Bitcoin y Ethereum se disparan un 4% en plena guerra con Irán
La guerra abierta entre Estados Unidos e Irán está castigando con dureza a las bolsas mundiales, pero no a todos los activos por igual. Mientras los principales índices registran caídas de entre el 1% y casi el 3% en las últimas sesiones, Bitcoin sube en torno a un 4% y supera los 71.000 dólares, su nivel más alto desde comienzos de febrero. Ethereum replica el movimiento con una subida similar y se sitúa de nuevo por encima de los 2.000 dólares, en un rebote que pilla a contrapié a muchos inversores tradicionales. El contraste es evidente: renta variable en rojo, materias primas energéticas disparadas y, sin embargo, una parte del mercado cripto en verde intenso. La clave está en cómo una parte del dinero busca refugio ante la incertidumbre, mientras otra intenta aprovechar la volatilidad extrema de estos días. La pregunta de fondo es si Bitcoin se comporta realmente como un “activo refugio” o si estamos, de nuevo, ante un rebote especulativo de corto plazo. Lo que sí está claro es que el movimiento llega en un momento delicado: con las bolsas nerviosas, los tipos de interés aún altos y los bancos centrales midiendo cada palabra ante el repunte del precio del petróleo y del gas. El desenlace de esta combinación explosiva marcará el tono de los mercados en las próximas semanas.
En las primeras horas de la sesión europea, Bitcoin avanzaba alrededor de un 4% y se cambiaba en el entorno de los 71.000 dólares, con picos intradía ligeramente superiores que le devolvían a niveles no vistos desde el 9 de febrero. La subida se produce tras varios días de turbulencias, marcados por fuertes oscilaciones en el rango de los 60.000-68.000 dólares, coincidiendo con las primeras noticias del conflicto abierto con Irán.
Ethereum, por su parte, encadenaba un repunte similar, del 4,1%, hasta situarse en el entorno de los 2.050-2.100 dólares, después de haber perdido esa cota durante las jornadas más tensas del inicio de las hostilidades. La capitalización conjunta del mercado cripto recuperaba en pocas horas del orden de 70.000 millones de dólares, una cifra muy relevante en un contexto de aversión al riesgo.
Detrás del movimiento se mezclan varios factores: cierre de posiciones bajistas tras las caídas iniciales, algoritmos que reaccionan a los titulares de guerra y flujos de dinero que, ante la incertidumbre regulatoria y fiscal de otros activos, buscan alternativas de alto riesgo pero también alto potencial de revalorización.
“El mercado está reaccionando en modo reflejo: cada titular negativo en Oriente Medio dispara la volatilidad y, durante unas horas, Bitcoin se convierte en el termómetro del miedo global”, explican gestores consultados por el sector. No es tanto una apuesta racional a largo plazo como una forma de jugar, casi en tiempo real, el pulso entre guerra, inflación y tipos de interés.
Bolsas en rojo, cripto en verde
El repunte de las criptomonedas contrasta con el comportamiento de los mercados tradicionales. La bolsa británica sufrió su peor sesión en casi un año, con el FTSE 100 cayendo alrededor de un 2,7%, mientras en Asia índices como el Kospi surcoreano llegaron a dejarse más de un 7%. En Estados Unidos, el Dow Jones retrocedió en torno a 400 puntos y el S&P 500 también cerró en negativo, reflejando el temor a un shock energético prolongado.
La razón es clara: la subida del petróleo y del gas, disparados tras el cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques cruzados, alimenta el fantasma de una nueva ola inflacionaria. El Brent se movía en torno a los 83 dólares por barril, con repuntes intradía superiores al 6%, mientras el gas europeo registraba alzas cercanas al 30%, según datos de mercado.
En este entorno, los manuales dirían que el dinero debería refugiarse en activos considerados seguros, como la deuda soberana de máxima calidad o el oro. Sin embargo, los bonos también sufren: las rentabilidades del Treasury a 10 años y del bono británico repuntan, reflejando que los inversores exigen mayor prima de riesgo ante la posibilidad de que los bancos centrales frenen o retrasen las bajadas de tipos.
Este comportamiento deja un espacio que Bitcoin intenta ocupar. El contraste resulta evidente: mientras las bolsas descuentan menor crecimiento y más inflación, una parte del capital especulativo se vuelca en activos volátiles que ofrecen la posibilidad de ganancias rápidas si el mercado se equivoca en su pesimismo. No es un refugio clásico, pero sí una válvula de escape para quienes buscan riesgo alto en un entorno que, paradójicamente, se percibe como cada vez más hostil al riesgo.
¿Refugio digital o simple rebote técnico?
