Irán activa el segundo cerrojo energético contra Occidente
Irán habría ordenado a los hutíes de Yemen prepararse para bloquear Bab el-Mandeb si Estados Unidos ataca centrales eléctricas iraníes.
La instrucción, revelada por Reuters a partir de tres fuentes conocedoras de las conversaciones, todavía no ha sido confirmada oficialmente por Teherán ni por la milicia yemení.
Sin embargo, los hutíes ya habrían desplegado misiles y drones en posiciones próximas al estrecho.
Con Ormuz sometido a graves interrupciones, el movimiento amenaza con cerrar también la puerta meridional del mar Rojo.
Dos cuellos de botella bloqueados al mismo tiempo transformarían una guerra regional en una crisis económica mundial.
El segundo cerrojo de Irán
Bab el-Mandeb conecta el golfo de Adén y el océano Índico con el mar Rojo, el canal de Suez y el Mediterráneo. Su posición lo convierte en la vía más corta entre Asia y Europa, pero también en uno de los puntos más vulnerables del comercio internacional.
La amenaza iraní respondería al aviso de Donald Trump de extender los ataques estadounidenses hacia la red eléctrica de Irán. Según las fuentes consultadas por Reuters, la cúpula iraní ya habría debatido la operación y trasladado a sus aliados yemeníes la necesidad de quedar preparados.
El dato decisivo es que la orden de ejecución todavía no habría sido emitida. La amenaza funciona, por ahora, como un instrumento de disuasión.
Misiles preparados frente al estrecho
Una fuente próxima a los hutíes asegura que la organización ha situado drones y misiles en las zonas montañosas que dominan Hodeida y el golfo de Adén. Desde allí puede amenazar a petroleros, portacontenedores, puertos y otras infraestructuras marítimas.
No sería necesario hundir numerosos buques para paralizar el tráfico. Bastaría con demostrar capacidad de ataque para que las navieras suspendieran las rutas y las aseguradoras elevaran drásticamente sus primas.
Durante la anterior campaña hutí, el tránsito petrolero por Bab el-Mandeb cayó desde 8,7 millones de barriles diarios en 2023 hasta cuatro millones en los ocho primeros meses de 2024. La reducción superó el 50%.
El comercio mundial vuelve a temblar
El mar Rojo concentra alrededor del 11% del comercio marítimo global. Antes de la primera gran oleada de ataques, el canal de Suez absorbía además el 22% del transporte mundial de contenedores por vía marítima.
La alternativa consiste en rodear África por el cabo de Buena Esperanza. Ese desvío puede añadir entre ocho y 14 días a las rutas entre Asia y Europa, además de elevar el consumo de combustible, los costes salariales y la necesidad de disponer de más barcos.
La experiencia de 2024 ya mostró el impacto: el tonelaje de contenedores que atravesaba Suez llegó a desplomarse un 82%, mientras centenares de buques cambiaban de itinerario.
Dos rutas energéticas bajo amenaza
La gravedad del escenario reside en la coincidencia con la crisis de Ormuz. Una parte creciente del petróleo del Golfo se ha desviado hacia el puerto saudí de Yanbu mediante oleoductos que desembocan precisamente en el mar Rojo.
Según las fuentes citadas por Reuters, esa ruta transporta actualmente cerca del 7% del suministro energético mundial, mientras Arabia Saudí habría redirigido alrededor del 70% de sus exportaciones energéticas hacia su costa occidental.
Bab el-Mandeb se había convertido así en la principal válvula alternativa frente a las interrupciones del golfo Pérsico. Atacarlo supondría bloquear también la vía diseñada para esquivar el bloqueo anterior.
Petróleo, inflación y fábricas
El primer efecto aparecería en el precio del crudo, pero no terminaría ahí. Un bloqueo encarecería también el gas, los fertilizantes, los alimentos, los componentes industriales y prácticamente cualquier mercancía transportada entre Asia y Europa.
Las compañías tendrían que asumir mayores fletes, seguros de guerra y plazos de entrega. Los fabricantes con inventarios reducidos quedarían especialmente expuestos, como ocurrió cuando varias empresas europeas detuvieron temporalmente algunas líneas de producción durante la anterior crisis del mar Rojo.
Europa volvería a ocupar la posición más incómoda: depende del comercio asiático, importa buena parte de su energía y todavía soporta una competitividad industrial debilitada.
La estrategia iraní busca elevar el coste de cualquier ataque contra su infraestructura civil. Si Estados Unidos golpea la red eléctrica, Teherán podría responder sin enfrentarse directamente a la Armada norteamericana: sus aliados interrumpirían una arteria comercial utilizada por decenas de países.
Sin embargo, la maniobra entraña un riesgo considerable. Arabia Saudí considera seriamente la amenaza y una ofensiva contra sus exportaciones podría romper la frágil contención regional. Los hutíes ya han demostrado capacidad para atacar a larga distancia y alterar el transporte marítimo durante meses. Bab el-Mandeb se ha convertido en la segunda palanca energética de Irán. Su cierre no garantizaría la victoria de Teherán, pero repartiría el coste de la guerra entre consumidores, fábricas y gobiernos de varios continentes.