Trump sopesa atacar Malí y compartir cielo con Rusia
Estados Unidos estudia abrir un nuevo frente militar en Malí, donde tropas rusas combaten sobre el terreno junto al Ejército de la junta.
El objetivo sería JNIM, la organización vinculada a Al Qaeda que ha ganado territorio y capacidad ofensiva en todo el Sahel.
De aprobarse la operación, Malí sería el octavo país atacado por Donald Trump desde enero de 2025.
Pero existe una precisión fundamental: Washington todavía no ha ordenado el ataque. Está evaluando opciones mientras calcula el riesgo de cruzarse con Moscú en el mismo espacio aéreo.
🚨 ALERTA: EEUU prepara el ataque al país número OCHO.m, según el Washington Post
— Jose Vizner (@Josevizner) July 23, 2026
🇲🇱 Objetivo: Malí. Filial de Al Qaeda (JNIM), el grupo yihadista mejor armado de África.
🇷🇺 Problema: hay tropas RUSAS sobre el terreno. Washington y Moscú compartiendo cielo.
💀 El dato que… pic.twitter.com/T13wdDz2HK
No hay una orden de ataque
La información publicada por The Washington Post sostiene que la Administración Trump está valorando acciones militares, no que haya aprobado ya una campaña. Altos cargos estadounidenses mantienen posiciones enfrentadas y el Pentágono ha evitado comentar los planes.
Uno de los principales defensores del uso de la fuerza es Sebastian Gorka, director sénior de contraterrorismo del Consejo de Seguridad Nacional. La Casa Blanca tampoco ha confirmado la decisión y se ha limitado a reclamar que los países africanos y los aliados de la OTAN apoyen a Malí, Burkina Faso y Níger contra JNIM y Estado Islámico. Presentar el ataque como inminente va, por ahora, más lejos que los hechos conocidos.
El octavo país
Una autorización añadiría Malí a una lista formada por Yemen, Somalia, Siria, Irán, Irak, Nigeria y Venezuela. Sería, por tanto, el octavo país donde Trump habría ordenado ataques durante su segundo mandato.
El contraste político resulta evidente. El presidente estadounidense regresó a la Casa Blanca prometiendo reducir las denominadas guerras eternas y concentrar los recursos en los problemas internos. Sin embargo, su política exterior ha ampliado progresivamente el uso de acciones aéreas, operaciones especiales y campañas antiterroristas. Malí convertiría una estrategia supuestamente selectiva en una presencia militar casi permanente sobre varios continentes.
Rusia en el mismo cielo
La dificultad no reside únicamente en localizar y atacar a JNIM. Malí alberga efectivos del Africa Corps, la estructura vinculada al Ministerio de Defensa ruso que sustituyó a Wagner como principal apoyo extranjero de la junta.
Un avión estadounidense podría operar sobre zonas donde también vuelan aeronaves malienses y rusas. Washington necesitaría establecer mecanismos de desconflicción similares a los utilizados durante la guerra de Siria para evitar errores de identificación o incidentes directos. El riesgo extremo no es sólo bombardear al objetivo equivocado, sino provocar un choque entre las dos mayores potencias nucleares por una operación antiterrorista en el Sahel.
El enemigo más fuerte del Sahel
JNIM se ha convertido en el grupo yihadista mejor armado de África occidental. En abril participó en una ofensiva coordinada que alcanzó Bamako, Kati, Gao y Kidal, golpeó bases militares y acabó con la vida del ministro de Defensa, Sadio Camara.
La organización también ha utilizado bloqueos de combustible, emboscadas y ataques contra convoyes para erosionar al Estado. En julio, JNIM y los separatistas tuareg volvieron a actuar conjuntamente contra una columna formada por militares malienses y miembros del Africa Corps. La insurgencia ya no se limita a atacar aldeas remotas: está disputando rutas, ciudades y centros de poder.
El dato incómodo
El argumento antiterrorista convive con un balance devastador para los socios de Washington. Según datos de ACLED difundidos por Reuters, el Ejército maliense y las fuerzas rusas mataron a 918 civiles durante 2025, frente a los 232 atribuidos a JNIM y Estado Islámico en el Sahel.
The Washington Post eleva ligeramente la primera cifra hasta 925 fallecidos. La diferencia metodológica no cambia la conclusión: las fuerzas gubernamentales y sus aliados causaron alrededor de cuatro veces más muertes civiles que los grupos yihadistas contabilizados. Apoyar militarmente a Bamako puede debilitar a Al Qaeda, pero también asociar a Estados Unidos con una campaña marcada por graves abusos.
Sanciones a cambio de sobrevuelos
Estados Unidos retiró el 27 de febrero de 2026 las sanciones impuestas a Camara y a otros dos altos mandos malienses por facilitar la expansión de Wagner. Según funcionarios citados por el diario estadounidense, la decisión buscaba recuperar cooperación y obtener derechos de sobrevuelo para vigilar el territorio y localizar a un misionero norteamericano secuestrado.
Camara murió menos de dos meses después, el 25 de abril, durante el ataque de JNIM. El episodio revela el pragmatismo de Washington: sancionó a la junta por su relación con Rusia y después levantó las restricciones para acceder a su espacio aéreo. La seguridad terminó imponiéndose a las objeciones democráticas y humanitarias.
La lección que dejó Francia
Francia intervino en Malí en 2013 y mantuvo durante casi una década una amplia campaña militar. Eliminó dirigentes yihadistas, pero no impidió que la insurgencia se extendiera. Después llegaron Wagner y Africa Corps; la violencia tampoco remitió.
Un bombardeo estadounidense podría destruir mandos, vehículos o almacenes. Lo más difícil será sustituir la ausencia de instituciones, controlar el territorio y evitar que las víctimas civiles alimenten nuevas incorporaciones a JNIM. El poder aéreo puede degradar una organización, pero no reconstruye un Estado. Malí amenaza con convertirse en otro frente rápido de abrir y extraordinariamente difícil de cerrar.