Al borde del colapso: reservas mundiales de petróleo en mínimos junto a la tensión geopolítica de Trump

El mercado mundial de petróleo enfrenta una crisis sin precedentes debido al bloqueo del estrecho de Ormuz y la escalada bélica liderada por Estados Unidos bajo Donald Trump. Los movimientos estratégicos en plena final del Mundial aumentan la amenaza de un colapso energético y un posible conflicto militar.
Imagen ilustrativa del estrecho de Ormuz y un petrolero navegando bajo tensión geopolítica en 2026.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Al borde del colapso: reservas mundiales de petróleo en mínimos junto a la tensión geopolítica de Trump

Mientras España y Argentina disputan la final del Mundial en Nueva Jersey, una crisis mucho más silenciosa amenaza con golpear la economía global. Donald Trump, que tiene previsto asistir al encuentro, llega con Estados Unidos inmerso en una nueva escalada militar contra Irán.

El estrecho de Ormuz vuelve a estar prácticamente bloqueado, Washington ha atacado un petrolero y la mayor reserva estratégica de crudo del mundo ha caído a su nivel más bajo desde 1983. No existe todavía un colapso energético, pero el margen para evitarlo se estrecha con rapidez.

La reserva toca mínimos

La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos contenía 316,5 millones de barriles en la semana terminada el 10 de julio. Es menos de la mitad de su capacidad autorizada, situada en 714 millones, y el volumen más reducido de los últimos 43 años.

La Administración Trump autorizó la liberación de hasta 172 millones de barriles para contener el precio de los combustibles tras el inicio de la guerra con Irán. La operación evitó temporalmente que el Brent se instalara por encima de los 100 dólares, pero consumió una parte sustancial del principal colchón energético estadounidense.

El problema ya no es únicamente cuánto petróleo queda, sino cuánto tiempo puede seguir utilizándose para intervenir el mercado.

Ormuz queda casi desierto

Antes del conflicto, por el estrecho de Ormuz circulaban alrededor de 20 millones de barriles diarios, cerca del 20% de los hidrocarburos mundiales. También era una ruta esencial para el gas natural licuado procedente de Catar y para las exportaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak.

El movimiento de barcos cayó un 52% entre el 10 y el 12 de julio. De una media cercana a 120 buques diarios antes de la guerra, el domingo apenas cruzaron 14, y solo la mitad eran comerciales. Irán permite el tránsito por una única vía próxima a su costa, mientras muchos petroleros navegan sin transpondedor para evitar ser detectados.

No es un cierre absoluto. Para el mercado, sin embargo, funciona como uno.

Un petrolero bajo los misiles

Estados Unidos elevó la tensión al inutilizar con misiles Hellfire un petrolero vacío que se dirigía hacia la isla iraní de Jark. El ataque se produjo durante el quinto día consecutivo de operaciones norteamericanas contra defensas costeras, depósitos de misiles e instalaciones militares iraníes.

Teherán respondió con ataques contra objetivos en Baréin y Kuwait y amenazó con paralizar todas las exportaciones regionales.

«Las exportaciones energéticas de la región serán compartidas por todos o negadas a todos», advirtió la Guardia Revolucionaria iraní.

La frase resume el riesgo: Irán no necesita destruir instalaciones petroleras. Le basta con elevar el coste de los seguros, ahuyentar a las navieras y convertir cada travesía en una operación militar.

El Brent vuelve a 87 dólares

El petróleo Brent llegó a tocar los 87,55 dólares por barril, después de subir cerca de un 10% al comienzo de la semana. Posteriormente moderó el avance, aunque se mantuvo por encima de 85 dólares, alrededor de un 15% más caro que antes de la guerra.

El mercado todavía no descuenta una interrupción completa. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos están utilizando oleoductos y puertos alternativos, pero esas rutas no pueden reemplazar los volúmenes que cruzaban Ormuz.

La consecuencia es clara: cualquier nuevo ataque contra un buque, una terminal o una instalación de Jark podría devolver el crudo hacia los máximos cercanos a 120 dólares alcanzados durante la fase más aguda del conflicto.

El Mundial no explica la guerra

La coincidencia con la final entre España y Argentina multiplica la atención pública, pero no existe ninguna evidencia de que Washington haya sincronizado su estrategia militar con el partido. Las operaciones comenzaron varios días antes y forman parte de la reactivación del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes.

Trump pretende presentarse en el MetLife Stadium y participar en la entrega del trofeo. Al mismo tiempo, su Gobierno exige a Irán un nuevo acuerdo y amenaza con ampliar los ataques si no garantiza la navegación.

La imagen resulta políticamente poderosa: espectáculo global dentro del estadio y una guerra por el control energético fuera de las cámaras.

La inflación vuelve al escenario

Un petróleo persistentemente por encima de 90 dólares encarecería el transporte, la aviación, los fertilizantes, los plásticos y buena parte de la producción industrial. Europa, más dependiente de las importaciones energéticas, sufriría además la amenaza sobre el gas catarí transportado por Ormuz.

Estados Unidos conserva capacidad de extracción, pero su reserva estratégica se acerca al rango de 250 a 300 millones de barriles que numerosos especialistas consideran el mínimo operativo prudente. El Departamento de Energía sostiene que técnicamente podría reducirse hasta unos 70 millones, aunque hacerlo dejaría al país mucho más expuesto a otra emergencia.

El Mundial terminará después de 90 minutos. La crisis de Ormuz puede prolongarse durante meses, y esta vez el mundo afronta el partido con el banquillo energético casi vacío.

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