Apple prepara el cambio más importante del iPhone en años
Apple se prepara para mover la pieza más delicada de su imperio: el iPhone. Después de casi dos décadas de evolución controlada, la compañía trabaja en un modelo plegable que podría convertirse en el mayor rediseño del dispositivo desde su lanzamiento en 2007. La clave no está solo en la bisagra o en una pantalla más grande. Lo verdaderamente relevante es que Apple podría alterar su calendario comercial, separar los lanzamientos y reservar el otoño para los modelos más caros. El mensaje al mercado es claro: el iPhone deja de ser una gama previsible para convertirse en una estrategia por fases.
El salto pendiente
Durante años, Apple ha evitado entrar en el negocio de los móviles plegables. Samsung, Honor, Huawei, Motorola y Google han probado el terreno con resultados desiguales. Sin embargo, ahora los indicios apuntan a un cambio de ciclo: varios informes sitúan el primer iPhone plegable en la ventana de septiembre de 2026, junto a los modelos iPhone 18 Pro y Pro Max.
Lo más relevante es que no sería un experimento menor. Bloomberg, según recoge MacRumors, ha descrito el proyecto como “el rediseño más significativo en la historia del iPhone”. La frase pesa porque Apple rara vez cambia de formato sin tener claro el impacto industrial, comercial y simbólico.
Una gama más cara
El nuevo dispositivo llegaría con una pantalla interior de unas 7,7 o 7,8 pulgadas y otra exterior cercana a las 5,5 pulgadas, según las filtraciones más repetidas. En la práctica, Apple intentaría vender un híbrido entre móvil y tableta, una categoría donde el margen puede ser mucho más alto que en el iPhone estándar.
El precio estimado se mueve entre 1.999 y 2.399 dólares, una cifra que situaría al nuevo modelo por encima incluso de los actuales Pro Max. La consecuencia es clara: Apple no busca democratizar el plegable, sino convertirlo en un producto aspiracional para usuarios de alto gasto, profesionales y clientes atrapados en el ecosistema.
El calendario se rompe
El otro gran cambio es menos visible, pero más profundo. Apple podría dejar de presentar todos los iPhone importantes en septiembre. Algunas informaciones apuntan a que los modelos premium llegarían en otoño, mientras que el iPhone 18 estándar se desplazaría al primer trimestre de 2027.
Este hecho revela una estrategia más sofisticada: repartir la demanda, reducir presión sobre la cadena de suministro y mantener la conversación comercial durante más meses. Hasta ahora, el iPhone funcionaba como un gran acontecimiento anual. A partir de este movimiento, Apple podría convertirlo en dos campañas globales de venta.
El negocio que hay detrás
La urgencia no es menor. Apple anunció en su segundo trimestre fiscal de 2026 ingresos de 111.200 millones de dólares, un 17% más interanual, con récord en ingresos del iPhone y servicios.
El diagnóstico es inequívoco: el iPhone sigue siendo la columna vertebral del grupo, pero el mercado maduro obliga a buscar nuevos argumentos de precio. Un plegable permite justificar una subida sin depender únicamente de la cámara, el procesador o la inteligencia artificial. Es una forma de reabrir el ciclo de renovación con una promesa física, tangible y fácil de vender.
Samsung mira de reojo
El contraste con Android resulta demoledor. Samsung lleva años liderando el mercado plegable, pero no ha logrado convertirlo en un producto masivo. Counterpoint Research prevé que los envíos globales de plegables crezcan alrededor de un 20% en 2026, impulsados precisamente por la esperada entrada de Apple.
La paradoja es evidente: Apple llega tarde, pero puede llegar con más fuerza que los pioneros. Su ventaja no está solo en el hardware, sino en el ecosistema. Un iPhone que se abre como una pequeña tableta puede reforzar iCloud, Apple TV+, productividad, juegos, vídeo y servicios de pago.
El riesgo de llegar demasiado tarde
Sin embargo, el movimiento también expone debilidades. Apple entra en una categoría donde otros fabricantes ya han sufrido problemas de bisagras, pliegues visibles, durabilidad y precios prohibitivos. Si el producto falla, el golpe reputacional sería considerable. Un iPhone de más de 2.000 dólares no admite errores de primera generación.
Lo más grave para Apple sería lanzar un dispositivo espectacular, pero innecesario. El usuario medio aún no ha demostrado que quiera cambiar su móvil tradicional por uno plegable. Por eso el éxito dependerá menos del titular tecnológico y más de una pregunta sencilla: qué puede hacer ese iPhone que no haga ya un Pro Max.