Alonso alerta a Wall Street: "Zelenski sobrevive mediante purgas"
La guerra de Ucrania ya no se libra únicamente en las trincheras. También avanza por los despachos, las cadenas de suministro y los parqués bursátiles. Antonio Alonso, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad CEU San Pablo, sostiene que Volodímir Zelenski afronta una creciente erosión interna y utiliza los relevos políticos y militares para conservar el control.
«Zelenski es un presidente ilegítimo que hace purgas para sobrevivir», afirma Alonso. La acusación es contundente, aunque exige separar la crítica política de la realidad jurídica. Mientras tanto, Wall Street observa una combinación especialmente incómoda: guerra prolongada, energía cara y rivalidad tecnológica.
El aviso político a los mercados
La tesis de Alonso conecta la fragilidad institucional de Ucrania con el comportamiento de los mercados. Una crisis dentro del Gobierno de Kiev podría alterar la estrategia militar, dificultar futuras negociaciones y aumentar la incertidumbre sobre la financiación occidental.
Para Wall Street, el problema no es únicamente geopolítico. La prolongación de la guerra favorece el gasto en defensa, pero también presiona las cuentas públicas, mantiene elevados los costes energéticos y deteriora la confianza empresarial europea. Cuanto más imprevisible sea el poder político ucraniano, mayor será la prima de riesgo exigida por inversores y acreedores.
El conflicto deja así de ser una cuestión regional y se convierte en una variable capaz de afectar al dólar, los bonos soberanos y las grandes compañías industriales.
Una legitimidad bajo estado de guerra
Zelenski fue elegido en 2019 con el 73,22% de los votos, equivalente a más de 13,5 millones de papeletas. Su mandato ordinario era de cinco años, lo que ha alimentado el discurso de quienes consideran agotada su legitimidad electoral.
Sin embargo, la Constitución ucraniana establece en su artículo 108 que el presidente continúa ejerciendo hasta que su sucesor electo asuma el cargo. Además, las autoridades parlamentarias sostienen que no pueden celebrarse elecciones nacionales bajo la ley marcial y plantean organizarlas cuando las condiciones de seguridad lo permitan.
Calificar a Zelenski de “ilegítimo” es, por tanto, una interpretación política discutible, no una conclusión jurídica indiscutida.
Las purgas que denuncia Alonso
El término “purga” introduce una acusación todavía más grave. Alonso interpreta los relevos dentro de las estructuras militares, administrativas y de seguridad como un intento de Zelenski de eliminar contrapesos y garantizar su supervivencia.
El diagnóstico apunta a una dificultad habitual en los países sometidos a guerras prolongadas: la frontera entre disciplina institucional y concentración del poder se vuelve cada vez más estrecha. Un Gobierno puede justificar destituciones por razones operativas, corrupción o pérdida de confianza; sus críticos pueden leer las mismas decisiones como una depuración.
Sin nombres, expedientes y pruebas concretas, la expresión “purga” debe mantenerse en el terreno de la valoración del analista. Pero el desgaste existe: cuanto más se prolonga la guerra, más difícil resulta conservar la unidad política construida durante la invasión.
Ormuz amenaza a la economía europea
La crisis ucraniana coincide con otra fuente de inestabilidad: Oriente Próximo. Por el estrecho de Ormuz circularon alrededor de 20 millones de barriles diarios en 2024, cerca del 20% del consumo mundial de productos petrolíferos y más de una cuarta parte del comercio marítimo de crudo. También pasó por esa ruta aproximadamente el 20% del gas natural licuado mundial.
Bab el-Mandeb completa la pinza. Los ataques en el mar Rojo obligan a desviar barcos, elevan los seguros y alargan los trayectos comerciales. Las rutas alternativas apenas podrían absorber unos 2,6 millones de barriles diarios, una fracción del flujo amenazado.
El contraste resulta demoledor: Europa necesita estabilidad, pero depende de corredores sobre los que posee un control limitado.
Trump vuelve al centro del tablero
El análisis de Alonso debe actualizar un elemento esencial: Donald Trump no está fuera del poder. Es nuevamente presidente de Estados Unidos y su estrategia condiciona de forma directa la relación con Irán, Ucrania y China.
La Casa Blanca debe equilibrar tres objetivos difíciles de compatibilizar: contener el precio de la energía, sostener su posición internacional y evitar que las intervenciones exteriores erosionen la economía doméstica. Una escalada en Oriente Próximo podría impulsar el petróleo y la inflación justo cuando Washington necesita estabilidad financiera.
La Comisión Europea prevé para 2026 un crecimiento de apenas el 1,1% en la UE y una inflación del 3,1%, reflejo del impacto del nuevo choque energético.
Mientras Estados Unidos reparte recursos entre Europa y Oriente Próximo, China avanza en la disputa tecnológica. Semiconductores, inteligencia artificial, baterías y minerales críticos han dejado de ser simples sectores industriales para convertirse en activos estratégicos.
Washington mantiene controles específicos sobre la exportación a China de procesadores avanzados como los Nvidia H200 y AMD MI325X, sometidos desde 2026 a licencias y condiciones de seguridad. Cada nueva crisis obliga a las empresas a duplicar proveedores, almacenar componentes y aceptar costes mayores. Wall Street puede beneficiarse del gasto militar y tecnológico, pero también sufre valoraciones más tensas, inflación persistente y una economía mundial cada vez menos eficiente.