envío de tropas estadounidenses para combatirlos. De la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que está “un poco asustada” ante los criminales. Y cuando se le planteó la posibilidad de una “Operación Colombia”, zanjó con un “sounds good to me”, aderezado con críticas al presidente Gustavo Petro, al que calificó de “hombre enfermo”.
El mensaje de fondo es nítido: la Casa Blanca se reserva la opción de extender su presión más allá de Caracas. Para los mercados, esa retórica complica el cálculo de riesgos y añade capas de incertidumbre a unas economías ya frágiles.
El riesgo de una escalada regional y el impacto en los mercados
El precedente de operaciones anteriores de Estados Unidos en la región —desde Panamá hasta Irak, pasando por intervenciones menos explícitas— muestra que los impactos de segunda ronda suelen ser más duraderos que el propio movimiento militar inicial. El temor ahora es que la captura de Maduro sea solo el primer paso de una estrategia más amplia de reposicionamiento en el hemisferio.
En términos financieros, una escalada regional podría traducirse en aumentos de 100 a 200 puntos básicos en las primas de riesgo de deuda soberana latinoamericana, salidas de capital de las bolsas locales y una nueva oleada de depreciaciones cambiarias. Los sectores más expuestos —energía, banca y construcción— serían los primeros en notar el ajuste.
Para Europa y, en particular, para España, la inquietud tiene nombres propios: bancos con fuerte presencia en México y Colombia, energéticas con intereses en Venezuela y compañías de infraestructuras con contratos a largo plazo en la zona. Cualquier giro brusco en el equilibrio político puede alterar reglas de juego, contratos y flujos de divisas en cuestión de días.
Latinoamérica, de proveedor energético a foco de inestabilidad
La frase de Trump sobre que Cuba “ya no tiene ingresos de Venezuela” resume una realidad más amplia: la dependencia cruzada entre regímenes y flujos energéticos en la región. La abrupta captura de Maduro y el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta interina abren interrogantes sobre el futuro de PDVSA, los contratos de exportación y la continuidad de los acuerdos preferenciales.
Si el nuevo Gobierno transitorio opta por reordenar el mapa de alianzas, el impacto sobre envíos de crudo y derivados hacia Cuba y otros países aliados podría ser inmediato. A medio plazo, el país podría tratar de normalizar su relación con Estados Unidos y atraer inversión, pero el tránsito entre ambos escenarios promete ser turbulento.
Este hecho revela que la región corre el riesgo de pasar, en cuestión de meses, de proveedor relativamente estable de materias primas a foco estructural de inestabilidad, en un momento en el que el mercado global ya lidia con tensiones en Oriente Medio y en el mar Rojo. La consecuencia: las materias primas ligadas a la energía y los metales preciosos podrían seguir actuando como barómetro del miedo.
Qué miran ahora los bancos centrales y los gestores
Ante este nuevo tablero, bancos centrales y grandes gestoras internacionales han comenzado a reajustar su narrativa. La combinación de dólar fuerte, oro en máximos y tensiones en una región clave para el suministro energético obliga a replantear tanto las estrategias de reservas como las carteras de riesgo.
Algunos bancos centrales emergentes podrían aprovechar la coyuntura para incrementar su peso en oro entre 2 y 3 puntos porcentuales, reduciendo exposición a dólares y deuda soberana de países percibidos como más expuestos al conflicto. A su vez, los gestores de fondos globales ya están revisando sus posiciones en bonos y acciones latinoamericanas, sustituyendo parte de esa exposición por materias primas y activos defensivos.
“El margen de error se ha estrechado; no se trata de salir de la región, pero sí de asumir que la prima de riesgo estructural ha subido un peldaño”, señalan desde una gran casa europea. El diagnóstico es inequívoco: la política vuelve al centro del pricing de activos.
Cobertura, materias primas y divisas
De cara a los próximos meses, los escenarios van desde una normalización relativamente rápida en Venezuela, con un Gobierno interino que estabiliza el país y abre un proceso negociado, hasta una deriva de confrontación en varios frentes —Caracas, La Habana, Ciudad de México y Bogotá— que cronifique la volatilidad.
En un escenario intermedio, que hoy muchos consideran el más probable, el oro y la plata mantendrían parte de las subidas recientes, consolidándose con correcciones del 5%-10% tras los picos de tensión, mientras las divisas latinoamericanas sufren episodios recurrentes de depreciación. Para los inversores institucionales, la estrategia pasa por combinar exposición selectiva a la región con coberturas vía metales preciosos y derivados de volatilidad.
En síntesis, la captura de Maduro y las palabras de Trump han devuelto a América Latina al centro del riesgo geopolítico global. Los metales preciosos ya lo están reflejando; las bolsas, por ahora, prefieren mirar hacia otro lado. La experiencia histórica sugiere que esa brecha no puede mantenerse indefinidamente.