La economía del Reino Unido crece un 0,1% en el cuarto trimestre.
Reino Unido encadena otro trimestre débil y crece solo un 0,1%
La economía británica vuelve a caminar por la línea fina entre crecimiento técnico y estancamiento estructural. El Producto Interior Bruto del Reino Unido avanzó apenas un 0,1% en el cuarto trimestre de 2025, el mismo ritmo que en el trimestre anterior y por debajo del 0,2% que esperaba el consenso. No es una contracción, pero tampoco es dinamismo. Es supervivencia estadística.
En el conjunto del ejercicio, el PIB creció un 1,3%, ligeramente por encima del 1,1% de 2024, pero por debajo de las previsiones oficiales. El dato evita titulares de recesión, pero no cambia el relato central: el Reino Unido sigue atrapado en una trayectoria de bajo crecimiento que ya no puede atribuirse únicamente a shocks externos.
La reacción del mercado ha sido contenida. La libra apenas se movió y los bonos soberanos reflejan una lectura clara: el crecimiento es demasiado débil como para endurecer política monetaria, pero no lo suficientemente negativo como para forzar estímulos agresivos inmediatos.
El mensaje que lanza la cifra es inequívoco. La economía británica no se contrae, pero tampoco despega.
Servicios estancados: el corazón del modelo pierde tracción
El dato más relevante no es el 0,1% agregado, sino su composición. El sector servicios, que representa cerca del 80% del PIB británico, registró crecimiento cero en el cuarto trimestre. Ese estancamiento es estructuralmente preocupante.
La economía británica depende de finanzas, consultoría, tecnología, turismo urbano y servicios empresariales. Cuando ese bloque se detiene, no hay un sector alternativo lo suficientemente grande para compensar.
Algunos subsegmentos mostraron resiliencia, como agencias de viaje o actividades vinculadas al turismo internacional. Pero otros, especialmente ocio, recreación y determinados servicios profesionales, retrocedieron. El resultado es un patrón irregular que impide construir una tendencia sólida.
Para los inversores, esto significa algo concreto: el Reino Unido sigue siendo una economía altamente dependiente del ciclo global de servicios y del capital internacional. Si el comercio global o la confianza empresarial se enfrían, el impacto se magnifica.
Construcción en caída libre: señal de alerta sobre inversión
Si el estancamiento de servicios preocupa, el desplome del 2,1% en construcción en el cuarto trimestre es directamente una señal de alerta.
Es el peor trimestre del sector en más de cuatro años. El encarecimiento hipotecario acumulado entre 2022 y 2024, los costes elevados de materiales y la prudencia empresarial han golpeado tanto al segmento residencial como a proyectos de infraestructuras.
La inversión empresarial cayó un 2,7% en el trimestre. Esa cifra pesa más que cualquier décima de PIB. Sin inversión no hay mejora de productividad. Y sin productividad no hay crecimiento sostenible.
Este es el verdadero problema británico: no la volatilidad trimestral, sino la incapacidad crónica para sostener inversión privada robusta desde el Brexit.
Industria al rescate, pero sin peso suficiente
La producción industrial creció un 1,2% en el trimestre. Es un dato positivo. Pero el peso relativo de la industria en el PIB británico es limitado tras décadas de terciarización.
El Reino Unido ya no es una economía industrial dominante. Por tanto, incluso con repuntes manufactureros, el impacto agregado es reducido.
Desde el punto de vista estructural, esto expone una vulnerabilidad: la economía carece de motores alternativos fuertes cuando los servicios pierden impulso.
Renta per cápita en retroceso: el verdadero termómetro social
Más allá del PIB agregado, la renta real per cápita cayó por segundo trimestre consecutivo en la recta final de 2025.
Ese es el dato políticamente explosivo.
El país produce algo más, pero el ciudadano medio no percibe mejora proporcional. La presión fiscal aumentó tras el paquete impositivo de noviembre, los costes energéticos siguen elevados y la recuperación salarial apenas compensa la erosión inflacionaria de años anteriores.
En términos económicos, esto limita el consumo. En términos políticos, estrecha el margen de maniobra del Gobierno.
Política monetaria: el Bank of England en terreno delicado
El tipo oficial se sitúa en el 3,75% tras varios recortes en 2025. El mercado anticipa más bajadas si la inflación converge al 2%.
La institución se enfrenta a un dilema clásico. Crecimiento débil justifica estímulo. Inflación aún sensible obliga a prudencia.
Si el PIB sigue moviéndose en torno al 0,1%-0,2% trimestral, la presión para recortar tipos aumentará. Pero si el petróleo o los salarios generan repuntes inflacionarios, el banco central tendrá margen limitado.
La combinación de consolidación fiscal y política monetaria cautelosa puede mantener al Reino Unido en una zona de crecimiento mediocre prolongado.
Comparación internacional: mejor que Europa, lejos de Estados Unidos
El 1,3% anual sitúa al Reino Unido ligeramente por encima de algunas economías de la eurozona, pero claramente por debajo de Estados Unidos.
Mientras la economía estadounidense mantiene crecimiento cercano al 2% con fuerte inversión tecnológica, el Reino Unido opera con menor productividad y menor dinamismo de capital.
Para el inversor global, la conclusión es pragmática: Reino Unido es estabilidad moderada, no crecimiento acelerado.
Riesgos que pueden romper el equilibrio
Hay cuatro riesgos que podrían alterar el escenario actual:
Primero, un nuevo shock energético que presione inflación y frene el consumo.
Segundo, una caída adicional de la inversión privada si el entorno fiscal se percibe hostil.
Tercero, tensiones comerciales o regulatorias post-Brexit que afecten servicios financieros.
Cuarto, un deterioro más fuerte de la construcción que arrastre empleo.
El mercado, por ahora, descuenta continuidad en el bajo crecimiento, no crisis.
Escenarios para 2026
Escenario base: crecimiento en torno al 1%, recortes graduales de tipos y estabilización sin impulso estructural. Es el escenario que hoy domina el consenso.
Escenario positivo: mejora de inversión empresarial, mayor confianza post-electoral y aceleración hasta 1,5%-1,7%. Requeriría reformas claras y estímulo a productividad.
Escenario adverso: nuevo shock externo o fiscal que lleve el crecimiento cerca de cero y reactive el riesgo técnico de recesión.
La probabilidad mayor, hoy, es la mediocridad prolongada.
Qué significa esto para el inversor europeo
Para España y el resto de Europa, el dato británico importa por tres razones. Primero, porque el Reino Unido sigue siendo socio comercial relevante. Segundo, porque compite por capital internacional con la eurozona. Y tercero, porque su desempeño condiciona flujos financieros y decisiones empresariales transfronterizas.
Un Reino Unido débil pero estable no genera pánico, pero tampoco atrae capital masivo.
La conclusión es directa. El Reino Unido evita la recesión, pero no logra escapar de un patrón de bajo crecimiento que ya se ha convertido en estructural. Para los mercados, la historia no es de colapso, sino de falta de ambición macroeconómica visible.
Y en capitales internacionales, la diferencia entre crecimiento débil y crecimiento convincente es donde realmente se decide el dinero.