Yen

El yen se dispara y Tokio insinúa intervención inminente

El brusco giro de la divisa japonesa frente al dólar reaviva el fantasma de una intervención coordinada y pone en jaque a los fondos que han vivido del ‘carry trade’ barato durante años
Yen cc pexels-luoqing-29916084
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El yen japonés se ha disparado en cuestión de minutos frente al dólar, encadenando una apreciación de más del 1,5% intradía después de que desde Tokio llegaran señales claras de una posible intervención inminente en el mercado de divisas.
El movimiento ha pillado con el pie cambiado a gran parte del mercado, que llevaba semanas apostando por un yen débil apoyado en el diferencial de tipos con Estados Unidos.
En pocos cruces de pantalla, el par dólar/yen (USD/JPY) ha pasado de moverse cómodamente en la zona de 159–160 a perforar niveles próximos a 155, un rango que muchos operadores marcaban como “línea roja” para el Gobierno nipón.
Las primeras reacciones llegan de los fondos apalancados, que afrontan llamadas de margen y cierres forzosos de posiciones.
El mensaje es inequívoco: el Banco de Japón y el Ministerio de Finanzas no están dispuestos a tolerar una caída desordenada de su moneda, y el mercado ha recibido la advertencia en tiempo real.

yen 2026-01-24 at 18.30.00
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Un giro en minutos que recuerda a episodios de 2022

La sesión arrancó con la inercia habitual de los últimos meses: un yen débil, rondando los 160 por dólar, reflejo de unos tipos japoneses aún cerca del 0% frente a un rendimiento del Treasury a 10 años en la órbita del 4,2%-4,3%. Sin embargo, bastaron pocas declaraciones crípticas desde Tokio y los primeros rumores de contactos con bancos para que el cruce se diera la vuelta de forma abrupta.

En menos de una hora, el yen llegó a apreciarse en torno a un 1,7%, un movimiento inusualmente violento para una divisa del G7. Los terminales de trading empezaron a mostrar órdenes de venta masiva de dólares contra yen, algunas claramente asociadas a cierres automáticos de posiciones short JPY.

El episodio recuerda a las intervenciones de 2022, cuando las autoridades japonesas, por primera vez en décadas, salieron de forma abierta a comprar yenes para frenar su desplome. Entonces, los niveles que saltaron las alarmas estaban en torno a 145–150; hoy, la elasticidad del mercado es menor y las apuestas contra el yen se habían multiplicado.

Lo más preocupante para muchos gestores no es el nivel puntual alcanzado, sino la forma del movimiento: vertical, sin apenas liquidez y con spreads ampliándose en segundos. Un recordatorio de que, en divisas, la ilusión de estabilidad puede evaporarse mucho más rápido que en bolsa o bonos.

El nivel que vigila Tokio y las “líneas rojas” implícitas

Oficialmente, el Gobierno japonés insiste en que no fija objetivos de tipo de cambio, y que solo le preocupa la “excesiva volatilidad”. En la práctica, el mercado lleva meses dibujando su propio mapa de líneas rojas.

Primero fue la zona de 150, después 155 y, en las últimas semanas, el consenso informal apuntaba a que un yen por encima de 160 por dólar sería políticamente difícil de defender ante la opinión pública japonesa, castigada por la inflación importada. El movimiento de hoy, que ha llevado el cruce por debajo de 156 a gran velocidad, se interpreta como un aviso preventivo: Tokio no va a esperar a que la situación se descontrole.

Las señales han sido sutiles pero reconocibles:

  • lenguaje más duro del ministro de Finanzas, al hablar de “vigilar con extrema atención” el mercado,

  • posibles rate checks con entidades financieras para sondear el tipo efectivo,

  • filtraciones sobre la disposición a “utilizar todas las herramientas” para estabilizar la divisa.

Nada de esto equivale todavía a una confirmación explícita de intervención, pero el mensaje ha calado: por encima de ciertos niveles, el yen ya no es territorio libre para los especuladores. La pregunta ahora es si el movimiento de hoy será suficiente para enfriar las apuestas bajistas o si solo es la antesala de una operación de mayor calado.

