Marruecos corta el 15-A a tres kilómetros de Ceuta

España suspende permisos y refuerza la frontera mientras Rabat contiene los intentos de entrada antes de alcanzar territorio español, dos semanas después de una crisis que movilizó a unas 80.000 personas.
Ceuta
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La frontera de Ceuta ha pasado este 15 de agosto de la expectativa de otra entrada masiva a una jornada de tensión contenida. Las fuerzas marroquíes han interceptado a grupos de migrantes en los alrededores de Fnideq —Castillejos—, llegando a emplear gases lacrimógenos en una zona situada a unos tres kilómetros de la frontera española.

En España, Guardia Civil, Policía Nacional y Ejército mantienen reforzado el dispositivo y se han suspendido vacaciones, permisos y licencias de efectivos destinados en Ceuta y Melilla.

La imagen deja una cuestión de fondo: la seguridad del perímetro español empieza mucho antes de la propia valla.

Castillejos se convierte en el primer muro

Marruecos ha concentrado miles de miembros de las Fuerzas Auxiliares, Gendarmería y otros cuerpos alrededor de la frontera, además de desplegar controles en Castillejos, barreras metálicas, concertinas y seis embarcaciones semirrígidas de la Marina Real.

El objetivo ha sido evitar que los grupos llegaran siquiera al Tarajal.

Durante la jornada, las fuerzas marroquíes interceptaron inicialmente a 111 personas, 109 procedentes del África subsahariana y dos ciudadanos marroquíes. Otras 61 personas habían sido detenidas bajo sospecha de promover en redes sociales llamadas a la migración irregular.

Este último dato introduce un matiz respecto al mensaje difundido en redes: sí había ciudadanos marroquíes entre los interceptados, aunque constituían una minoría mínima.

España cancela permisos

La alerta también ha alterado la operativa española. La Guardia Civil suspendió vacaciones, permisos y licencias en las comandancias de Ceuta y Melilla, mientras la Comandancia General de Ceuta ordenó reincorporarse a militares que se encontraban de vacaciones, salvo excepciones autorizadas.

El dispositivo combina vigilancia terrestre, marítima y aérea. En Ceuta se han incorporado unidades policiales adicionales y refuerzos de Guardia Civil, mientras el Ejército mantiene presencia en apoyo a los cuerpos encargados directamente del control fronterizo.

No existe, sin embargo, confirmación oficial sólida de que haya 9.000 efectivos específicamente desplegados en la frontera durante esta jornada. Ceuta cuenta estructuralmente con miles de militares destinados en diferentes unidades, una cifra distinta de los efectivos movilizados directamente para el operativo.

La herida del 30 de julio

La reacción tiene una explicación inmediata. El pasado 30 de julio, España sufrió una entrada sin precedentes por Ceuta.

El Gobierno ha elevado posteriormente hasta unas 80.000 personas el volumen del episodio y sostiene que alrededor de 70.000 regresaron rápidamente a Marruecos gracias a la cooperación entre ambos países.

El balance humano también ha ido cambiando conforme avanzaron las búsquedas. El 3 de agosto se contabilizaban 88 fallecidos; días después, únicamente en aguas de Ceuta habían sido recuperados 82 cadáveres, mientras otras estimaciones que incluyen ambas orillas elevan considerablemente la cifra total.

La dimensión explica por qué esta vez ambas partes han preferido sobredimensionar la prevención.

El control empieza en Marruecos

Lo ocurrido este sábado revela una diferencia fundamental respecto a finales de julio: los grupos han sido contenidos antes de alcanzar el perímetro español.

Marruecos ha instalado filtros de seguridad en Castillejos, ha desplegado efectivos en las zonas montañosas y ha utilizado helicópteros para localizar concentraciones de personas. EFE constató cargas policiales y el empleo de gases lacrimógenos contra algunos grupos.

La consecuencia operativa es evidente. Cuando el control funciona varios kilómetros antes del Tarajal, la presión sobre Guardia Civil y Policía cae drásticamente.

Una frontera física puede estar en España, pero parte de su capacidad de contención depende de lo que ocurra al otro lado.

Una cooperación tan eficaz como delicada

El Gobierno español reconoce abiertamente el peso de Marruecos. Pedro Sánchez destacó después de la crisis de julio la cooperación de Rabat para facilitar las repatriaciones, mientras José Manuel Albares volvió a defender esta semana el trabajo conjunto para recuperar el control fronterizo.

El contraste entre ambas jornadas resulta significativo. A finales de julio, decenas de miles de personas consiguieron alcanzar Ceuta. Este sábado, los principales grupos han sido bloqueados previamente en territorio marroquí.

Eso no demuestra por sí solo que Rabat pueda abrir o cerrar unilateralmente la frontera. Sí evidencia algo más incómodo para España: la eficacia del dispositivo depende en buena medida de que la cooperación marroquí se mantenga activa.

Ceuta aún paga la factura

La crisis, además, está lejos de haberse cerrado. Interior calcula que aproximadamente 5.000 migrantes todavía permanecen en Ceuta tras la entrada de finales de julio y ha enviado nuevos agentes de Extranjería para acelerar identificaciones, expedientes y expulsiones.

Con una población de poco más de 80.000 habitantes, el impacto sobre alojamiento, servicios públicos, seguridad y actividad comercial resulta especialmente intenso.

Por eso, el éxito del dispositivo del 15 de agosto no elimina el problema. Lo desplaza hacia una cuestión estratégica mucho mayor: España puede reforzar vallas, patrulleras y efectivos, pero la estabilidad de su frontera sur también se decide en las carreteras y montes de Marruecos, antes de que nadie llegue al Tarajal.

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