Desde hace años, la industria cripto insiste en presentar a Bitcoin como una especie de “oro digital”, un activo no soberano que serviría de cobertura frente a crisis geopolíticas, devaluaciones y errores de política monetaria. Los últimos días vuelven a alimentar ese relato: cada escalada en Oriente Medio viene acompañada de titulares sobre la resistencia del precio de BTC frente a las caídas bursátiles.
Sin embargo, los datos recientes dibujan un cuadro más matizado. En las primeras fases de la crisis, Bitcoin llegó a perder soportes relevantes y se movió claramente en clave de activo de riesgo, cayendo en paralelo a la renta variable global. Sólo cuando los mercados tradicionales empezaron a descontar que el escenario podía ser menos catastrófico de lo temido se vio un rebote más claro en el universo cripto.
Además, analistas de referencia en Wall Street han cuestionado abiertamente la narrativa del “refugio”. El propio Jim Cramer, una de las voces financieras más mediáticas de Estados Unidos, se preguntaba recientemente en redes sociales “a qué está realmente apalancado Bitcoin” y si de verdad funciona como cobertura frente a una guerra abierta.
El diagnóstico es inequívoco: Bitcoin sigue comportándose, en términos de volatilidad y correlación, más como un activo de alto riesgo que como un refugio clásico. Lo que estamos viendo estos días es una combinación de rebote técnico tras la sobreventa, cierre de cortos y búsqueda de movimientos rápidos por parte de inversores acostumbrados a la montaña rusa cripto. Que esa dinámica pueda consolidarse en un patrón más estable de descorrelación es todavía una incógnita.
El peso de los ETF y la liquidez institucional
El actual rally tampoco puede entenderse sin mirar a los productos cotizados ligados a Bitcoin. Tras un mes de febrero muy duro, con reembolsos netos cercanos a los 3.800 millones de dólares en algunos ETF de referencia, el mercado ha empezado a ver señales de estabilización y de entrada selectiva de dinero institucional aprovechando los retrocesos previos a la guerra.
En paralelo, los analistas detectan movimientos significativos de grandes carteras: en los días previos al estallido del conflicto se registraron transferencias puntuales superiores a los 700 millones de dólares en Bitcoin hacia grandes plataformas de negociación, un volumen que sugiere reposicionamiento de “ballenas” más que mera actividad minorista.
Este hecho revela hasta qué punto la dinámica de precios está cada vez más condicionada por decisiones de un número relativamente pequeño de grandes actores y por la estructura de derivados, más que por un cambio de percepción lento y estructural entre los ahorradores. Cuando los ETF venden, el mercado se resiente; cuando dejan de hacerlo, cualquier noticia positiva actúa como gasolina sobre un terreno ya seco.
Para los supervisores europeos, incluida la CNMV, esta creciente institucionalización tiene un doble filo: aporta liquidez y cierta profesionalización, pero también amplifica los movimientos bruscos cuando la macroeconomía o la geopolítica se tuercen. El resultado es un activo que puede subir un 4% en un día de guerra… y caer el doble si el conflicto se agrava o la narrativa gira de nuevo hacia el miedo.
Europa y España ante el nuevo shock energético
Más allá del precio de Bitcoin, el conflicto con Irán reabre una preocupación muy concreta para Europa: la factura energética. El cierre o la interrupción parcial del tráfico por el Estrecho de Ormuz amenaza alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo, lo que ya se está reflejando en el encarecimiento del crudo y del gas.
Para España, este escenario llega en un momento delicado. Aunque la diversificación de fuentes y la apuesta por el gas natural licuado mitigan en parte el impacto directo, un petróleo sostenido por encima de los 80-90 dólares complicaría el objetivo de reconducir la inflación hacia el entorno del 2%. Cada 10 dólares adicionales por barril suelen traducirse en varias décimas más de inflación en la zona euro, presionando al alza el coste de la deuda y estrechando el margen de maniobra presupuestaria.
En este contexto, el repunte de las criptomonedas no es más que una pieza secundaria del puzle, pero no irrelevante. Fondos españoles con exposición a activos digitales, bancos que ofrecen ya productos ligados a Bitcoin a clientes de banca privada y empresas que han coqueteado con el minado o la tesorería en cripto se ven directamente afectadas por estos vaivenes.
La consecuencia es clara: la geopolítica vuelve a cruzarse con la política monetaria y con la regulación financiera, obligando a gobiernos y supervisores a seguir de cerca un activo que, hace apenas unos años, se consideraba marginal y hoy puede añadir volatilidad adicional a un entorno ya cargado de incertidumbre.

