Irastorza revela la alianza oculta entre EEUU y Rusia, pero Dow Jones vigila la alianza incómoda contra China
Estados Unidos y Rusia mantienen una confrontación abierta en numerosos frentes, pero bajo esa rivalidad podría existir una coincidencia estratégica: evitar que China consolide una hegemonía económica incontestable. Esa es la tesis que plantea Eduardo Irastorza, profesor de OBS Business School, al analizar el nuevo tablero internacional.
Las consecuencias no se limitan a la diplomacia. El petróleo, las rutas marítimas y las tensiones militares terminan trasladándose al Dow Jones, referencia de 30 grandes compañías estadounidenses, cuyos movimientos reflejan el temor empresarial a una escalada que interrumpa el comercio mundial.
Una cooperación difícil de reconocer
—¿Estados Unidos y Rusia están cooperando realmente contra China?
—No hablaría de una alianza formal. Sería más preciso referirse a una convergencia de intereses. Washington percibe a China como su principal competidor económico y tecnológico. Rusia, aunque mantiene una relación estrecha con Pekín, tampoco desea quedar subordinada a una potencia asiática mucho más fuerte.
Irastorza introduce así un matiz decisivo. Moscú necesita a China para amortiguar el aislamiento occidental, pero esa dependencia puede convertirse en una amenaza a largo plazo. Una Rusia debilitada correría el riesgo de transformarse en proveedor energético y socio menor de Pekín.
«Las potencias no cooperan necesariamente porque confíen entre ellas, sino porque comparten temporalmente un adversario o un riesgo mayor», explica.
Los estrechos que condicionan al Dow Jones
—¿Por qué son tan importantes Ormuz y Bab el-Mandeb?
—Porque no son simples pasos marítimos. Constituyen las arterias por las que circulan la energía y las mercancías que sostienen a las grandes economías industriales.
Por el estrecho de Ormuz transitaron en 2024 alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente al 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos. También pasó por esa ruta cerca de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado.
Una interrupción elevaría inmediatamente los costes del transporte, la industria y la electricidad. Para el Dow Jones, la consecuencia sería desigual: las petroleras podrían beneficiarse de precios mayores, mientras que fabricantes, bancos, tecnológicas y empresas de consumo sufrirían nuevas presiones inflacionistas.
China, dependiente de rutas vulnerables
—¿El despliegue estadounidense busca presionar directamente a Pekín?
—Busca conservar capacidad de intervención. Controlar militarmente los accesos no significa cerrar las rutas, sino disponer de influencia sobre ellas en momentos críticos.
China ha construido su crecimiento sobre cadenas de suministro largas y una elevada necesidad de energía importada. Washington mantiene presencia naval en puntos capaces de encarecer o dificultar esos flujos. Rusia, por su parte, conserva una enorme capacidad para alterar el mercado energético mediante sus exportaciones y sus decisiones diplomáticas.
El diagnóstico de Irastorza es incómodo: la presión sobre China puede ejercerse sin una confrontación directa, utilizando seguros marítimos, sanciones, puertos, energía y costes logísticos.
El petróleo vuelve a mandar
—¿Qué señal deben observar los inversores?
—El precio del crudo. Cuando sube por razones geopolíticas, el mercado interpreta que puede regresar la inflación y que los bancos centrales tendrán menos margen para reducir los tipos de interés.
En junio de 2025, una escalada de tensión en Oriente Próximo llevó al Brent de 69 a 74 dólares por barril en apenas una jornada, según la Administración de Información Energética estadounidense.
Ese movimiento resume el peligro para Wall Street. Una subida persistente del petróleo reduce los márgenes empresariales, debilita el consumo y eleva las expectativas de inflación. El Dow Jones se convierte entonces en el termómetro visible de un problema que empieza a miles de kilómetros de Nueva York.
Ucrania bloquea el acercamiento
—¿Puede haber entendimiento entre Washington y Moscú mientras continúa la guerra de Ucrania?
—La guerra limita cualquier aproximación pública. Sin embargo, eso no impide conversaciones sobre asuntos donde existen intereses compartidos.
Marco Rubio y Serguéi Lavrov se reunieron el 23 de julio de 2026 durante los encuentros ministeriales de la ASEAN en Manila. Las comunicaciones oficiales hablaron de relaciones bilaterales y cuestiones internacionales, mientras Washington reconoció que Ucrania dificulta encontrar otras áreas de cooperación.
La reunión no demuestra una alianza contra China. Sí confirma que ambos gobiernos mantienen abiertos canales capaces de explorar acuerdos parciales cuando sus intereses coinciden.
Manila revela el nuevo tablero
—¿Por qué resulta simbólico que el encuentro se produzca en Asia?
—Porque Asia es ya el centro de gravedad de la competencia mundial. Hablar de Rusia, Estados Unidos y Ucrania en Manila implica hacerlo dentro del espacio donde China ejerce mayor influencia.
Rubio viajó a Filipinas entre el 19 y el 23 de julio de 2026 para participar en reuniones de la ASEAN, el Foro Regional y la Cumbre de Asia Oriental. Lavrov acudió a esos mismos encuentros.
El contraste resulta revelador. Mientras los discursos mantienen el antagonismo, la diplomacia busca espacios de contacto. El Dow Jones observará cada movimiento porque cualquier error en este equilibrio puede traducirse en petróleo más caro, inflación y caídas bursátiles.