Amazon prepara robots repartidores: la última milla empieza a automatizarse
Nieve, hielo, bordillos, escaleras y pendientes pronunciadas. El terreno que convierte una entrega cotidiana en una prueba de resistencia para cualquier repartidor es también el nuevo laboratorio de Amazon.
El gigante del comercio electrónico adquirió en marzo de 2026 la empresa suiza RIVR, especializada en robots autónomos con ruedas y patas. Las condiciones económicas de la operación no fueron reveladas, pero el movimiento confirma que la automatización quiere abandonar definitivamente el almacén y llegar hasta la puerta del cliente.
El llamado apocalipsis laboral todavía no ha llegado. Sin embargo, ya está aprendiendo a subir escaleras.
Un robot diseñado para el mundo real
RIVR ONE combina ruedas para desplazarse con rapidez por superficies regulares y patas articuladas para superar escalones, bordillos y terrenos irregulares. También incorpora cámaras, sensores LiDAR y sistemas de percepción capaces de reconocer obstáculos y calcular recorridos.
La máquina ha sido sometida a pruebas con nieve, hielo y pendientes en Pittsburgh, uno de los entornos urbanos más exigentes para este tipo de tecnología. No se trata únicamente de comprobar si puede avanzar. El verdadero desafío consiste en evitar peatones, mantener el equilibrio, proteger la mercancía y reaccionar cuando aparece una situación que no figuraba en el entrenamiento.
«El futuro de la robótica no se decidirá en laboratorios perfectos, sino en aceras desordenadas y lugares donde las cosas salen mal».
Amazon estaría probando estos bichos para mejorar la entrega de sus paquetes. El apocalipsis laboral está llegando.
— Jose Vizner (@Josevizner) July 25, 2026
Va a ser tremendo. pic.twitter.com/tjen9SuWCx
Los últimos 100 metros
La parte más compleja de una entrega no siempre es recorrer decenas de kilómetros. En muchas ocasiones son los últimos 100 metros: bajar el paquete del vehículo, cruzar una acera, abrir una verja, localizar el portal y subir hasta la puerta.
RIVR comenzó a probar esta tecnología en Austin junto a la empresa logística Veho. El proyecto inicial utilizó un solo robot, aunque ambas compañías plantearon alcanzar una flota de 100 unidades a medida que aumentara la información obtenida en condiciones reales.
Cada entrega genera datos. Y cada dato permite mejorar la navegación. La ventaja no reside únicamente en sustituir un trayecto humano, sino en construir una flota que aprenda simultáneamente de miles de calles.
La amenaza para los repartidores
La consecuencia laboral resulta difícil de ignorar. Si una persona puede supervisar decenas de máquinas, la productividad se multiplica mientras disminuye la necesidad de trabajadores para los desplazamientos más repetitivos.
RIVR asegura que su ambición pasa por desplegar más de un millón de robots y desarrollar una inteligencia física capaz de operar de forma autónoma en entornos urbanos. La propia compañía llega a plantear que una persona pueda controlar el trabajo de hasta 1.000 máquinas.
El diagnóstico es inequívoco: los primeros empleos afectados serían las rutas previsibles, los repartos de pequeño tamaño y las entregas en zonas fácilmente cartografiables. Los humanos permanecerían en los servicios complejos, las incidencias y la atención al cliente.
El coste decide la revolución
La tecnología puede resultar espectacular y, al mismo tiempo, no ser rentable. Amazon ya ha descubierto que automatizar el mundo físico es mucho más difícil que automatizar una oficina. Su robot de almacén Blue Jay fue retirado pocos meses después de presentarse por sus costes, la complejidad de fabricación y los problemas de implantación.
Un robot de reparto debe funcionar durante horas, soportar lluvia, golpes y temperaturas extremas. También tiene que evitar robos, vandalismo y accidentes. Una caída en unas escaleras o una entrega fallida pueden eliminar rápidamente el ahorro laboral obtenido.
La revolución no llegará cuando el robot pueda repartir un paquete, sino cuando hacerlo resulte más barato y fiable que contratar a una persona.
Amazon automatiza y contrata
Hablar de una destrucción inmediata de todo el empleo logístico sería excesivo. Amazon anunció en junio una inversión superior a 10.000 millones de euros para modernizar sus centros europeos con nuevas tecnologías, pero también aseguró que incorporaría 25.000 trabajadores y destinaría 1.000 millones de dólares a programas de formación.
El contraste revela la verdadera transformación. La automatización elimina determinadas tareas, pero genera demanda de técnicos, ingenieros, supervisores, especialistas en mantenimiento y operadores de flotas.
El problema es que los nuevos puestos no siempre aparecen en las mismas ciudades, ni exigen las mismas capacidades, ni ofrecen una salida inmediata a quienes pierden el empleo anterior.
La entrega que lo cambiará todo
La gran prueba no será tecnológica, sino social. ¿Aceptará un consumidor que una máquina autónoma atraviese su jardín? ¿Quién responderá si golpea un vehículo, bloquea una acera o deja el paquete en el lugar equivocado?
Los estudios disponibles muestran que los usuarios pueden valorar los robots para envíos privados o de gran valor, pero continúan prefiriendo repartidores humanos cuando empeoran las condiciones meteorológicas. En un análisis de 241.517 entregas, el mal tiempo elevó esa preferencia por las personas.
Amazon todavía no ha sustituido al repartidor. Está intentando resolver cada obstáculo que lo hace imprescindible. Y cuando una de estas máquinas logre entregar miles de paquetes bajo la nieve sin detenerse, la pregunta dejará de ser si confiamos en ella.
Será cuántos trabajadores seguirá necesitando.