Tragedia en la bahía de San Francisco: naufragio en Alcatraz deja un muerto y tres desaparecidos

Un naufragio cerca de la isla de Alcatraz ha dejado un muerto, tres heridos y tres desaparecidos. El operativo de búsqueda por la Guardia Costera y bomberos enfrenta condiciones desafiantes mientras se investigan las causas del accidente.
Vista aérea de la bahía de San Francisco con la isla de Alcatraz al fondo, lugar del reciente naufragio.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Tragedia en la bahía de San Francisco: naufragio en Alcatraz deja un muerto y tres desaparecidos

Una ceremonia para despedir a un ser querido terminó convertida en una tragedia en la bahía de San Francisco. El Volare, una embarcación recreativa de 49 pies y tres cubiertas, volcó cerca de Alcatraz cuando regresaba a puerto con 20 personas a bordo.

Clifford Joseph Boisa, de 79 años, murió pese a los intentos de reanimación. Otras 16 personas sobrevivieron y tres continúan desaparecidas.

La Guardia Costera ha suspendido la búsqueda activa después de cubrir una superficie enorme sin hallar nuevos supervivientes. Ahora comienza una operación mucho más compleja: localizar el barco a más de 36 metros de profundidad y determinar por qué perdió la estabilidad con tanta rapidez.

Una despedida convertida en tragedia

Tres generaciones de la familia Boisa habían salido de la Marina de San Francisco para esparcir las cenizas de Maria Boisa, fallecida en 2015. La jornada incluyó un recorrido bajo el Golden Gate y una parada en Angel Island antes de emprender el regreso.

El accidente se produjo alrededor de las 15.30 horas del martes, a unos 600 metros de Alcatraz. Algunos pasajeros permanecían en las cubiertas exteriores y otros se encontraban dentro de la cabina cuando una ola golpeó el costado.

«De repente, el barco se inclinó y todo ocurrió con enorme rapidez», relataron familiares a partir del testimonio de varios supervivientes.

La embarcación comenzó a escorarse hacia estribor y quedó casi completamente sumergida en pocos minutos.

Un rescate contra el reloj

Las primeras llamadas de emergencia informaron erróneamente de un incendio. Cuando llegaron los equipos de rescate comprobaron que el humo aparente era en realidad vapor generado al entrar las piezas calientes del motor en contacto con el agua.

El motor continuaba funcionando y liberando combustible mientras la embarcación se hundía. Varias personas quedaron flotando entre restos, mientras otras se aferraban a la parte superior del Volare.

La intervención de navegantes particulares resultó decisiva. Un practicante de kitesurf permitió que cuatro o cinco personas se sujetaran a su tabla, mientras tripulantes de barcos próximos lanzaban salvavidas y ayudaban a sacar pasajeros del agua.

Una búsqueda sin resultados

La Guardia Costera desplegó 11 embarcaciones y cuatro aeronaves durante aproximadamente 23 horas consecutivas. Los equipos rastrearon unas 950 millas náuticas cuadradas y recorrieron más de 1.700 millas siguiendo modelos de corrientes y posibles trayectorias.

Sin embargo, la operación fue suspendida al reducirse drásticamente la probabilidad de encontrar con vida a los tres desaparecidos. Entre ellos se encuentran dos familiares de Clifford Boisa y una amiga de la familia.

Los responsables del dispositivo reconocieron la dureza de la decisión, pero señalaron que la zona había sido examinada de forma exhaustiva. Las tareas pasan ahora de la búsqueda de supervivientes a la localización y recuperación del pecio.

Atrapados bajo la cubierta

La principal hipótesis de los equipos de emergencia es que los desaparecidos pudieran haber quedado atrapados dentro del barco. Algunos supervivientes describieron a personas golpeando las ventanas de la cabina mientras el agua invadía la embarcación.

El Volare yace en un canal comercial de entre 36 y 40 metros de profundidad, utilizado habitualmente por los buques que se dirigen al puerto de Oakland. Esa circunstancia impide que los buzos locales accedan al lugar con seguridad.

Las autoridades pretenden utilizar un dron submarino para identificar la posición exacta del casco, examinar su estado estructural y valorar si puede ser elevado hasta la superficie. Sin recuperar la embarcación será muy difícil reconstruir completamente el accidente.

Una ola bajo investigación

Los investigadores consideran que una ola pudo provocar la escora inicial, pero todavía no han determinado por qué un barco de ese tamaño volcó tan rápidamente. En el momento del accidente se registraban vientos de entre 32 y 35 kilómetros por hora, con rachas cercanas a los 48 kilómetros por hora y mareas que actuaban en dirección contraria.

Esa combinación generó olas cortas y pronunciadas. Sin embargo, la capacidad autorizada de la embarcación era precisamente de 20 personas y su documentación estaba vigente.

Por ello, la investigación deberá analizar posibles entradas de agua, fallos mecánicos, distribución del peso y comportamiento del casco. Las condiciones adversas explican el contexto, pero todavía no explican por sí solas el hundimiento.

Tres de los supervivientes fueron trasladados al hospital con lesiones y posteriormente recibieron el alta. También murió un perro que viajaba a bordo. La familia, que había acudido al mar para cerrar un duelo, afronta ahora nuevas pérdidas y una espera incierta.

El caso vuelve a evidenciar la peligrosidad de la bahía de San Francisco, donde las corrientes de marea, el viento y el agua fría pueden transformar rápidamente una navegación aparentemente controlada.

La investigación de la Guardia Costera deberá establecer si existió alguna deficiencia técnica o si la sucesión de condiciones marítimas provocó una pérdida de estabilidad imposible de corregir. Hasta entonces, cualquier explicación definitiva sería prematura.

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