Laborai: Puede que hayas pagado impuestos de más y ni siquiera lo sepas

Jaime avisa: el 80% no detecta el golpe de calor. El codirector de Biodata Bank explica cómo una pulsera japonesa utilizada por bomberos y policías alerta del estrés térmico antes de que aparezcan los síntomas.

Miniatura del vídeo donde se aborda el uso de la Inteligencia Artificial para optimizar la declaración de la Renta y tecnología para prevenir riesgos laborales en olas de calor.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Laborai: Puede que hayas pagado impuestos de más y ni siquiera lo sepas

En este Skiller Talks analizamos la pregunta incómoda: ¿cuánto dinero has regalado por aceptar el borrador sin mirar?. La declaración de la renta sigue siendo un trámite casi automático para millones de españoles. El borrador llega, se revisa por encima y se acepta. Sin embargo, Said, fundador de Laborai, advierte de que hasta el 70% de las declaraciones analizadas presenta algún tipo de error u omisión.

Ingeniero aeronáutico, antiguo consultor financiero y miembro de una familia vinculada al asesoramiento fiscal, Said ha construido una plataforma que combina inteligencia artificial y supervisión humana. Su objetivo es ambicioso: revisar las declaraciones de años anteriores, detectar deducciones olvidadas y acercar un servicio tradicionalmente reservado a quienes podían pagar un asesor.

«Aceptar el borrador sin revisarlo es el principal error»

¿Por qué tantos contribuyentes presentan mal su declaración? Los fallos proceden de varias fuentes. Hacienda puede no disponer de determinada información personal, familiar o económica, y es el contribuyente quien debe incorporarla. También ocurre lo contrario: existen beneficios fiscales o deducciones que podrían reducir la factura, pero que no aparecen automáticamente.

Said asegura que la pasada campaña permitió a Laborai concretar una cifra especialmente llamativa: siete de cada diez declaraciones revisadas contenían errores, datos incompletos o deducciones no aplicadas. El problema, explica, no siempre genera una sanción. En muchos casos provoca algo menos visible: pagar más de lo necesario.

Un coste medio de hasta 800 euros

—¿Cuánto dinero puede perder una persona por hacer mal la renta?

—Depende de cada situación. En contribuyentes con salarios de entre 15.000 y 35.000 euros, el impacto suele situarse entre 600 y 800 euros. Hay deducciones pequeñas, de unos 100 euros, pero otras relacionadas con discapacidad o familia numerosa pueden alcanzar los 2.000 euros.

El diagnóstico resulta especialmente relevante para las rentas medias. Son contribuyentes que, por regla general, no cuentan con asesoramiento permanente, pero que tampoco pueden permitirse renunciar a varios cientos de euros por desconocimiento fiscal.

Más de 250 deducciones posibles

—¿Es razonable esperar que un ciudadano conozca todas las deducciones?

—No. Existen más de 250 deducciones estatales y autonómicas, y cada una tiene requisitos concretos. Algunas dependen de la base imponible, otras de la residencia, la composición familiar, la vivienda, la discapacidad o determinados gastos.

La complejidad no afecta únicamente al contribuyente. Said reconoce que incluso para un asesor resulta difícil seguir todas las modificaciones normativas mientras atiende a empresas, autónomos y particulares. Ahí entra la inteligencia artificial: analizar documentación, contrastar requisitos y aplicar reglas fiscales de forma sistemática.

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De la aeronáutica al asesoramiento fiscal

—¿Cómo termina un ingeniero aeronáutico creando una empresa tributaria?

—Por la combinación de tres factores. Siempre me ha apasionado la tecnología. Mi madre tiene una gestoría laboral, fiscal y contable, y desde pequeño vi la dificultad de atender a miles de personas. Además, durante mi etapa en McKinsey trabajé en el ámbito financiero y comprobé lo complicado que era acceder a un buen asesoramiento.

«No somos únicamente una empresa tecnológica; somos un servicio para contribuyentes que utiliza la tecnología para llegar a más personas», sostiene Said.

La aparición de la inteligencia artificial generativa permitió unir esas tres experiencias: ingeniería, conocimiento fiscal familiar y consultoría financiera.

Una IA especializada, no un ChatGPT fiscal

—¿Es peligroso utilizar ChatGPT para preparar la declaración?

—La inteligencia artificial generalista es útil para recibir orientación general. Puede explicarte qué aspectos deberías revisar, pero una consulta fiscal exige especialización, actualización legislativa y supervisión.

Laborai entrena modelos adaptados a situaciones tributarias concretas y cuenta con cerca de 50 expertos fiscales que supervisan los resultados. El modelo es híbrido: la tecnología procesa documentación y detecta oportunidades, mientras que los asesores revisan los casos y responden a las dudas.

La diferencia, según Said, está en no convertir una recomendación automática en una verdad incontestable. La IA propone; el profesional valida.

Recuperar errores de los últimos cuatro años

—¿Puede corregirse una declaración antigua?

—Sí. Igual que la Agencia Tributaria puede revisar ejercicios anteriores, el contribuyente puede rectificar errores de los últimos cuatro años. Nosotros analizamos esas declaraciones y buscamos deducciones o beneficios que no se aplicaron.

Laborai trabaja a éxito en estas revisiones: si no encuentra dinero recuperable, no cobra. Si obtiene una devolución, aplica una comisión. La compañía calcula que unos cinco millones de personas podrían recuperar una media cercana a 600 euros.

Tras revisar más de 100.000 declaraciones, Laborai prepara su siguiente fase de crecimiento. Una ronda cercana a los cuatro millones de euros, respaldada por el fondo alemán QCP Capital, permitirá ampliar el equipo, mejorar los modelos y llegar a nuevos contribuyentes.

El reto no es únicamente tecnológico. También es educativo. Said recuerda que muchos jóvenes llegan al mercado laboral sin entender su primera nómina, sus obligaciones tributarias o las ayudas a las que pueden acceder. La consecuencia es clara: la falta de formación financiera termina convirtiéndose en un coste real.

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