El Dow Jones pierde 660 puntos por el shock del petróleo a más de 100 dólares
Wall Street abre con fuertes caídas tras los ataques a petroleros saudíes y el castigo a Tesla y Alphabet por el aumento del gasto en inteligencia artificial.
El barril de Brent ha vuelto a superar los 100 dólares y Wall Street ha reaccionado con una retirada inmediata del riesgo. El Dow Jones llegó a perder más de 660 puntos durante la apertura de este jueves, mientras el Nasdaq y el S&P 500 también profundizaban sus descensos.
La sesión reúne dos amenazas especialmente incómodas para los inversores: una nueva escalada militar en Oriente Próximo y las dudas sobre la rentabilidad del multimillonario gasto tecnológico en inteligencia artificial. Tesla y Alphabet encabezaron las ventas después de presentar un flujo de caja libre negativo durante el segundo trimestre. El mercado ya no premia las promesas. Exige resultados.
El petróleo rompe una barrera crítica
Los futuros del Brent llegaron a avanzar entre un 6% y un 7%, hasta situarse por encima de los 100 dólares por barril por primera vez desde finales de mayo. El movimiento se produjo después de que los hutíes de Yemen, respaldados por Teherán, reivindicaran ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo.
Lo más grave no es únicamente la subida puntual del crudo, sino la posibilidad de que el conflicto comprometa dos corredores esenciales para el comercio energético: el estrecho de Ormuz y Bab el Mandeb. Este último canaliza alrededor del 5% de los envíos mundiales de petróleo, una proporción suficiente para alterar precios, seguros y rutas marítimas.
El diagnóstico es inequívoco: el mercado vuelve a incorporar una prima geopolítica que parecía haberse moderado.
Wall Street pierde el equilibrio
A las 9.31 horas de Nueva York, el Dow Jones retrocedía un 1,34%, equivalente a unos 663 puntos. El Nasdaq 100 cedía cerca de un 1,5%, mientras el S&P 500 bajaba algo más del 1%.
Las pérdidas se ampliaron durante la sesión. El Nasdaq llegó a caer alrededor de un 2,6%, especialmente penalizado por las grandes tecnológicas, mientras la rentabilidad del bono estadounidense a diez años avanzaba hasta niveles próximos al 4,7%.
El petróleo caro eleva los costes empresariales, reduce la renta disponible de los hogares y complica cualquier expectativa de relajación monetaria. La consecuencia es clara: acciones y bonos sufren simultáneamente, una combinación especialmente dañina para las carteras diversificadas.
Tesla paga sus promesas
Tesla llegó a desplomarse cerca de un 14%, después de comunicar un beneficio inferior a lo esperado, márgenes más estrechos en su negocio automovilístico y flujo de caja libre negativo.
El castigo revela un cambio de actitud. Durante años, los inversores aceptaron elevadas valoraciones apoyadas en expectativas de crecimiento, conducción autónoma y nuevos negocios. Ahora exigen que esas inversiones se traduzcan en generación efectiva de caja.
La paciencia del mercado con las grandes promesas tecnológicas se está agotando. Tesla continúa destinando importantes recursos a inteligencia artificial, robotaxis y automatización, pero la combinación de mayores gastos y menor rentabilidad aumenta el riesgo de ejecución.
Alphabet alarma por su gasto
Alphabet también registró fuertes descensos, de entre el 6% y el 7%, pese a presentar unas cuentas operativas resistentes. La preocupación se concentró en su factura inversora: la compañía elevó su previsión anual de gasto de capital hasta una horquilla de 195.000 a 205.000 millones de dólares.
La cifra refleja la dimensión de la carrera por construir centros de datos, adquirir chips avanzados y ampliar la capacidad energética necesaria para entrenar modelos de inteligencia artificial.
Sin embargo, el contraste resulta incómodo. Los desembolsos aumentan de forma inmediata, mientras los ingresos extraordinarios asociados a la IA tardan más en aparecer. El mercado empieza a preguntarse cuánto capital será necesario antes de obtener retornos proporcionales.
La inflación vuelve al primer plano
Un Brent por encima de los 100 dólares amenaza con trasladarse a combustibles, transporte, fertilizantes y bienes industriales. En Estados Unidos, el precio medio de la gasolina ya rondaba los 4,09 dólares por galón, según datos recogidos durante la sesión.
Este hecho reduce el margen de actuación de la Reserva Federal. Si la energía reactiva la inflación, cualquier rebaja de tipos podría aplazarse; incluso ha reaparecido entre los inversores la posibilidad de una política monetaria más restrictiva.
El efecto dominó alcanzaría también a Europa. Un petróleo persistentemente caro deterioraría la balanza comercial, presionaría los costes industriales y dificultaría la recuperación de economías especialmente dependientes de las importaciones energéticas.
El riesgo ya no es solo tecnológico
La caída de Wall Street no responde a una única decepción empresarial. Es el resultado de tres fuerzas que se refuerzan: petróleo caro, tipos elevados y dudas sobre la rentabilidad de la inteligencia artificial.
Una desescalada rápida en el mar Rojo podría retirar parte de la prima energética y favorecer un rebote bursátil. Pero mientras las rutas marítimas permanezcan amenazadas, los inversores exigirán más rentabilidad para asumir riesgo.
El mercado estadounidense entra así en una fase más exigente. Las grandes tecnológicas deberán demostrar que su inversión genera caja, mientras los bancos centrales vigilan una inflación que vuelve a recibir combustible desde Oriente Próximo. La corrección del Dow es relevante. La verdadera advertencia está en las causas que la han provocado.