Biodata Bank: Bomberos de Cataluña y Mossos ya usan la tecnología que anticipa el golpe de calor

Jaime avisa en Skiller Talks: el 80% no detecta el golpe de calor. El codirector de Biodata Bank explica cómo una pulsera japonesa utilizada por bomberos y policías alerta del estrés térmico antes de que aparezcan los síntomas.

Miniatura del vídeo donde se aborda el uso de la Inteligencia Artificial para optimizar la declaración de la Renta y tecnología para prevenir riesgos laborales en olas de calor.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Biodata Bank: Bomberos de Cataluña y Mossos ya usan la tecnología que anticipa el golpe de calor

En el 80% de los casos, el trabajador no sabe que está sufriendo estrés térmico hasta que el riesgo ya es elevado. Esa es la advertencia de Jaime, codirector de Biodata Bank, ante el aumento de los episodios de calor extremo y la exposición de bomberos, policías, operarios y trabajadores de la construcción.

Con apenas 24 años, después de vivir nueve en Japón, Jaime representa una nueva generación empresarial que pretende convertir la tecnología portátil en un equipo de protección laboral. Su propuesta es una pulsera de 44,90 euros capaz de medir la acumulación de calor corporal y avisar antes del colapso.

El peligro que el cuerpo no percibe

El principal enemigo no es únicamente la temperatura exterior. Es la falsa sensación de seguridad. Beber agua, buscar sombra o mojarse la nuca puede aliviar momentáneamente el calor, pero no siempre refleja lo que está sucediendo dentro del organismo.

«No te tienes que fiar al 100% de tu cuerpo porque no lo vas a saber hasta que sea demasiado tarde», sostiene Jaime.

Biodata Bank comprobó esta diferencia durante una prueba con bomberos de Tokio. Los participantes subieron escaleras durante 20 minutos cargados con todo su equipo. Al terminar y entrar en una oficina climatizada, creyeron que su temperatura se estabilizaba. Sin embargo, la temperatura corporal profunda siguió aumentando después del ejercicio.

Una alerta antes del colapso

La pulsera Canaria Plus debe colocarse antes de comenzar la jornada, cuando la temperatura interna todavía permanece estable. A partir de ese momento, un sensor de flujo de calor calcula si el cuerpo acumula más energía térmica de la que consigue disipar.

Cuando detecta peligro, el dispositivo activa vibración, sonido y una señal luminosa roja. El trabajador debe entonces interrumpir la actividad durante entre cinco y quince minutos, hidratarse, buscar sombra y aplicar medidas de enfriamiento.

La luz vuelve a verde cuando la temperatura se normaliza. Lo más relevante es que la advertencia puede producirse antes de que aparezcan mareos, confusión o debilidad, síntomas que en determinados trabajos pueden llegar demasiado tarde.

De Japón a los incendios españoles

España ya es el segundo mercado más importante de Biodata Bank, únicamente por detrás de Japón. La tecnología no se encuentra en fase experimental: los Mossos d'Esquadra llevan alrededor de dos años utilizándola y los bomberos de Cataluña, tres campañas consecutivas.

También está presente en constructoras, compañías energéticas y empresas cuyos trabajadores revisan instalaciones fotovoltaicas o desarrollan tareas al aire libre.

Jaime recuerda el caso de un operario que se desplomó mientras inspeccionaba una planta solar y tuvo que ser trasladado a urgencias. El diagnóstico fue un golpe de calor. La consecuencia es clara: en sectores donde una caída puede provocar un accidente adicional, anticiparse no solo protege la salud, sino también la continuidad de la operación.

Privacidad sin vigilancia laboral

El avance de los dispositivos corporales plantea una pregunta incómoda: quién controla la información fisiológica del trabajador. Biodata Bank ha optado por un sistema local que no transmite datos personales ni identifica individualmente al usuario.

La empresa recibe información asociada a la pulsera, las horas de uso y las alertas registradas, pero no un historial nominal de cada empleado. De este modo, puede localizar zonas, tareas o franjas horarias de mayor riesgo sin convertir la prevención en vigilancia.

Este diseño responde también a las preocupaciones sindicales. La protección térmica pierde legitimidad si se utiliza para medir productividad, presión emocional o rendimiento individual. Jaime defiende que el trabajador debe seguir siendo el propietario efectivo de su información.

El coste de no prevenir

El precio final de la pulsera es de 44,90 euros por unidad, antes de aplicar descuentos por volumen. La cifra resulta reducida frente al coste de otros equipos obligatorios, como cascos, calzado técnico, arneses o ropa ignífuga.

Pero el verdadero cálculo económico aparece después del accidente. Una baja laboral, una evacuación médica o la paralización de una obra pueden multiplicar ampliamente el desembolso inicial. Lo más grave es que, en ocupaciones críticas, el golpe de calor puede comprometer también a compañeros y equipos de rescate.

La tecnología deja así de ser un accesorio. Se convierte en una herramienta para reducir absentismo, responsabilidades empresariales y errores humanos provocados por el deterioro físico.

Horarios diseñados con datos

Las alertas acumuladas permiten detectar qué trabajos presentan mayor exposición y en qué momento de la jornada. Jaime pone como ejemplo a los servicios de limpieza urbana: si las incidencias se concentran a las 14.00 horas, podría adelantarse el turno de siete a dos a uno de seis a una.

El dispositivo también puede adaptarse a características individuales, como la composición corporal o la capacidad de disipar calor. Sin embargo, esa personalización exige cautela para no generar discriminaciones laborales.

El diagnóstico es inequívoco: los horarios fijos perderán sentido cuando las olas de calor conviertan determinadas franjas en periodos de riesgo previsible. La prevención deberá apoyarse cada vez más en datos reales, no únicamente en calendarios o protocolos genéricos.

De dispositivo voluntario a protección obligatoria

El cambio normativo introducido en 2023, que reforzó la adaptación de horarios durante episodios de temperaturas extremas, fue para Jaime un primer paso. Su expectativa es que estos dispositivos terminen recorriendo el mismo camino que los cascos o el calzado de seguridad: primero recomendados, después generalizados y finalmente obligatorios.

Biodata Bank mantiene, por ahora, una estrategia deliberadamente especializada. Un solo dispositivo y un único problema: anticipar el estrés térmico. «Simple is best», resume Jaime.

La presión climática, la responsabilidad empresarial y el bajo coste de la tecnología pueden acelerar ese proceso. La pulsera no elimina el calor. Pero puede impedir que el trabajador descubra el peligro cuando ya no tiene tiempo para reaccionar.

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