La trampa del ‘carry trade’ y los fondos que pueden quedar atrapados

Durante años, Japón ha sido el gran cajero automático del mundo financiero. Tipos a cero, abundante liquidez y una divisa débil convertían al yen en moneda ideal para financiar el llamado carry trade: endeudarse en yenes baratos para invertir en activos con mayor rentabilidad en dólares, euros o emergentes.

Con un yen rondando los 160 por dólar y tipos japoneses todavía en el entorno del 0,1%-0,25%, muchos fondos habían vuelto a esa estrategia clásica, ampliando apalancamiento y asumiendo que el Banco de Japón no se movería con brusquedad. El giro de hoy deja claro que esa complacencia tiene un precio.

Una apreciación del 2%-3% del yen en pocos días puede borrar de un plumazo meses de carry acumulado. Si el movimiento se amplifica hasta el 5%-7% en cuestión de semanas, algunos vehículos muy expuestos podrían enfrentarse a pérdidas de doble dígito, especialmente aquellos que utilizan derivados sobre divisa sin coberturas adicionales.

La consecuencia potencial es un desapalancamiento forzoso que no se quedaría solo en el mercado de divisas: venta de bonos emergentes, cierre de posiciones en bolsa asiática, reducciones de riesgo en crédito corporativo… El yen, tradicional refugio en tiempos de estrés, puede convertirse esta vez en la mecha que encienda una corrección más amplia.

El dólar pierde brillo y la Fed mira de reojo

El movimiento del yen se produce, además, en un contexto de debilidad creciente del dólar. El índice que mide al billete verde frente a una cesta de divisas (DXY) ya venía corrigiendo alrededor de un 0,8% en la semana, penalizado por la sensación de que la Reserva Federal está más cerca del inicio de los recortes de tipos que de nuevas subidas, mientras el crecimiento estadounidense aguanta mejor de lo esperado.

La apreciación del yen introduce una capa adicional: si Japón está dispuesto a defender su divisa con firmeza —vía intervenciones o vía un giro más rápido en la política del Banco de Japón—, el atractivo del dólar como destino del carry trade se reduce. Los flujos podrían reequilibrarse hacia otras monedas refugio, incluido el euro, que también ha aprovechado el movimiento para alejarse de mínimos recientes.

Para la Fed, la clave no está tanto en el nivel concreto del yen como en el efecto global sobre las condiciones financieras. Un dólar algo más débil, acompañado de una corrección ordenada en el carry trade, puede ayudar a aliviar el endurecimiento acumulado de los últimos dos años. Pero un ajuste brusco, con salidas desordenadas de posiciones y tensiones en mercados emergentes, sería otra cosa.

En ese escenario, el banco central estadounidense podría verse forzado a calibrar su mensaje con más cuidado, para evitar que un problema localizado en el cruce dólar/yen se convierta en una nueva fuente de inestabilidad mundial.

Europa, España y el impacto indirecto del ‘shock’ del yen

A primera vista, un movimiento violento del yen puede parecer un asunto lejano para las empresas y los inversores españoles. En realidad, no lo es en absoluto. Varias grandes cotizadas del Ibex mantienen exposición significativa a Japón, tanto por ventas directas como por cadenas de suministro o financiación en yenes.

Para los grupos con deuda denominada en yenes, una apreciación de la moneda del 5% frente al euro incrementa el valor contable de esos pasivos y puede tensar algunos ratios de endeudamiento. Para quienes exportan a Japón, el efecto es mixto: una divisa fuerte encarece sus productos en yenes, pero también mejora el poder adquisitivo de los clientes locales si la economía japonesa no se resiente.

En el plano financiero, muchos fondos europeos participan directa o indirectamente en estrategias de carry trade con yenes, aunque no siempre bajo esa etiqueta. Un ajuste violento puede traducirse en pérdidas inesperadas en carteras teóricamente diversificadas, con caídas sincronizadas en activos aparentemente poco relacionados.

Además, el movimiento del yen es una señal más de un entorno en el que las divisas vuelven al centro del escenario. Para bancos centrales como el BCE, que trata de gestionar su propia salida de tipos altos, ver a Japón —referencia histórica de tipos cero— enfrentarse a los límites de una moneda demasiado débil aporta lecciones incómodas sobre los riesgos de dejar que el mercado “haga su trabajo” sin líneas rojas claras.

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